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TRIBUNA

Pasado, presente y futuro

Juan José Vijuesca
miércoles 17 de junio de 2020, 20:13h

La vida va camino de ser dirigida por quienes gozan de su inmunidad a base de aplicar el no pienso, no deseo, no hago, no sueño, no me muevo; es decir, una corrosiva modalidad. Y luego están los capaces de inventar la rueda y con esos me quedo. De los primeros poco o nada se sabe salvo que alguien descubrió que vienen al mundo por generación espontánea por extraño que parezca. Respecto a los que evolucionaron demostrando que de una rueda se podía fabricar un televisor de plasma, yo me inclino en sentida reverencia. No lo destaco por afición desmesurada a la pequeña pantalla –cada vez más grande, por cierto- lo que sucede es que me da que hay poca neutralidad informativa y paso de ella. Mi ficción me la fabrico yo con mis propios sueños.

Volviendo a la especie humana de la que formo parte por aquello de la semillita y otros misterios del universo, diré que casi todo lo que nos rodea fue inventado por los grandes lobbies, grandes banqueros, grandes fortunas, políticos viciados y terceras personas que son las encargadas de hacer las fotocopias y rellenar formularios para los de arriba, por cierto, esto de “los de arriba” me suena anticuado. Ahora se lleva decir el Nuevo Orden Mundial, NOM para abreviar. Y aquí es donde todos cabemos para el devenir de acontecimientos. Qué somos una especie muy desigual y extraña ya lo sabemos, ahora bien, lo que no resulta agradable es lo poco que servimos para el poco tiempo que aquí estamos y lo mucho que desperdiciamos.

Dentro del NOM somos simples piezas de usar y tirar. No somos biodegradables, por lo tanto contaminamos, estorbamos y por eso no tenemos mayores expectativas una vez superada la fase principal del exprime. Más adelante entraré en detalles cuando me refiera al pasado, al presente y al futuro. Como les decía, poco o nada aportamos salvo pagar a fondo perdido día sí y día también. ¿Qué por qué nos pasamos la vida pagando? Por haber nacido y también por haber muerto. Verán ustedes lo sencilla que es la vida: al nacer firmamos un crédito hipotecario sin fecha de vencimiento, o sea, para siempre. Como atractivo contiene unos periodos de carencia que es lo que se paga después de muerto, es decir, la cláusula que te mantiene unido al buen fin de la vida útil y al más allá. Esto no lo digo yo, es lo contemplado en la letra pequeña que recoge el derecho de pernada que suscribimos con el NOM.

Yo vengo a decir desde el sentido común de los tiempos, aunque ahora esto también carece de mérito, que aun estando intactos en nuestras pertenencias mentales no cabe ignorar que estos actuales modales de comportamiento lo son gracias a quienes nos guían a través de la ruta de la seda, quiero decir que nos han sedado para instaurar la nueva moralidad dedicada a erradicar pasado, instaurar el patrón de la mentira en el presente e ignorar futuro a costa de implantar una indecencia moral e intelectual.

Dicho esto, se levanta el telón dejando ver el pasado. Ahora mismo toca reconvertirlo todo hasta el punto de echar las culpas de lo pretérito a Cristóbal Colón o todo aquél que en figuras de piedra simbolizan el descubrimiento, las gestas o el progreso y que hasta hace solo dos días eran erguidas efigies al pairo de los caprichos intestinales de la palomas bravías o de las gaviotas. Y como para muchos la historia universal les resulta un peñazo ahora les ha dado por la moda del revisionismo, la ideología de profanar lo ajeno, o como implantar la nueva intelectualidad seudoinquisitoria. Me temo que ciertos éxitos así como los derechos adquiridos del pasado comienzan a estar muy mal vistos.

Ahora les hablo del futuro. Uno de esos fenómenos que lleva millones de años y que a día de hoy es el perfecto desconocido. Nadie, salvo Julio Verne y Leonardo da Vinci, ha sido capaz de dar con la tecla para que un futuro sea posible. Han llegado los conquistadores de nuevo cuño y aquí estamos con la incierta y cada vez más tangible realidad del peligro que corren las pensiones en este país a diferencia de las vitalicias ayudas en favor de quienes nunca aportaron ni cotizaron en nuestras arcas. Aclaro que es de justicia ayudar, ser solidarios, generosos e incluso enseñarles a pescar o a colaborar en trabajos comunitarios para conseguir entre todos un mundo más equilibrado en derechos y obligaciones. Ya que se cobra, se aporta.

Y por último quiero referirme al presente. Una vez visto que no hay que forzar al pasado más de lo debido y con un futuro siempre bajo sospecha de que exista o al menos que pueda contener vida inteligente, nos queda el presente como único exponente de nuestra realidad. Todo es tan efímero que si te descuidas se pasa tu turno y la sociedad de lo políticamente incongruente te anula como persona para darle tu mérito a cualquier otro semejante, aunque este ni lo haya comido ni bebido. Es lo que los nuevos colonizadores de voluntades ajenas llaman igualdad. Por eso conviene tener siempre a mano una fe de vida y estar muy atento cuando pasen lista para gritar con todas las fuerzas posibles: ¡Estoy vivo! Más que nada para evitar que nos suceda lo mismo que a Cristóbal Colón. Esto es un sinvivir.

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