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TRIBUNA

Sevilla Valley 1984

Jorge Casesmeiro Roger
sábado 13 de junio de 2020, 19:54h
Hace cuatro décadas, en plena revolución informática, una empresita sevillana deslumbró en Tokio a los técnicos de Fujitsu y un abulense del 39, acuñador del concepto “telemática”, propuso crear un Silicon Valley en Andalucía. Ignoro si los ingenieros Alfonso Gago Bohórquez y Luis Arroyo Galán cruzaron entonces sus caminos. Pero merece la pena entreverar aquí sus testimonios, ahora que la presidenta de Fujitsu para el orbe iberoamericano, natural de Sevilla, asegura que Andalucía tiene una oportunidad única para convertirse en el Silicon Valley europeo.

En 1984, la empresa nacional de informática española, Secoinsa, encargó a una pequeña tecnológica sevillana viajar a Japón para estudiar la importación de un ordenador Fujitsu especializado en educación. La hispalense, una humilde pero eficaz cooperativa o autogestionaria, se llamaba precisamente Informática Educativa. Y como acababan de desarrollar un adelantadísimo software de aula informatizada (Infesa), partieron hacia Tokio con su encomienda y con su invento bajo el brazo. El Dr. Gago Bohórquez, luego catedrático de Electrónica y una eminencia en la Universidad de Málaga, lo recuerda así en su lúcido opúsculo Las nuevas tecnologías y los valores humanos (2000):

“Nos recibieron dos japoneses un poco escépticos, que nos enseñaron lo que ellos tenían de informática para la educación (…) Cuando vieron la agilidad de nuestro sistema y la imaginación mediterránea con que estaba diseñado, empezaron a marcar teléfonos y nos rodearon más de veinte técnicos, muy atentos y escribiendo todo lo que nuestro intérprete traducía. Os podéis imaginar la emoción que nos invadió al comprobar cómo unos cuantos locos de Sevilla, con una pequeña empresa de apenas dos años y sin financiación ni subvención alguna, estábamos impresionando a los técnicos del gigante de la informática japonesa”.

Finalmente, una marca vinculada a Fujitsu les compró varios sistemas. Y el impresionado fue entonces el director de una sucursal de la Caja de Ahorros, a la que llegó una transferencia de un millón y medio de yenes desde el Bank of Tokio: “No salía de su asombro cuando le aclaramos que no se trataba de un error –escribe Gago–, sino que estábamos vendiendo tecnología punta a Japón. Su exclamación fue: ¡Pero si eso es más difícil que vender arroz a los chinos!”.

No exactamente. El programa Infesa superaba con creces la velocidad estándar para la informática de gestión de la época. Y además los japoneses tenían entonces dificultades en los mercados donde su software de aplicación no estaba adaptado a la mentalidad occidental. O así lo apuntaba por aquellos días otro sobresaliente y humanista tecnólogo español, don Luis Arroyo Galán. Quien en su alegre y riguroso ensayo La vida en un chip (1985), escribía sobre el afamado Silicon Valley de San Francisco:

“Todos los países con un cierto nivel de desarrollo darían cualquier cosa por tener un valle tecnológico como el de Santa Clara (…) Hace un par de años publiqué un artículo sobre la idea de hacer de Andalucía la Nueva California del Viejo Continente, y aunque traté de hacer ver que mi teoría era viable, a nadie se le ha ocurrido, que yo sepa, ponerla en práctica. Mucho me temo que el centralismo vuelva a jugarnos una mala pasada y alguien decida hacer la experiencia del valle a la española en los aledaños de Madrid o Barcelona”.

Es fabuloso leer hoy este libro de Arroyo, genuino cronista de la telemática, al hilo de la vital meditación de la técnica de Gago Bohórquez. Libros orteguianos, atentos a la magnitud social de las cosas; que nada nuevo hay bajo el sol de las nuevas tecnologías. Sí, en 1984 Steve Jobs presentó el Macintosh, Steven Levy publicó Hackers y Michael Shallis The Silicon Idol. Hoy dicen que el parque tecnológico con más tirón de España se encuentra en Alcobendas. Pero el próximo Silicon Valley europeo de la revolución digital podría estar en la capital de Andalucía. Eso si a los que corresponde intentarlo comprenden por qué no llegó a estarlo durante la revolución informática. Lean para ello las cogitaciones de un abulense del 39 y las aventuras en Tokio de unos locos de Sevilla. Que todo está en el mismo paralelo y solo hay que seguir la estela de San Francisco Javier y los pasos de Salomón redivivo, pionero del Big Data antes que Hernando Colón.



Referencias
Gago Bohórquez, Alfonso: Las nuevas tecnologías y los valores humanos. Con prólogo de Carlos Díaz. Ahimsa Editorial, Valencia 2000, pp. 72-3 (publicado también en Fundación Emmanuel Mounier, Madrid 2000).

Arroyo, Luis: La vida en un chip, Espasa Calpe (colección Espasa Mañana), Madrid 1985, p. 132.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

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