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DESDE ULTRAMAR

"Virus chino": expresión racista

jueves 21 de mayo de 2020, 20:19h

A España le ha costado un siglo entero sacudirse la mal creada mala fama de país insalubre. Tal situación provino de habérsele endilgado a la mala, sin llevar vela en el entierro, que fue la cuna de la influenza que se produjo hace poco más de una centuria. Y no lo fue. Sí, al perro más flaco le cargan las pulgas y le pasó a España. Sí, no es que estuviera España en jauja sanitaria en 1918, pero de eso a cargarle el muerto, hay un mundo. Plantarle semejante nombre de «influenza española» a tal padecimiento fue irrazonable, tramposo, impreciso y naturalmente, abusivo y arbitrario en grado sumo.

La denominación de «influenza española» conllevaba demeritar a España en su existencia como país. Ha supuesto implicarla en su día y hasta hoy, en algo en que ni tuvo que ver y se le endosó injustamente, siendo más víctima que causante. A la mala, ya le digo.

Y eso que como tantos más, España ha trabajado en construir un sistema sanitario loable –sí, como todos, con sus pros y sus contras– y ha aportado insignes personajes a la ciencia universal en la última centuria, tales como Santiago Ramón y Cajal, Gregorio Marañón, Margarita Salas y tantos más. Viene muy a cuento el comentario en medio de esta pandemia donde unos países van de salida y otros todavía no, pero todos amarrados a la nueva normalidad, porque corre por el mundo la expresión deplorable de «virus chino» para referirse a lo que la OMS ha denominado puntual e indubitablemente como COVID-19. Persistir en decirlo de esa otra forma, como necea Trump y tantos, es inadmisible. Es racista. Y eso es condenable.

Es problema de Trump que no le agrade la OMS, no del resto del mundo; que ya la Unión Europea ha señalado que estamos para unir y no para confrontar en medio de esta contingencia; pero decirlo como lo expreso es como arrojar palabras a la basura, cuando se trata del mandatario yanqui. En todo caso, que su gobierno, que él mismo, obtuso, se refiera al COVID-19 como «virus chino» es una carencia de los más mínimos valores, muestra una pobredumbre cerebral absoluta, es una miserable actitud. Un insulto. Mayúsculo. Y racista, sin duda que también lo es. Reitero lo que he señalado en otras entregas: aún falta ver si de verdad los chinos se han creado este esperpento o se lo arrojaron a su patio, inculpándolos. Siembro la duda y la comparto ante la carencia de pruebas contundentes que releven que la cosa nació en China –sobre todo, que fue creada allí– y peor, para dominar al mundo. Como si el dominio yanqui fuera mejor, dicho sea de paso, por si alguien ha perdido el sueño por ello y porque desde EE.UU. viene esa acusación concreta. No van a pesar más las vociferaciones de Trump.

Pero aunque hubirera nacido en China, la frasecilla de «virus chino» es racista, pues antepone, presupone que es inherente a la condición de ser algo chino, per se. No es solo un simple referente geográfico, se dice con toda la sorna, mala leche, acompañándose del desprecio más absoluto a China, a su gente, sin más. No es una ocurrencia inocente. Antes que verdadera, es segregacionista, es generalizadora e inadmisible. Sí, es un virus mortífero, claro que sí. Como tantos más. Lo que no quita que nombrarlo de esa manera tan racista no supone un alto grado de racismo, pues abona y avala una maledicencia contra un pueblo que ni la requiere ni la merece. Y me adelanto: si el día de mañana resultara que sí, que nació en China, pues ya tiene su nombre: COVID-19. Y al que le pique, que se rasque.

Ha sido inaceptable ver el trato a ciudadanos chinos aun en la civilizada Europa, agredidos por serlo, cargados sus agresores de un visceral y descerebrado odio a ellos, infundado y totalmente alimentado por tan equivocada expresión y solo por ser chinos. Es reprobable y todo por seguir y repetir como tarabillas, lo de «virus chino ». Por eso también denuncio que así lo llamen al bicharraco.

Y en efecto, traigo a colación la experiencia mexicana en eso de ponerle motes a las enfermedades, en el camino a santiguarse al hacerlo y a presentarse como superiores quienes las tildan; usados eso nombres a falta de mejores propuestas, porque como se lo he expresado también: México ya vivió un confinamiento y una crisis sanitaria en 2009, que nos ha recordado muchas cosas viendo la experiencia española reciente, como que nosotros ya habíamos mirado esta película que, en efecto, no tuvo el guión macabro que se han padecido al otro lado del Atlántico. También es verdad.

No es óbice lo anterior, para expresar que cuando surgió la influenza de 2009, no faltó quien se apresuró a llamarla “influenza mexicana” en la peregrina idea de que surgió en México. El gobierno mexicano se movilizó para impedirlo y se apresuró a comparecer en la OMS para señalar la inconveniencia del término y el malestar que causaba a México, ya no digamos la indeleble afectación que causaría. Y en efecto, no le quepa a usted la menor duda: planteábamos los inconvenientes que ello supuso a España cuando se tildó de “española” a la gripe de un siglo atrás. Y México sí consiguió en su empeño, evitar semejante encasillamiento y desatino

La OMS optó por un nombre sustituto, desde luego que poco afortunado, pero al menos quitó el aberrante apelativo de “mexicana” para ese mal, que para mí basta y sobra: la denominó ‘influenza humana’, al famoso H1N1, también así conocido. Y de ahí pa’l real.

En los tiempos que corren, considero deplorable el empleo de la expresión «virus chino». Es injusto e insultante. Lo es. No hace falta y ni usarlo revive muertos, si es lo que se busca paliando traumas al proferir ese nombrecillo en momentos de desesperación, angustia y abatimiento comprensibles, ni justifican su uso. Sí, cuando se pasa por periodos aciagos, no hace falta ser experto en COVID-19 o cargar el vademécum del bicho ni ser la Enciclopedia Británica. Solo basta ser sensato y denominarlo como ya la autoridad sanitaria mundial lo ha precisado con toda claridad. Después de todo, el fondo es forma y viceversa.

Post scríptum: el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II el pasado 18 de mayo, ha transcurrido algo apagado. Es complicado saber a ciencia cierta si ello obedeció al confinamiento universal o si, por el contrario, corresponde así por el desprestigio de un acusado encubrimiento o al menos, una inacción decidida contra pederastas y demás lacras en el seno de la Iglesia ya durante su pontificado. Hablamos de traidores a su ministerio. Poco lucidor este centenario de quien por poco y nace austrohúngaro y no polaco; y que con mano firme llevó a la Iglesia al tercer milenio.

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