www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

FRACASA MEJOR

El lector pandémico (VIII)

Miguel Ángel Gómez
lunes 22 de junio de 2020, 20:06h

I) ME HIPNOTIZA JANE KENYON

Esta noche Jane Kenyon se levanta y se acerca a la chimenea. Es como si la viera. En la repisa se halla un manuscrito inédito: habla de una yegua agitándose ante la enfermedad. ¡Mira! ¿Qué le pasa? Kenyon se muestra terriblemente ansiosa por recitar. Es como si se me hubiera aparecido proveniente del más allá. La oscuridad se disipa mientras miro a Jane con ojos insaciables, la veo en su eternidad, en sus poemas extraordinariamente hambrientos y sedientos. ¡Qué existencia bella y sin trabas escuchando a Jane Kenyon! Le tiembla la voz. Veo que una lágrima le rueda por la mejilla.

II) POESÍA

Unos pocos buenos poemas que vivan en una perpetua esperanza. Todo el mundo está ansioso por escribirlos a las 9:30 cuando el despertador suena con estridencia. Nos levantamos inmediatamente para coger desprevenida a la poesía. Junto a ella hemos entrado en contacto con Balzac o Eugene V. Debs. Miro la mano que sostiene el bolígrafo. Mantengo los ojos abiertos, aunque esto vaya a durar hasta la medianoche.

III) EL IMPERIO DEL PERDÓN

En el imperio del perdón tiene importancia tardar un minuto o una hora. Sí y así que veo caras en un trampolín sintiendo deseos de quitarse la corbata ¡No debes hacer eso!, dice el Fabricante de preguntas y respuestas. Los truenos del corazón se ponen manos a la obra. Ella atraviesa las calles, es mi chica, entramos en el restaurante. Su nombre es Estallido de Frenesí. Su capa no es normal ni corriente, nunca ha odiado a nadie. Poseo un don natural para tener mil cosas en la cabeza mientras la Luna brilla en el imperio del perdón. En la frontera todo transcurre a un nivel más profundo. Oh caray mi habitación estaba en la planta baja. Tal vez soñé algo loco de remate. Perros, ¿por qué no mantienen una conversación franca entre ellos? Los hechos claros tranquilizan. Me enseñó vestidos de fantasía y sus manos limpias. Se recogió el pelo con un largo lazo rojo en el imperio del perdón. Me demostró toda la noche. Mañana del día de Año Nuevo juntos. Nos entraron ganas repentinas de un desayuno escuchando el gorjeo de los pájaros. Le lancé una mirada tímida. Bueno, solo una cosa más. ¿Qué? Una canción de Nick Cave. ¡Buenas noches, que tengas sueños agradables! Los bocetos se multiplicaban para desahogar mi angustia. Su lenguaje tierno hizo que me echara a llorar. Me llevó a la cama poniéndose a mi lado. Era un buen augurio en el imperio del perdón.

IV) SHAKESPEARE Y YO MISMO

SHAKESPEARE: Bueno, vamos a ver si tu máquina de escribir está en buen estado, si quieres convertirlo todo en una realidad. Tienes la oportunidad de reponerte.

YO: ¡Bueno, ya lo he hecho! Soy todavía un niño que es mejor que ser un viejo acabado.

SHAKESPEARE: Yo digo que… tú no tienes que pensar en dinero nunca.

YO: Deseo describir el mundo que conozco.

SHAKESPEARE: ¡Muy bien! Lleva en el bolsillo un bloc y un lápiz afilado. Ponlo por la noche bajo la almohada.

YO: Sonrío por primera vez en horas observando las gaviotas.

SHAKESPEARE: Hamlet se atiene rígidamente a su programa, tacha las palabras equivocadas…

YO: No soy un gran tipo como tú.

SHAKESPEARE: Cuando llegues a la oficina el lunes di uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, ¿lo harás?

YO: Comienza a palpitar libre entre mis manos mi corazón humano vivo.

SHAKESPEARE: Hamlet extiende un rumor pensando, sin duda, que mostrarás escepticismo. Hamlet añade con una súbita revelación: ¿Oyes eso? ¿Tú qué piensas? Quisiera saber más.

