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Y DIGO YO

¿Volvemos a la lucha de clases?

martes 19 de mayo de 2020, 20:17h

Pensaba yo, eso había leído, que la izquierda, ante el fracaso del modelo propuesto todo a lo largo del pasado siglo XX, había decidido cambiar sus líneas ideológicas de actuación abandonando de esta forma la famosa “lucha de clases”. Insistían los diferentes documentos en que la filosofía central se basaba ahora en un apoyo desmedido a todo lo referido al cambio climático, dando a entender que solo a ellos preocupa el aire que respiramos todos, así como los movimientos LGTBI, insinuando del mismo modo que cualquier apoyo al colectivo es cosa únicamente del pensamiento progresista.

Creía también, veo que erróneamente, que el pensamiento de izquierdas no podía criticar por coherencia un modo de vida “acomodado”, con todo lo que eso implica de viviendas de lujo en zonas de ricos, educación y sanidad privada y trabajos bien remunerados por la empresa privada y/o puestos de responsabilidad en la Administración, ya que se había alcanzado y adoptado este “estatus” en gran parte de la clase política que representa a esta línea ideológica.

Y digo esto, lo de mi error, porque la izquierda lo sigue haciendo. La lucha de clases sigue vigente y el enfrentamiento de la sociedad entre ricos y pobres como arma política sigue dando réditos a los que la promueven. Al menos, eso deben pensar porque los ejemplos se multiplican. Como muestra, cualquiera de las declaraciones que los representantes de izquierdas de este país está realizando contra las caceroladas en determinados barrios de Madrid.

Interesa más si las perlas son buenas, si el abrigo es de marca cara, si golpean señales con palos de golf, si van engominados y si es en un barrio de ricos, que si se están defendiendo derechos como la libertad de circulación, de expresión y de manifestación. Lo curioso es que estas críticas vienen de personas que presumen de ser de izquierdas que viven en esos mismos barrios, que juegan al golf, que también llevan sus joyas y que, por supuesto, coquetean con su imagen.

Siempre que en alguna tertulia de amigos se comenta eso de “mira el comunista viviendo en un chalet de más de 100 millones de pesetas con unas condiciones super ventajosas para la hipoteca, con chófer y guardaespaldas y con unos salarios envidiables” alguien añade: “a todo el mundo le gusta lo bueno”.

Es la hipocresía del “rico” de izquierdas que para sacar un beneficio político azuza “a los pobres” contra “otros ricos” que son de derechas o eso cree. Vemos a Echenique criticar las caceroladas en la calle Núñez de Balboa de Madrid, pero no dice nada de las personas con banderas de España, que también critican la mala gestión de la pandemia y todo lo que está haciendo el Gobierno a su amparo, en Fuenlabrada o Alcorcón, al sur de Madrid. ¿Juzgamos por el barrio o por la protesta?

Llama también la atención cómo han reaccionado las cabezas pensantes de la izquierda en las redes sociales para hacer frente a estas caceroladas en los “barrios ricos”. En un chat de whatsapp vecinal resultó especialmente curioso comprobar que ante un comentario favorable a la libertad y a España, rápidamente contestó otro vecino con un texto bastante extenso “reenviado” que en el segundo párrafo, no había que esperar mucho, ya hablaba de Franco y del genocidio que cometió. Pero es que en el siguiente hacía mención a la “memoria”, se entiende que histórica, si hace referencia al dictador.

Dice, también, que “las personas que ayer se manifestaron (saltándose la distancia física) en el Barrio de Salamanca en Madrid reclamando libertad ... son las que jamás se han manifestado para defender la libertad de los demás”. La intención de enfrentar a las personas de este barrio con las de otros es evidente porque quiero entender que cuando reclaman libertad es para todos, no solamente para los que juegan al golf.

Todo lo demás es un repaso a los clichés de siempre contra los que critican a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de una mala gestión, es decir, el básico argumentario de ‘primero de progre de izquierdas’: el matrimonio homosexual, la inmigración (que ahora hay que decir “migrantes”), el machismo, los que “siempre han tenido el poder de mandar”, sanidad pública, educación pública, justicia social...

Y lo más gracioso, o triste, según se mire: “A mí me da vergüenza ver la bandera del país en el que vivo en manos de estas personas que siempre se apropian de la idea de España. España es otra cosa”. Se me ocurren dos cosas. En este país, desde hace años, solo se puede llevar una camiseta de España cuando juega la selección de fútbol. Cualquier otro símbolo español en la ropa en otro momento es de facha. No se trata de ahora ni del Barrio de Salamanca. Pasa siempre.

Para terminar, ¿qué quiere decir eso de que "España es otra cosa"? ¿Qué es España? ¿A quién se lo preguntamos, a los presidentes Pedro Sánchez y Pablo Iglesias? ¿Y qué cree usted, persona culta, íntegra y de izquierdas que nos van a decir los que han pactado con los que se quieren separar de España?

Javier Cámara

Redactor Jefe de El Imparcial

JAVIER CÁMARA es periodista

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