Septiembre Negro
miércoles 20 de agosto de 2008, 22:03h
Los recientes Juegos Olímpicos de Pekín, pese a la férrea dictadura comunista que ostenta el poder en China y su permanente desprecio a los derechos humanos, han vuelto a hacer gala del llamado “espíritu olímpico”. Ha sido palmario el caso de dos deportistas, una rusa u otra georgiana, fundiéndose en un sincero abrazo mientras los ejércitos de sus respectivos países no daban precisamente muestras de cordialidad en Osetia del Sur. Una prueba más de que la política desune lo que el ser humano es capaz de volver a unir en aras a valores tan universales como el entendimiento entre diferentes. Pero no siempre fue así.
Bien es verdad que, en la práctica totalidad de Juegos Olímpicos modernos, ha habido en mayor o menor medida algún tipo de reivindicación, aprovechando el altavoz mundial que tal acontecimiento supone. Pero fue en los Juegos de Munich, en 1972, cuando la ignominia tiñó de luto lo que debía ser una mera celebración deportiva. Septiembre Negro, una organización terrorista palestina, entraba a sangre y fuego en la villa olímpica, secuestrando y asesinando después a nueve atletas israelíes, cuyo único delito era su nacionalidad. Los terroristas adoptaron este nombre en recuerdo a los sucesos acaecidos en Jordania en septiembre de 1970. Tras 1947, muchos palestinos abandonaron Israel, estableciéndose en diversos países limítrofes. Líbano, Egipto, Siria y sobre todo Jordania los acogieron y simpatizaron con su causa. Pero fue en Jordania donde los palestinos constituyeron una suerte de estado dentro de otro estado. Llegaron incluso a imprimir sellos, dirigir el tráfico y pavonearse por sus calles Kalashnikov en mano. La tensión se mascaba, y el rey Hussein era consciente de ello. Máxime, porque desde su territorio, los palestinos preparaban y perpetraban acciones armadas contra Israel, lo que, lógicamente, atraía las represalias a suelo jordano. Todo estalló con una huelga general en septiembre de 1970, duramente reprimida por el gobierno jordano. Las milicias palestinas se enfrentaron con las tropas hachemitas, que dieron buena cuenta de ellos. Parapetados tras mujeres y niños, los palestinos sufrieron un importante número de bajas, y ese recuerdo quedó grabado en el inconsciente colectivo. Hasta el punto de que algunos exaltados de la rama más izquierdista de Al Fatah decidiesen fundar Septiembre Negro.
Cuando se supo el alcance de la matanza perpetrada por los terroristas, la OLP de Yasser Arafat no tardó en justificar tal atrocidad e incluso ponerse de su parte. Algo parecido haría la práctica totalidad del mundo árabe, con la honrosa excepción de Jordania, cuya dinastía reinante fue -y aún hoy es- rara avis de sensatez en una zona dominada por el radicalismo. No contaban, claro, con que el Mossad respondería, dando caza a la mayor parte de aquellos terroristas, y cimentando así su leyenda.
|
Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
|
|