YO: Me siento muy bien. Saco mi saco de dormir y lo extiendo ante la literatura.

SHAKESPEARE: Las tortitas están listas y humeantes. Córtalas y toma café caliente.

V) EL ÁNGEL

El ángel está muy cansado, estuvo en un estado elevado a sabiendas de que era delicioso estar solo. El veneno iba a decir algo, pero yo lo interrumpí. Sobre la llanura la poesía embriaga y se refiere a todo. ¡Oh, sí, la cosa es así, ciertamente! El cirujano dice “¡Es raro!”. Soy demasiado discreto para hacer comentarios y me alojo en la cabaña. El lamento canta a pleno pulmón tratando de respirar. Oh, arrástrate, mi ángel, hasta mi cabaña sin escalera mecánica. ¿Me sirves otro vaso de vino y lo levanto? Cuando mi corazón se rompe me siento con las piernas cruzadas y estoy solo cuando llega la ambulancia. El país que yo quiero no lo interpreto de una manera prosaica ni vulgar. Abrázame, ángel mío, no puedo seguir soportando aquello. Como un niño que hubiera contestado “Esto. ¡Es esto!”, salgamos del bosque cogidos del brazo y pongámonos a vagar por las calles sin sentimientos de culpabilidad. Juana la Loca piensa que sueño y realidad son intercambiables. Sabia Experiencia da rienda suelta a su lengua sin bobalicón que insista en que exagero. Vámonos, ángel, la serpiente de Cleopatra no desea conocer mejor el idioma inglés, ninguno de su entorno lo emplea en toda su potencia.

VI) DÍAS EN ALTA MAR

Tiré de un hilo que sobresalía de mi chaqueta navegando en el buque en el que respiraba profundamente. Había hecho un gran viaje. Me senté y hundí la cabeza entre las manos. De pronto, Ahab exclamó: “¡Ya he dado con la solución!”. Contesté con un gruñido. Me pregunto cómo va a terminar esto. Días en alta mar, que desaparecerán sin haber hecho nada. Días en alta mar, cantemos otra vez al unísono. Días en alta mar, días en alta mar. ¿Era solo un sueño aquel mundo dejado atrás? ¡Sí!, grito yo. Y además un mal sueño. ¡Quise ser un segundo William Carlos Williams! ¡Un nuevo James Joyce! Saludos dolorosos y cobrar los honorarios normales. Me veo sosteniendo una pequeña bandera y ondeándola por los viejos tiempos. Me hundo, me hundo, me hundo. Me largué de clase con la bandera sin rufián consagrado. Estoy en la flor de la vida, pero sin ti. Para aumentar la confusión sonrío tímidamente mientras leo trozos de mi cuaderno de apuntes. El barco se ladea y me duele la cabeza. Son días en alta mar, que desaparecerán sin darse cuenta de lo que implican mis palabras. Días en alta mar, con las mejillas enrojecidas y el aliento de escarcha. Días en alta mar, días en alta mar. Hoy no es mi día de suerte. En mi pueblecillo, como si me hubieran puesto una inyección, decidí huir tras mirar por la ventana un largo instante. Por un beso y una sonrisa hubiera vivido al lado de un puente bajo. ¡La música viene retumbando hacia mí entre las olas! Ante las inclemencias del tiempo soy trabajador por naturaleza. Los editores no me dan ninguna esperanza, no me prometen una oportunidad. Días en alta mar, para demostrar que lo que digo no son meras palabras. Días en alta mar, días en alta mar.

