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TRIBUNA

La libre circulación en Wonderland

Juan Carlos Barros
martes 19 de mayo de 2020, 21:00h

Erase una vez no hace mucho tiempo, hasta parece que fue ayer, que en un continente que tenía nombre de mujer había una organización internacional fenomenal que se regía como un mercado y donde se podía ir de acá para allá libremente a comprar y vender.

En aquella organización tan especial consideraban que su invento, aunque circunstancial, podía evolucionar y adaptarse a cualquier situación y durar, para lo cual no tenían mas que hacer que darle a la manivela y adoptar normas a tutiplén, fuera cual fuera el chaparrón que cayera de la atmósfera.

Cegados como estaban por su estrecho normativismo de catecismo, creyeron en esa reseñable organización que era intrínseco al entablado que habían montado sacar normas sin parar para completar ese mecanismo tan elemental y efectivo que tiene el mercado para funcionar y que podían entonces sin límite para adelante tirar con aquello así organizado.

Ciertamente era una maravilla, era Wonderland, ver desarrollarse la parafernalia normativa, la complicación institucional y el chorro de dinero proveniente de uno u otro fondo estructural. Hay que ser capullo para creerse que todo eso luego no lo hubiera que pagar. Semejante despliegue estaba única y exclusivamente volcado sobre un núcleo esencial mercantil elemental, cuyo clave tiene de todo menos complicación pues solo requiere un cosa: libertad para circular las personas, las cosas, los servicios y el capital.

Hace unos días ha sido el día de Europa, que celebra la Declaración Schumann que públicamente Francia transmitió a Alemania Occidental hace setenta años y que luego incorporó el preámbulo de un tratado internacional para formar una comunidad del carbón y del acero de cincuenta años de duración con el objetivo irreal de evitar una nueva guerra convencional, relanzar la economía ¿sin crisis, quizás? y que los demás estados europeos se les unieran en esa comunidad.

Para alcanzar tales objetivos a partir de las dispares condiciones en que se encontraban las producciones de los países adherentes debía aplicarse con carácter transitorio un plan de producción, la estabilidad de precios y un fondo de reconversión; pero desde el primer momento se liberó la circulación del acero y del carbón, que era lo básico en la organización. Después, espontáneamente, teorizaba la Declaración, se irían estableciendo, maravillosamente ellas solas, las condiciones para que hubiera una productividad más elevada y mayor racionalidad en la producción.

Con la epidemia del covid-19, dicen ahora en la Unión Europea que ya, de repente, son otros tiempos y que para continuar con la organización debe cundir el ejemplo de la iniciativa inicial de su formación, de ese espíritu de innovación, pero con una nueva visión acorde para tan grande desafío con éxito afrontar.

Sin embargo, si ahora volvemos la vista atrás aunque fuera solo para coger impulso y progresar, podemos no caer en la cuenta que lo que hacemos sencillamente es mirar en un espejo y ver no el mundo del derecho sino del revés, o sea que nos metemos en Wonderland, y como resultado de lo cual queda reflejado lo excepcional como normal y lo normal como excepcional.

Humpty Dumpty era un personaje clásico en Wonderland, un huevo antropomorfo soberbio, imprudente y charlatán que estaba subido encima de una tapia haciendo equilibrios, expuesto en cualquier momento a caer y quedar hecho puré, lo cual a él le daba igual pues todo le venía bien.

Un día Alicia, que circulaba a su aire por aquella maravilla de lugar, se encontró con él y se pusieron a charlar. El pedante huevo hablaba de gloria allí subido y gesticulaba sin parar en su frágil pedestal y ella no entendía nada de lo que él decía con su rimbombante lenguaje oficial.

Una palabra significa lo que yo quiero cuando la voy a usar, dijo Humpty Dumpty yéndose completamente de lado a riesgo de caer sobre el empedrado.

Alicia al verle ya casi en el suelo estampado y hecho una tortilla le respondió a su vez:Como dice el viejo cantar, eso será si la caballería del rey, antes de que te la pegues, te viene a socorrer

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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