Pedro Sánchez ha repetido una y mil veces que la salud es lo primero, que hay que salvar vidas. Sin duda, tiene razón. Pero también es imprescindible que el Gobierno ponga manos a la obra en la reactivación económica so pena de que la tasa de paro se dispare y el cierre de empresas se multiplique más de lo previsto.
Aunque no quiera reconocerlo, las tesis de Nadia Calviño tienen cada día más peso en el Consejo de Ministros. Frenó la desquiciada derogación de la reforma laboral que pretendía Bildu. Y, ahora, el Gobierno parece estar acelerando la desescalada. Como anunció Pedro Sánchez el viernes, en julio España abre sus puertas al turismo internacional y Salvador Illa ha admitido este domingo que muchas comunidades autónomas saldrán antes de lo previsto de la rigidez del estado de alarma “si su situación epidemiológica lo permite”.
La aceleración de la desescalada obedece, sin duda, a la presión de los empresarios y los presidentes autonómicos, como Nuñez Feijóo que este domingo pidió que Galicia pudiera salir del estado de alarma en junio. Pero también influye la cada vez más evidente dificultad del Gobierno para sacar adelante en el Congreso las prórrogas del estado de alarma. Después del escándalo de su acuerdo con Bildu para derogar la reforma laboral, el Ejecutivo se ha quedado sin apoyos seguros para intentarlo de nuevo.
Nada es seguro con este Gobierno que vive inmerso en la confusión y que rectifica una de cada dos decisiones. Pero resulta evidente, que, con todas las prevenciones necesarias, España debe volver cuanto antes a la normalidad para evitar que tras la tragedia sanitaria llegue una catástrofe económica mayor de la prevista.