Desde hace meses, Pedro Sánchez se esfuerza por arrinconar a Pablo Casado, acusándole...
Desde hace meses, Pedro Sánchez se esfuerza por arrinconar a Pablo Casado, acusándole de alinearse ideológicamente con lo que él llama la extrema derecha. Se trata de apestar al Partido Popular y a su líder. Con el mayor cinismo, el presidente del Gobierno les instala en posiciones extremistas cuando quien mantiene alianza con la ultraizquierda comunista y con los separatistas catalanes y vascos es el alfil del PSOE transformado en un César de alpargatas.
Ante la situación crítica que, económica y laboralmente, planeará sobre España en los próximos meses, Pedro Sánchez ha declarado: “No pienso llamar a Pablo Casado”. Las encuestas más solventes muestran a un Partido Popular que alcanza ya al PSOE en número de votos y de escaños. Pero Pedro Sánchez desdeña a Pablo Casado y cree que puede prescindir del líder popular para proseguir con su programa. No le falta razón: le basta con entregarse una vez más de hoz y coz con los separatistas catalanes y vascos, y con la izquierda radical, incluso con los herederos políticos de ETA, relegando al desván de la Historia al PSOE socialdemócrata de Felipe González, reconocido, por cierto, como el gran hombre de Estado del siglo XX.
El Frente Popular de 1936 apestó a Gil-Robles y arrinconó al partido demócrata cristiano, la CEDA, recreando las dos Españas, situación que terminó a garrotazos, como en el cuadro de Goya, con una guerra incivil de tres años y una dictadura de cuarenta.
La deriva hacia las dos Españas empezó con Zapatero. Pedro Sánchez robustece hoy una posición excluyente que entierra la España de la concordia y la conciliación, la España de la Transición, construida tras la muerte de Franco por la Monarquía de todos. Concordia y conciliación son términos olvidados. Pedro Sánchez los ha sustituido por el extremismo izquierdista, la radicalidad, la mentira y el engaño. La opinión pública empieza a darse cuenta de la trapisondería sanchista y tal vez a Pedro Sánchez no le bastará la descarada compra de votos a la que se ha entregado para asegurarse la reelección.