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Ensayo

VV.AA: Raúl Guerra Garrido 2019

lunes 01 de junio de 2020, 22:12h
VV.AA: Raúl Guerra Garrido 2019

Erein. San Sebastián, 2019, 152 páginas. 15 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

La editorial Erein rinde homenaje a Raúl Guerra Garrido en el 50 aniversario de la publicación de Cacereño. Para tal finalidad, acreditados representantes de la literatura vasca aportan su punto de vista sobre el autor y sobre la aludida obra a través de textos breves, escritos en español y en euskera, lo que demuestra la compatibilidad entre ambas lenguas, un fenómeno no siempre entendido así. Arantxa Urretabizkaia describe con nitidez la evolución que se ha producido en este terreno: Los que escribimos en euskera hace tiempo que dejamos la catacumba, y por primera vez en toda la historia de la literatura vasca, algunos de nuestros libros se traducen a otros idiomas, entre ellos al castellano” (p. 143).

La coralidad que implica este conjunto de trabajos enriquece el resultado final, en tanto en cuanto en la mayoría de las ocasiones las reflexiones abordan aspectos que trascienden el ámbito limitado a la literatura y a Cacereño. En este sentido, alusiones bien documentadas a otros trabajos del autor, como La Carta o Lectura insólita de El Capital, también gozan de espacio, mostrándonos la responsabilidad ética y social que ha distinguido la trayectoria de Guerra Garrido en el mundo de las letras.

En efecto, a modo de ejemplo de la anterior afirmación, Fernando Aramburu destaca su compromiso con las víctimas del terrorismo etarra y las repercusiones personales y profesionales que ello le ocasionó (vacío social, destrucción de la farmacia que regentaba junto a su mujer…). En palabras del autor de Patria: “En vano rastrearemos las novelas de Guerra Garrido en busca de etarras idílicos, introspectivos y folclóricos” (p. 43). Luisa Etxenike refrenda esta idea, calificando su literatura como “insumisa y rebelde frente al terrorismo”.

Con todo ello, la obra que tenemos entre manos supone un documento histórico de incalculable valor ya que nos sitúa en la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. En ese momento, observamos una España de marcadas diferencias en lo que al desarrollo de sus regiones se refiere. Así, el deficiente progreso de Extremadura contrastaba con el dinamismo industrial observado en el País Vasco. Este aspecto de carácter socioeconómico se ve reflejado con nitidez en Cacereño y en las vicisitudes que sufre su protagonista, Pepe Bajo. Éste, como explica Ramón Saizarbitoria, se muestra duro con la sociedad vasca que estigmatiza al de fuera con epítetos despectivos (maqueto, manchurriano, coreano, cacereño…) pero también con los caciques extremeños que le obligaron a abandonar su patria chica.

No obstante, y sin pretender realizar un spoiler a quienes decidan leer el libro original, cabe apuntar que Pepe Bajo evoluciona a lo largo de la obra, como corrobora el viaje realizado a su localidad natal o el uso de ciertos vocablos en euskera tras casarse con Izaskun. Este hecho certifica otro de los rasgos que se fue consolidando en la sociedad vasca de los años sesenta y cuyas repercusiones detectamos en la actualidad: la proliferación de matrimonios mixtos.

En Cacereño, Guerra Garrido describe sin caer en el paternalismo la complicada integración en Euskadi de aquellos que allí acudían buscando oportunidades laborales. En palabras de Anjel Lertxundi: “Eran forasteros, les reprochaban su desconocimiento del euskera incluso quienes lo habían abandonado por completo, eran intrusos, portadores de los estigmas que acostumbran a acompañar a toda emigración” (p. 110). Como se deduce, la recepción por parte de la sociedad de acogida no era precisamente correcta, observándose una división basada en criterios étnicos y lingüísticos que se trasladaba incluso al ámbito laboral. Edurne Portela se detiene en este último aspecto para señalar que el choque étnico rompía cualquier tipo de solidaridad entre la clase trabajadora, fenómeno del que se aprovechaba el patrón.

En definitiva, una obra de necesaria lectura por la pluralidad de aspectos y matices que en ella encontramos. Igualmente sirve para rendir un merecido tributo a Raúl Guerra Garrido quien en Cacereño se mostró como un visionario al abordar temas cuya vigencia permanece intacta, en particular la compleja relación entre inmigración e integración.

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