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TRIBUNA

“Chapapote”, génesis de obra monumental

miércoles 20 de mayo de 2020, 20:22h

Comenté en anteriores artículos el valor de un premio o galardón, luego el de una figura escultórica con el homenaje del Covid-19 y ahora quisiera esbozar la obra monumental; cómo se genera y se plasma en el proyecto “Chapapote”, que hace memoria a la tragedia del Prestige en lo que será pronto el 20 aniversario.

Cuando niño, en la playa de un pueblecito del norte, en bajamar, andábamos con cierto cuidado de no pisar, además del bicho, el galipot, unos minúsculos nódulos negros y viscosos que se pegaban a la planta del pie y era difícil quitarlos con ayuda de un palito y sentados como el niño de la espina sobre una roca.

Aquellos nódulos eran semejantes a los que recogían los Olmecas, arrastrados igualmente por el mar a sus playas, en ocasiones del tamaño de gruesas mantas, olorosas y muy apreciadas, y que podían utilizar en el recubrimiento de madera de sus piraguas, habitaciones, sahumerios o pinturas para delimitar contornos, entre otras muchas aplicaciones.

Eso que llamaremos Chapapote y que en realidad proviene del Nahuatl, Chapopotli, es de origen mineral con una estructura compleja de carbón e hidrógeno, que se produce en el interior de la tierra por refinamiento de depósitos de petróleo. Y era tan importante en las culturas mesoamericanas que. junto al Olli, el hule del árbol tropical, llegaban en estado sólido o semisólido negro absoluto a Tenochtitlán, capital del Imperio mexica, ya sea en bolas, discos o figuritas Ulteteo.

Y tan semejantes las propiedades y características de ambas que los conquistadores no dudaron en englobarlas en los mismos términos: pez, brea, betún, goma y bitumen.

Tampoco los propios Olmecas dudaron en mezclarlos y combinarlos y puede que esas pinturas de bola negras con un aúrea o circulo blanco hagan mención a la transformación del hule desde el blanco de la sabia al negro con que pintan el rostro y los ropajes del dios TLÁLOC. Lo cierto es que ambos materiales formaban parte del proceso de creación y simbolismo de su universo.

Vemos así cómo en la cabeza del autor de un monumento se van transformando esos minúsculos recuerdos en herramientas de modelado y cómo ahora imagino desatar esas bondades en alquitrán y marea negra, en un ser apresado en sí mismo y apresando sin piedad a los seres marinos con los que cohabitaba y a quienes ahora osen habitar sus playas.

Man-fred Gnádinger (1936-2002) era un escultor de origen alemán que soñó crear en aquellas playa de Muxía con la única anécdota de limpiar de vez en cuando las pequeñas escamas negras de Chopopotli de sus pies, pero que fue tragado junto a su obra por El Prestige, muriendo de pena, de veras, a las pocas semanas.

Quiero que el proyecto de este gigante negro y maniatado sea un homenaje a él y al de tantos gallegos y venidos de todas partes que, esta vez sí, lucharon contra algo que les manchaba de chapapote las manos.

VÍCTOR OCHOA
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