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TRIBUNA

Corrección

domingo 14 de junio de 2020, 19:49h
Para corregir la peligrosa deriva de este mundo, que tacha de racistas a Colón y Churchill, debe corregirse antes ese nefasto vicio de la corrección política. Quien sacó de la Prehistoria a todo un Nuevo Mundo y lo entregó a la Historia, y quien resistió junto a su pueblo las embestidas de la Luftwaffe al mando del mayor racista de todos los tiempos, son mancillados por la ignorante turba del odio y la barbarie.

El cambio climático es a la Tierra lo que la corrección política a la mente humana: una tara. Los sacristanes de esta pseudoreligión imponen un serio correctivo a una de las obras de arte cinematográfico más legendarias: Lo que el viento se llevó. Ambientada en una época en la que la esclavitud era algo cotidiano, la cinta es estigmatizada como racista y será revisada. Inquieta pensar los disparates que esos fanáticos de Hollywood puedan hacer contra otras maravillas del cine. Igual les da por ponerle voz al hermano mudo de los Marx. Mayor alboroto entonces en El Camarote, al que según González, cada día se va pareciendo más este Gobierno de coalición. Con varios Marx en el Consejo de Ministros.

Defendiendo los colores del Barça, Cruyff llamó “indio” al “Chupete” Guerini, delantero argentino que militaba en el Málaga. El azulgrana era hijo de un panadero de Amsterdam y, parafraseando a Rubén Darío, fue un futbolista de mucha miga. “Escritor de mucha miga”, dedicó con algo de burla el poeta nicaragüense a Pío Baroja cuando éste regentaba Viena Capellanes, la panadería-repostería de su tío. El aludido respondió al centroamericano con un dardo envenenado: “Los hay que tras cruzar el charco aún siguen con plumas en la cabeza”. Baroja y Cruyff coincidieron en el calificativo. En cambio, fue muy querido en España el colchonero de tez morena y origen marroquí, Ben Barek, la perla del viejo Metropolitano. El y Carlsson, compañero de equipo, sueco, rubio y bajito, como Almeida, aportaron diversidad al once rojiblanco, igual que la cuota de Podemos en la CNMC, pero ayuna de conocimientos sobre competencia. Aquellos, por el contrario, se hinchaban a competir y golear.

Desgraciadamente, en el fútbol se han prodigado los insultos raciales. Desde aquél “negraco” de Jesús Gil al colombiano del Atleti “Tren” Valencia, hasta el reciente “negro” dirigido contra el león bilbaíno Iñaki Wiliams, pasando por el reiterado “mono” contra el merengue Roberto Carlos, se evidencia que hay cafres en todas las aficiones, ideologías, religiones y sexos. Pero quiebra la civilización cuando el racismo se institucionaliza en regímenes como el nazismo o el apartheid, o se encarna en dirigentes como Arana, ayer, o Torra, hoy. En estos casos, la corrección política no corrige y desembocamos en la dictadura progresista del pensamiento único. Más que corrección política, el mundo necesita corrección ética. Con ella seríamos no sólo más honrados, también más libres. La política sin la moral es la jungla.
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