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DESDE ULTRAMAR

Solsticio de verano

Marcos Marín Amezcua
jueves 18 de junio de 2020, 20:08h

Siempre hay que celebrar su llegada. Siempre hay que abrazarlo con ímpetu y bienaventuranzas. Que no defraude. Empero, este año al verano se le manda a paseo, todo apunta, y mucho que lo lamento. O quizás todavía haya solución.

Qué verano más raro nos aguarda en el hemisferio boreal. Para el caso mexicano ya va de un solazo y de secas como nos lo habían advertido a inicios de este aciago año. No lo creí, pero se ha cumplido. A estas alturas deberíamos de estar bajo aguaceros y granizadas, con clima templado a caluroso. Solo hay esto último. Este sol me recuerda mucho mi estancia veraniega en Andalucía por estas fechas.

A mí me agrada sobremanera este clima, porque si no, la otra sería tener los huracanes, que nos dejan unas lluvias de miedo en el centro de México, amén de los consabidos desastres en las costas y zonas contiguas; si bien no ignoro la importancia de esas aguas para todo cuanto vive sobre la faz de la tierra. Y encima, el siempre ansiado veranito arriba con vacaciones pospuestas, canceladas, postergadas bajo la incertidumbre de verificarse; y con el regreso a clases sin que sepamos si será presencial o justo como terminó el ciclo pasado: en línea, otra vez. Lo siento por los colegas profesores de las ciencias naturales y exactas, de las bellas artes y las artes liberales. La tienen cruda. Va mi conmiseración.

Aunque me dijeran que ya puedo salir, me guardaría. Postergaré las caminatas ejercitadoras al fragor de la apacible tarde prolongadamente soleada que tanto llama, porque no me fío de nadie. La culpa es del virus, claro. Ansío retornar al cine o acudir a algún museo, pero me abstendré. Soy consciente de que ni sé en qué va la cartelera ni que me esperan magnas exposiciones temporales que disfrutar en los recintos de la capital mexicana, que me atrajesen y pudiera yo describirles reseñando las maravillas observadas en aquellas, al menos una vez en una entrega estival para El Imparcial, como ha sido grata costumbre en años recientes. Y por si faltara están postergados los Juegos Olímpicos. Lo nunca visto. Con lo esperados y gustados que son.

Yo ya me hacía siguiendo palmo a palmo el recorrido de la antorcha proveniente de Olimpia por el archipiélago japonés, leyendo las entusiastas crónicas de mis amigos allá avecindados. Ansiando ver el desfile olímpico, las competencias y a la par, dictando mis conferencias alusivas, canceladas todas ellas. Me queda la oportunidad de ingeniármelas para aprovechar el tiempo libre resultante, de manera que no sean meses perdidos. Las conferencias en línea son la modalidad que anticipa el futuro que ya está entre nosotros, como el trabajo en casa, que merece regularse de mejor manera para que no sea invasivo. No deja de alegrarme ver el comedimiento hasta de los académicos de la lengua, españoles y mexicanos, metidos en el teletrabajo. Enhorabuena por su incansable tarea.

El día a día apenas si nos permite contemplar esa maravilla que es la extensión y alargamiento del arco de luz, que nos recuerda que estación del año transitamos y acaso, nos olvidamos injustamente de las delicias de estas jornadas del aletargador estío, que en otras épocas invitaba a fiestas y al recreo al amparo de los prolongados atardeceres y la benigna temperatura, dibujando arreboles y pintando el rosicler más evanescente y no menos luminoso y colorido. Nos merecemos un poco de solaz esparcimiento luego de estos meses complicados. Retozo, incluido. Porque algo habrá qué hacer, pues el verano ha llegado. Solo podemos echar a volar nuestra imaginación y vencer así a la rutina y el tedio.

Ya que en México estamos reincorporándonos paso a paso en esa nueva normalidad que me escalda, pues no cede el número de contagios, más me molesta oír opositores a este gobierno que, lerdos, dicen que no les avisó. Tendrán cara. Habrán vivido en una caverna para no enterarse y no se quieren enterar. Irresponsables y mentirosos, cual opositores ciegos que son.

Paso de tales. Luego entonces, el estío está al caer en el septentrión, agradándome empalmar su llegada, remarcándola, con la costumbre francesa de celebrar a la música esa misma jornada, aunque su día mundial lo sea el 1 de octubre, –a mitad de la nada– así que me parece más óptimo celebrarla junto con la arribada veraniega, recibiéndola cual se merece y exaltándolas como corresponde. Usted escoja rodearse de las piezas musicales de su preferencia y de sus bebidas favoritas para amenizar el momento, destacándolo. Permítase ser sibarita.

En mi entorno, las noches veraniegas con sus grillos chirriando, el preticor en el ambiente, el golpeteo incesante de noches lluviosas, de haberlas, conforman momentos particulares. Tiempo estivo que mueve a relajarse, a regodearse si se posee un poco más de tiempo libre, que el teletrabajo ha sido desgastante. Ya le digo, es que a mí el solsticio de verano me parece mágico, propio para somorgujar en las profundidades de los placeres, de aquellos que las circunstancias hoy nos permitan, como es natural. La oda al veraneo, que no decaiga. ¿Qué no habrá canción de verano y en contrapartida, sí tanto concierto y festivales en peligro de cancelación o que ya lo fueron? se anticipa una suerte de aguafiestas colectiva, planetaria, sin duda, con tantos fallecidos, tantos enfermados. Penoso. Que panorama tan triste e injusto, que ni el fulgente sol de esta temporada, acalla. Su luz, empero, sí que nos anticipa en sus resplandecientes rayos, que la vida sigue y la Humanidad triunfará.

Visto lo visto, en medio del sopor canicular se nos anticipa que el verano languidecerá más lento que en otras ocasiones, nos grita que es tiempo de liviana frescura matinal y me lleva a reflexionar acerca de qué nos deparará el futuro. Mientras me lo pienso y lo elucubro, me bebo algo sofisticadamente servido y brioso a la salud de todos ustedes. Por la suerte enorme de seguir aquí. De que usted esté leyéndome en ambos hemisferios. La vida es generosa. Nunca lo olvidemos y se va en un santiamén. Así que echemos a volar la imaginación para hacer de este un verano mejor recordado.

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