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TRIBUNA

La cultura es nuestro paraíso fiscal

sábado 27 de junio de 2020, 19:55h

Comienzo doy a este novo articulete o lo que ustedes atisben a adivinar con estos míos versos:

Con la Iglesia hemos topado,

amigo Pancho.

Por tanto y por herir el pie

encomendémonos a nuestra Señora de la Almudena

pues que es sanadora de las epidemias.

Empero, con ciencia zoroástrica,

os animamos a que continuéis cultivando

la cultura, en tanto y tanto, que es

paraíso fiscal tan terrenal con grande furia gástrica.

Que cultura no desgracia sucesos y da dando

en si no, el nacer antes de la nostra sepultura

que cura que desface bruma que, por cordura,

enemigos elimina con esta nuestra disciplinante luz.

Que a tamaño dolor, una palabra,

un sonido, la vieja o nova arquitectura

visten todos de acero los diamantes,

las farolas o senderos, norte y guía.

Ansí, el pecado hagamos sordo

que tu voz tu lienzo tu cantata al día

únenos y nos anima.

¡Ah, Señora nuestra de la Almudena¡

Quítanos estos contagios plegando el silencio azote

de nuestro celestial adagio.

¡Oxte Cristo¡, señora, que jamás nunca hágalo con plagio.

A cuento viene estos versos de cordel por no venir a cuento, como ustedes a bien dado han con el relato. Por tanto y de tal modo, prosigo:

Y es que es que esto muchas y muchos decimos en aquestos nuestros tiempos en que ya ni se bebe ni hay jodienda ni enmienda, que por no haber ni nos comarcan con aquellas Bolas de cristal en donde todo se cantaba y decía sin tapujos ni sambenitos. ¡Ah, aquellas hospedadoras de una televisión que educaba y denunciaba mas corregía y facía socarronerías con las tijeras, esto es, con la censura y aquella politiquería que se escondía -como hoy- tras los biombos de una moralina divina y cansina¡ La cultura como libertad de expresión en todas las partes dadas, inclusive en el más aceroso humor, actualmente tan arrastrado hacia los juzgados tanto de lo civil como de lo penal. ¡Qué asquito!

Tiempos de los 80 en que se fumaba Ducados en los institutos de mi adolescencia mientras mis profesores nos traían la tempestad de aquella nuestra literatura como una Tramuntana de libertad, pues ya dijo el maestro -Paco Umbral- que la literatura es el único camino para la libertad -cito de memoria-.

Sucede que en este país de países a la Cultura se le cercena la cabeza con más facilidad que si estuviera espolvoreada con masa de mazapanes. ¡Ay, cuántos holgazanes se sientan en los tronos de los salones de los partidos políticos, en su mayor vez si éstos son de lata de conserva, esto es, conservadores¡ Acaso, como átomo de sol, nacer debiera o estar estuviera aquel don Enrique Tierno Galván o, en su defecto, otros tantos que siguen ahí, pero amagados como liebres en madrigueras u oseznos entre los pezones de la osa mayor.

Debiera estar obligado leer en la casa del pueblo aquel creo que último libro del gran profesor metido a alcalde, esto es, Canto a la Paz, publicado en el 83. Debieran estar obligadas tantas cosas que la lista sería más larga que los judíos que salvó Oskar Schindler, pues claro queda que continúan los holocaustos de uno u otro costal. ¡Ábrase la imaginación para el buen lector¡

Tierno Galván fue y es, pues, toda aquella heredad que por decreto ley aprobarse debiera por cumplimiento con esta noche oscura del alma que padecemos o, por decirlo con más cartabón, por regresarnos aquel compañero muerto -la compaña de lo sensitivo, ingenioso, mediocre o pulcro que amanceba todo lo que arroza la Cultura-, que por doler nos duele hasta el aliento.

¡Vayáis, id¡, que la Cultura es enemiga de la morcilla política, olvido y sepultura, tal y como nos lo versara Luis Cernuda: Donde habite el olvido / en los vastos jardines sin aurora; / donde yo sólo sea / memoria de una piedra sepultada entre ortigas /sobre la cual el viento escapa a mis insomnios”. Demasiados insomnios al viento y entre ortigas pasó, pasa y continuará pasando en el mal dormir de la nuestra cultura castellana o más allá, pues la América verdadera mejor nos da abrazos con su gestión de todo lo bien parido en estos últimos años, inclusive anteriormente. Les pondría ejemplos, pero es que me pasa que me da pereza. Todo escapa, pues, a mis insomnios. Pero uno tiene por ahí en cabos sueltos que dormir es perder demasiada vida. Y no lo dice uno, sino muchos y muchas. Bunbury escribió: ahora que padeces de insomnio, quisieras morir de siesta. O Clifton Fadiman: el insomnio es un alimentador bruto. Será nutrirse de cualquier tipo de pensamiento, incluso pensando en no pensar.

Al caso voy, al caso vengo, que en rompiéndome la camisa, me pierdo con mi escritura en casamiento. Por ello hoy y siempre se continúan vendiendo esos maléficos librazos de autoayuda o, lo que es peor, los que, por ayuda, ejemplares miles al cristal de la bellaquería resplandecen en los montantes de los grandes centros comerciales y otros similares, que, si uno no se vende al mejor postor, ni una perra en su mano caerá, aunque ceda como se está cediendo, sus propios cantos de maldoror.

La cultura ni se vende ni se compra, únicamente se escribe, se pinta, se compone, se habla, se lee, se ve, se acierta en esa felicidad cierta que da la cultura al momento de estar con ella amándola y queriéndola al facerla.

Cultura es historia y presente y un por venir que viene y que ya está aquí.

El Arte, eufemismo o no de todo lo cultural, lo mismo da que nos ejecute un rock bailado que un rolling stones de Bob Dylan, pues se sabe, cual diablo cojuelo, que al vuelo o por mar o tierra lo creativo en mezcolanza con lo expansivo económicamente vale y concierta.

Y es que, frente a la insensatez y a este pozuelo en donde los grandes magnates de las gobernanzas tanto terrenales como virtuales -digamos que Facebook, Amazon, Google, etcétera, etcétera-, lo que empodera es aquello que nos acaricia la calma, el agua, lo sensible, lo bellamente creado; al fin y al cabo, todo aquello que actúe como ecosistema global con valentía frente a esta internacionalidad subnormal que nos devora y de manera oculta nos enamora. ¡Oxte Cristo¡, que en amor caen algunos que por dolor ya no saben más que hacer.

Y doy aquí por terminado esta cosa tintada en pergamino amarillo ronroneando lo que sigue y que ya ha sido seguido:

Que cultura no desgracia sucesos y da dando

en si no, el nacer antes de la nostra sepultura

que cura que desface bruma que, por cordura,

enemigos elimina con esta nuestra disciplinante luz.

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