VII) COMO MONEDAS DE ORO

Me tomo una pastilla y me meto en la cama. Afuera oigo tristes fantasmas con una mueca de conejo y con dientes sucios; oigo mosquitos como diablos, pesadillas cargando combustible, oigo un puñado de buitres en formación de bombardeo, el bramido del viento sin perder apostura. Resuenan como monedas de oro algunas noches. Otras, en cambio, están oxidadas, sin lustre, como sombra, y dejan manchas en los dedos. Silencio. La gente sigue pasando sin mí. Camino hasta la doble puerta del sueño y me quedo frente a ella. Traté de esquivar el amor, pero fue veloz como un gato. Cuando te fuiste me quedé no muy alegre. Un torrente de repente seco. El niño guio la cabeza de un lado a otro buscando las obras más adecuadas a mi temperamento. Escribo en el sueño sin que mis poemas parezcan fatuos troncos de los que se ponen en las estufas eléctricas y arden falsamente, sin fuerza. Abro mi cerebro curado y restablecido martilleando en mi cuarto colosal, con una pastilla. ¿Sabes que un niño puede adivinar cuándo se lava los ojos la dama fortuna y dónde se los seca? Hay musas de paso que se sientan en el frío y húmedo escalón final, se aclaran ligeramente la garganta, y esperan que tus pulsaciones aumenten en unos cientos de unidades.

VIII) LA MOSCA

La mosca fingía interesarse por un libro de la estantería. Creo recordar que era El maestro y la margarita, de Myjaíl Bulgákov. No tiene por qué preocuparte, ¿es que no lo ves?, me dije. Me di aires de importancia y comencé a escribir en papeles absurdos, la mosca suspendida en el aire no me molestaba, cuando se quedaba en el mismo punto indefinidamente no merodeaba en torno a mí. La mosca no era artista, desde luego, tampoco era una fracasada. Una mosca intentando meterme un poco de sentido común en mi cabeza, tratando de hacerme escribir siendo totalmente auténtico en el concierto de la nada. Le abrí el vidrio. La mosca se fue vana, vacilante. La esquivé porque tuve la sensación de que me miraba condescendiente. El tiempo transcurre muy despacio cuando no se está haciendo nada.

IX) CARRETERA DE LA CONFUSIÓN

La puerta mosquitera se cierra y me trago unas inocentes píldoras blancas. Me encuentro como un soldado en la retaguardia. Salgo y voy buscándote porque te quiero solo a ti. Oh coge mi mano. Voy andando por la carretera de la Confusión. Mis pies nunca hallan un punto de entrada. Mientras maquino mis planes la noche me trae recuerdos verídicos. Antes de caer en un sueño profundo voy buscándote. Oh, ya sabes, coge mi mano en la carretera de la Confusión. Tengo buenas intenciones, me desperté tiritando al no tenerte. Llueve, una lluvia ligera y silenciosa. ¿Por qué lloras? Me preguntaste una vez. Limpié la casa cuando estabas fuera. Oye, veo tu imagen en todas partes. Coge mi mano y seamos grandes guerreros en esta polvorienta carretera de la Confusión, andaremos muy seguros. El mundo sigue dormitando. Tengo a Cervantes en mis tripas. El sepulturero ya no me abraza afectuosamente. Ven, cariño. Tu rostro no examinaba otras habitaciones. Naces en esta vida para rogar que no se hunda tu barco. Hagamos una pausa para permitirme desahogar mi pena. Querámonos tiernamente en la carretera de la Confusión. Tomemos un trago como hacíamos antes, vamos al bar subiendo el volumen de la radio para que el pensamiento esté en punto muerto. Descansado o no, nunca dejamos de pensar. Tengo la cabeza con miles de preguntas. Mi temperatura dice ¡Paciencia! Lo sucedido era inevitable. Sin ti todo es angustioso. Viajemos a todas las ciudades por la carretera de la Confusión.

X) EL NIÑO, AL QUE LE GUSTA TAPARSE

El niño, al que le gusta lo que está intocado, inalterado, lo que le gobierna.

El niño, al que le encanta todo lo vano, como remover cenizas.

El niño, al que le gusta no pensárselo dos veces.

El niño, al que le gusta la marea que atonta y entumece.

El niño, al que le encanta escribir como dejando algo para la historia.

El niño, al que le gusta descubrir.

El niño, al que le gusta el tren que se acerca a toda velocidad.

El niño, al que le gusta ponerse en marcha.

El niño, al que le encanta lloriquear.

El niño, al que le gusta taparse.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios