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LA BÁMBOLA

Álvaro Cunqueiro escapa del infierno madrileño para vivir preso

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
jueves 18 de junio de 2020, 20:10h

La excelencia literaria en España comienza por la Biblioteca Castro (Fundación José Antonio de Castro). Por encima de la Biblioteca Castro no hay nada, tal vez los tomitos negros y brillantes en tapa blanda de Cátedra en Letras Hispánicas, quizás los tomitos azulones en tapa dura como gominolas de la Real Academia Española de la Lengua. La excelencia literatura (nuestra Pléiade) es la Biblioteca Castro con dirección editorial de Santiago Rodríguez Ballester, dirección académica de Darío Villanueva y edición de Cecilia Frías. Tres mosqueteros protegen, alientan y difunden el parnaso, el oro líquido y gramático, la palabra suculenta, la mejor joyería verbal, sin más fuego que el trabajo duro, embridado de entusiasmo, inasequible al desaliento, obreraje eterno.

La mejor antología de todos los artículos de Álvaro Cunqueiro, mago sintáctico, oso gramático, vino blanco frío y centollas del país, nécoras y el cinturón por encima del ombligo, como Camilo José Cela: Al pasar de los años: Artículos periodísticos (1930-1981). Luis María Anson y Francisco Umbral dijeron lo mismo: “La radio da la noticia, la televisión la enseña y el periódico la interpreta”. Ni ofrecer una noticia en crudo (radio) ni soltar imágenes a barullo (televisión) son maneras de comprender lo que pasa; solo el periodismo, el articulismo, con su interpretación, y ese bisturí que abre y cauteriza la herida pueden propiciar pensamiento libre y democracia. El periodismo, el articulismo, sigue y seguirá más vivo que nunca, y bajo el temporal se necesita como el pan, porque es la única forma de levantar cabeza y seguir vivo, sin anestesia ni docilidad.

Cunqueiro escapa de Madrid con cuarenta años, se encierra en una buhardilla mágica en Mondoñedo, sueña bajo la lluvia que está en Irlanda y se pone a escribir tres artículos diarios durante muchos años. Veinte o treinta mil artículos es el corpus, del que cada cierto tiempo salen cosas nuevas, como pasa con el arca de Pessoa. El poeta de la actualidad lo decía así en 1957: “Yo escribo cada día junto a una ventana, que me permite asomarme a un pequeño huerto. Los ruidos de un vecino taller de carpintería me llegan por el mismo aire donde vuela la más varia, cantora y coloreante pajarería. Llevo casi siempre cumplida la mitad de mi labor matutina cuando repican el avemaría de las doce las solemnes campanadas de la catedral de la Asunción, que la tengo por vecina”. Azorín escribía un folio diario, a la siete de la mañana, y así tenía todo el resto del día para matarse a pajas y ver cine, como tanto contó Umbral; Cunqueiro, por el contrario, es un Ortega de pensamiento arborescente, varios artículos y tanto fondo como forma.

Escapa de Madrid, abrillanta su máquina Smith Premier 10 de doble teclado, heredada de su padre, alucinación americana, motivo de portada y de interior, y pronto la dirección la tiene clara: “A mis lectores cuento mi sorpresa o mi preocupación del día, el recuerdo del último viaje, la impresión de la más reciente lectura, y de todo ello quiero deducir y mostrar que la vida es inmensamente rica y que el aburrimiento es una traición. Lo cual no quiere decir que yo practique una literatura de evasión, o que me conforme con el mal y la injusticia, y que no ame la libertad y no busque que la miseria desaparezca”. Hace costumbrismo, sí, pero el mejor, donde no hay adhesión, la diferencia por ejemplo entre La colmena y todo Mesonero Romanos. Las mejores palabras en el mejor orden, pura literatura.

La buhardilla en Mondoñedo, El envés que publica en la prensa gallega, los artículos para media docena de cabeceras nacionales, los artículos para revistas, los críticas sobre poesía, todo es maravilla y esplendor: es el primero, por ejemplo, en España que se entera de lo que hace Pere Gimferrer (Mensaje del Tetrarca), tres años antes de que le den el Premio Nacional (Arde el mar). Su vitola es de viento, prisa y fulgor barroco: “Yo siempre tuve la tendencia de transformar la noticia más urgente en literatura”. Narrativa, poesía, teatro, ensayos, semblanzas, letra pequeña de andar y ver, magia irlandesa o del Camino de Santiago, palabra en varios idiomas extranjeros, todo es lujo y el mejor billete para el viaje más intenso. El jersey gordo de pico, el blanco frío en la frasca, las arrobas del barrigón son alas: “Uno quisiera saber chino, y árabe, y gaélico, y ver en los poemas de todas las lenguas, los sueños de todos los hombres” (1973). Es otro Pla, uno en gallego y otro en catalán, que jamás perdieron el español como oxígeno.

El articulismo cunqueriano es nervio, lo único que vale, la prosa está viva y salpica, la palabra electrocuta, el tocho trenzado en diez secciones es inédito y, mucho más, palpita como insólito. Jamás recogido en libro. Ramillete de textos sin etiqueta (canción, crónica, diario, semblanza, confesión, oda, reseña, oración, diccionario, añoranza, obituario, himno, poema) de aquel que fuerza el lenguaje y no la vida, seguro pero no quieto en Mondoñedo, con el jersey de pico como camisa de fuerza, los bares baratos y tiernos de ambrosía y néctar, la vida veloz y no lenta, tres artículos diarios y lo que sobra para novelas, la prensa como primer susto de la mañana, el artículo como alimento diario, cuánta maravilla por cincuenta euros. “Hay que escribir dos artículos diarios: uno para comer y otro para beber”, decía Cossío, José María, Cunqueiro escribe tres para regalar el mejor.

Diego Medrano

Escritor

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