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TRIBUNA

Arquitecto

jueves 18 de junio de 2020, 20:11h

No parecía que la arquitectura pudiera colmar el montón de inquietudes artísticas que tenía de joven y que me arrastraban fuera de la rutina o disciplina escolar con una inconsciencia elemental que parecía determinación y no lo era, blandiendo como única arma un bolígrafo bic. Lo que se podía hacer con aquél canutillo transparente y su vaina azul ¡era increíble! Dibujar caricaturas, hacer casas, figuras e inventos de toda clase, sombras, animales, desnudos, curas, barcos, armas y asesinatos, guerras, pirámides; y todo a partir de una línea estrecha siempre igual.

Creo que ahí me hice parejo a mi mundo y que buscar en los años posteriores lo equivalente con el grafito o la tinta china no fue sino una reminiscencia romántica sin la contundencia y veracidad que tuvieron aquellos bolis, con el pantalón corto sobre cuadernos cuadriculados.

Así que cuando inicié la carrera, además de seguir chocando con el método al uso, trataba ilusoriamente de imbricar en mi formación una parte de aquellas mismas circunstancias y volcarlo en lo que se llaman proyectos de arquitectura. Pero como el arquitecto-total que se pretendía era algo muy académico, versado en normativas, legislación, cálculo de estructuras, tratados de materiales, periodos y estilos, que nos llevarían, según la docencia universitaria, a dirigir con certeza el diseño de un cenicero o de un gigantesco centro cívico y ajenos al refranero de que “quien mucho abarca poco aprieta”, pues nada de nada. Menos mal que en el último año puded contar como tutor al Arquitecto Saenz de Oiza, que pensaba que la bici era el mejor diseño humano y que las esencias y sensibilidades de la profesión de arquitecto que nos llevan a chocar con los estamentos, promotores u opinión pública son inevitables pero enajenables. Me aprobó el proyecto con un solo plano y un estudio sobre el valor de la Plaza en los hormigueros y termiteros como desahogo de la actividad social incesante, y consiguió que optara, con el título en la mano, por preferir una beca de dibujante en Galápagos, retorciendo mi vida profesional con su palmadita de cuajo, como los genios de antes.

En mis anteriores columnas y bajo el epígrafe de escultor, he volcado los sentimientos, opiniones y dudas para quienes quieran aproximarse a la razón creativa y humana que envuelven al escultor y que van más allá de una mera descripción de la historia, sus materiales, las críticas, etc, tan al uso cuando leemos sobre escultura, pues ya tienen cumplido tratamiento en escuelas o facultades de arte y su encaje en el mundo artístico y las columnas culturales.

Incido en que es precisamente lo que no somos capaces de cuantificar, lo que eleva a esa profesión a ámbitos, permítaseme, divinos, no afectos a la lógica, la física, la matemática o la simple razón. Difícil saber si la arquitectura o la escultura estaban en sus orígenes diferenciadas del simple vivir, subsistir y progresar del ser humano o el grupo, en aquello que llamábamos arquetipos (unidad imaginativa universal). Creo que nó y que es nuestro devenir quien se atrevió a encapsularla por cuestiones prácticas culturales, lo mismo que hizo con razas, animales y plantas. Sin embargo, hoy día, sujetos a cambios radicales en la percepción y las nuevas tecnologías (aunque lastradas, no lo negamos, por las primitivas creencias, carencias, injusticias y angustias de antaño) se vuelven refundir todas las artes y se les da un valor especial precísamente a esos vacíos- fronteras, para servirlas como un plato exquisito de nuestra evolución.

La Ópera, el templo del todo, a la que considero el ancestro de la unidad de las Artes, se esfuerza desesperadamente por competir ahora como espectáculo con el circo o los macro conciertos de rock, para fascinar a gentes de toda edad y condición, antes que asistir a su defunción, haciendo equilibrios imposibles entre intensidad lírica y el taquillaje de Gran hermano.

Contando con ello voy en próximas columnas a tratar a la arquitectura como ciencia y arte que nos cobija y protege en todas nuestras actividades, ya que fue esto lo que me empujó a amarla desde tan joven y cuando ni siquiera sabía lo que significaba. Hablaré de la cabaña o escondrijo y de las 7 maravillas, de lo que significa el sótano y el desván para soñar despiertos, de la vivienda mínima o Espora, o de algunas arquitecturas fantásticas y de autores actuales como Zaha Hadid, Foster, Pei, Gehry, Calatrava,.. y a ser posible siempre como si fuese un cuento del que acordarse y sobre referencias no retratadas en otros ámbitos.

Piraña. Bolígrafo sobre cuaderno escolar.

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