Hasta la propaganda del Gobierno se deteriora. Culpar al PP de la astracanada del Gobierno con Bildu resulta más torpe aún que el lema de “España nos roba” que ideó Jordi Pujol en su día. Hay que tener desfachatez para endosar a Pablo Casado la responsabilidad del amago de acuerdo de Adriana Lastra con las huestes de Otegui.
Se desconoce la autoría de la ocurrencia. Hay quien cree que fue la propia portavoz del PSOE en el Congreso quien después de una noche de pesadilla leyó el editorial de “El País” que, aun criticando el error del Gobierno, no pudo evitar acordarse del PP. Así decía el periódico más gubernamental que nunca:” a pesar de la extraordinaria gravedad de la situación, el principal partido de la oposición está actuando como aprendiz de brujo y empujando a las calles un malestar y unas emociones contra el Gobierno que debería reconducir a la razón y las instituciones”.
En este párrafo está la esencia del problema de España: el PP es el culpable de todos los errores del Gobierno por no reconducirlo a la razón. El PP es el culpable de que Pedro Sánchez desplegara a todos sus ministros por los escaños del Hemiciclo en busca de los 5 votos de Bildu para prorrogar por quinta vez el estado de alarma. Porque el PP no tiene derecho a hacer oposición. Está obligado a apoyar al Gobierno, incluso cuando lleva a España a despeñarse.
La tesis de “El País” también la hizo propia el astuto estadista Rafael Simancas, al que birlaron la presidencia de la Comunidad de Madrid mientras se iba a tomar un café. Y, como no podía ser menos, la acelerada portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, también se acordó de Pablo Casado en su aturullada rueda de Prensa tras el Consejo de Ministros.
Al final, el relato oficial se ciñe a estos hechos. El Gobierno, en su afán por salvar vidas, se vio empujado por el PP a pactar con los herederos de Eta la derogación de la reforma laboral de Rajoy, la que creó más de dos millones y medio de empleos y sacó a España del atolladero económico heredado de Zapatero.
Pedro Sánchez, más tranquilo después de aprobar la prórroga del estado de alarma, llamó al indignado presidente de la CEOE para congraciarse con él y para animarle a que vuelva dócilmente a la mesa del diálogo social. Si Antonio Garamendi no lo hiciera, Pablo Casado sería el culpable.