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ESCRITO AL RASO

Torbellino de bichos

David Felipe Arranz
lunes 22 de junio de 2020, 20:02h

Pacto de reconstrucción, tras cien horas, cuarenta días… y quinientas noches de pospandemia, Joaquín, que tardaron en aprender a olvidarla. La enfermedad ha sido santificada por los desencuentros, una vez más. El Congreso, que había creado una comisión especial para la reconstrucción socioeconómica del país el 14 de mayo, ve difícil llegar a un acuerdo, salvo en lo que atañe al refuerzo del sistema público sanitario, donde Casado ha dado su brazo a torcer, caracoleando por los pasillos y sin tomarse en serio lo de la oposición (salvo la suya propia, que le salió de perlas).

Ningún pacto con respecto a economía y asuntos sociales, tales como la renta mínima o la reforma laboral: háganse a la idea de que en este a ratos esperpento se llegó a debatir si la riqueza era o no obscena, como los franciscanos y los emisarios del papa Juan XXII en 1327, según nos contó Umberto Eco; o se escuchó a una diputada de la CUP decirle al cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, “saque los rosarios de nuestros ovarios”, lo que proyectó una imagen buñueliana digna de Belle de jour. Pese a la apariencia de ligereza de nuestros diputados, hay en ellos un prurito de la vulgaridad más elevada que supera toda expectativa. Boquitas pintadas, traje-chaqueta, los martinelli cruzados en el escaño, uñas rojas, su lerele verborreico o no, inverosímilmente responsables de lo que dicen y hacen mientras el pueblo los contempla por la tele asustadísimo. Entre García Lorca y Julio Romero de Torres, pero sin aquel tronío y en versión zoom.

Periodistas y gacetilleros, pasado el impacto mortal del coronavirus, ya hablan de politización de la epidemia. El texto único, fruto de la comisión, se votará en un pleno en julio, después de las elecciones vascas y gallegas… si es que las partes se entienden. Porque ahora están en echar las cuentas sobre en qué región fallecieron más ancianos, dependiendo de qué signo político la presida. La cosa es que si no fuese suficiente con el ministerio de Sanidad y las diecisiete consejerías sanitarias de las autonomías, los expertos y señorías plantean crear una Agencia de Salud Pública. Y si en algo se ponen de acuerdo es en elevar del 6% al 7% del PIB el presupuesto de nuestro sistema sanitario. Pero no todos han cobrado las ayudas prometidas, que se sepa.

Hablando de agencias, llega lo nuevo de la llamada por los propios sujetos implicados en ella Operación Bicho. Se descubre que en mi querida y casticísima “Madrid, Madrid, Madrid” la consejería de Sanidad le encargó la gestión de las residencias de mayores a la empresas Transamed y Cardio Líder, y la respuesta no fue “cardio” ni “líder”, sino hecatómbica, como ya se sabe. Ellos decían no hace mucho tiempo en las tertulias y programas que había algo más importante que echarse las culpas, y era salvar vidas. Y, sin decirlo, estaban montando el gran fiasco: cuatro ambulancias para visitar doscientas residencias en dos semanas, y los centros se quedaron sin apoyo médico hasta el 6 de abril, mientras nuestros mayores enfermos eran rechazados en los hospitales y devueltos a los mataderos en que se habían convertido San Celedonio y las Hermanitas de los Pobres. Todos devotos de la Mala Muerte, al final, porque los relatos que estamos conociendo pertenecen al orden del espeluzne y dejan a Edgar Allan Poe al nivel de la cerillera de Andersen.

Si esta raza de improvisadores, a la espera de que olvidemos a los muertos estrepitosos, nos desasiste en la pandemia y la pospandemia… ¿qué es lo que les podemos pedir a nuestros dirigentes, entonces? Como criaturas sin principios y codiciosas definiríamos a sus señorías. En la política, en la sanidad, en la vida, hay una propensión española a sustituir ética por oportunismo. Es lo que en el Siglo de oro se llamaba picaresca. Y la picaresca es, más que un género literario de gran éxito y predicamento, una glorificación de nuestras miserias en el gobierno de las gentes y la ciudadanía. En los álbumes del tiempo queda retratado el torbellino de malos bichos, esta pena infernal y sin gloria. En definitiva.

Twitter: @dfarranz

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