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EN LA FRONTERA

Un Papa que algunos quisieron archivar

sábado 30 de mayo de 2020, 20:24h

Este viernes hemos celebrado la festividad de San Pablo VI. Un hombre, Montini, que tras su elección el 21 de junio de 1963, tomó el nombre de Pablo para indicar su misión renovadora en todo el mundo de la difusión del mensaje de Cristo. Reabrió el Concilio Vaticano II, dándole prioridad y dirección y después de que el Concilio hubiera finalizado su labor. Se hizo cargo de la interpretación y aplicación de sus mandatos, a menudo caminando por una delgada línea entre las expectativas contrapuestas de los distintos grupos dentro de la Iglesia católica. La magnitud y la profundidad de las reformas afectaron a todas las áreas de la Iglesia, superando durante su pontificado las políticas similares de reforma de sus predecesores y sucesores.

San Pablo VI fue un hombre que vivió momentos muy difíciles y complicados durante su Pontificado. En España, el régimen franquista no acogió precisamente bien su elección, pero gracias a la labor del entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, hubo cierta tranquilidad en las relaciones, durante los primeros años del pontificado, que prácticamente se quebraron después, ya en los últimos años de la dictadura, siendo Presidentes del Gobierno Carrero Blanco y Arias Navarro. El entonces obispo de Bilbao, Añoveros, publicó en 1974 una homilía “ El cristianismo, mensaje de salvación para los pueblos” que fue leída en la mayoría de las iglesias de la diócesis, y en la que se decía literalmente : "El pueblo vasco, lo mismo que los demás pueblos del Estado español, tiene el derecho de conservar su propia identidad, cultivando y desarrollando su patrimonio espiritual sin perjuicio de un saludable intercambio con los pueblos circunvecinos, dentro de una organización sociopolítica que reconozca su justa libertad ... El Estado ha de estar al servicio de las personas y de los pueblos y ha de respetar sinceramente el pluralismo social y cultural.”

La homilía hizo que tres días más tarde el jefe superior de policía de Bilbao recibiera la orden de arrestar en su domicilio a Añoveros y que, más tarde, Arias Navarro dispusiera la expulsión de Añoveros del país y que enviara para ello un avión especial a Bilbao. Añoveros manifestó que le tendrían que sacar por la fuerza. El comité ejecutivo del Episcopado, durante los primeros días del mes de marzo, había tomado el acuerdo de aplicar el canon 2.334 del Concordato, que permite excomulgar a los que procedieren contra la autoridad eclesiástica. La crisis se solucionó tras 14 días de práctica ruptura de relaciones entre obispos y Gobierno. Una crisis que hizo sufrir mucho al Papa Santo que era presentado en España como un Pontífice débil.

Pero San Pablo VI tuvo su momento más trágico, en lo personal, por el secuestro y posterior asesinato de su íntimo amigo y Presidente de la Democracia Cristiana italiana, Aldo Moro, durante la primavera de 1978. Montini, según testigos muy cercanos lloró amargamente tras el fracaso de su mediación. La muerte de Moro fue la puntilla vital para San Pablo VI que falleció el 6 de agosto del mismo año.

San Pablo VI publicó varias e importantísimas encíclicas pero fue la controvertida, para algunos, Humane Vitae, la que también le llevó a momentos de sufrimiento. Un documento que reafirma la relación inseparable entre el significado unitivo y el de la procreación del acto conyugal y en el que se declara también la ilicitud de algunos métodos para la regulación de la natalidad, como el aborto, la esterilización y la contra concepción, mientras aprueban los métodos basados en el reconocimiento de la fertilidad.

Hay algunos aspectos del Pontificado de San Pablo VI que ahora, tras su festividad también conviene recordar pues lo apuñalaron dos veces. El 27 de noviembre de 1970, en el Aeropuerto Internacional de Manila , San Pablo VI recibió dos puñaladas por parte del pintor boliviano Benjamín Mendoza y Amor Flores, que sufría de problemas mentales. El sujeto iba disfrazado de sacerdote e intentó asesinar al Pontífice con una daga. También fue el primer Papa en usar un avión y el primero en salir de Italia desde 1809 para visitar los cinco continentes. En 1964 viajó a Jerusalén y se encontró con el Patriarca ortodoxo Atenágoras I, con quien celebró el levantamiento de las excomuniones mutuas, impuestas tras el Gran Cisma entre oriente y occidente de 1054.

Viví, como corresponsal de Radio Nacional de España, los últimos años del Pontificado de San Pablo VI y tuve la fortuna de ser recibido en audiencia, pocos meses antes de su muerte. Allí me encontré con un santo, que algunos quisieron archivar.

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