Pedro Sánchez continúa con el mismo discurso, o la misma treta, al exigir “unidad” y “arrimar el hombro” al PP para, a continuación, atacar a Pablo Casado de mimetizarse con la ultraderecha y aprovecharse del virus para ”derrocar al Gobierno”.
Así lo viene haciendo el presidente del Gobierno en todos los debates que se han celebrado en el Congreso. Incluso desde que pisó la Moncloa. Así hasta justificó verse obligado a pactar con ERC y Bildu la investidura. Ahora, con ese truco intenta camuflar su trágica gestión del coronavirus y mentir en las cifras sobre los españoles que han perdido la vida. Por eso, cada vez que Pablo Casado le exige que diga la verdad, le contesta que se aprovecha políticamente de los muertos. Como si el jefe de la Oposición no estuviera en su deber de exigir al Gobierno que diga la verdad, que no la esconda. Y cuando Casado se ofrece en el Hemiciclo a llegar a pactos de Estado como el de Sanidad, Sánchez ni le contesta. Le insulta y se va por la tangente.
El presidente, si de verdad quiere llegar a pactos de Estado con el jefe de la Oposición, lo tiene muy fácil. Le llama por teléfono, se reúne con él en la Moncloa, y hablan durante horas de medidas sanitarias, económicas o de los Presupuestos. Ponen las cartas sobre la mesa, se plantean las propuestas e intentan llegar a consensos sobre los problemas esenciales que afronta España. Incluso una mesa del diálogo con ministros y diputados como la que celebra con Torra cada dos por tres.
Pero al lado, puede que enfrente, Pedro Sánchez tiene a Pablo Iglesias que prefiere negociar con Gabriel Rufián y los bilduetarras que con Casado o Arrimadas. Y el presidente sabe que la legislatura puede llegar hasta el final solo si mantiene sus apoyos progresistas actuales. Y ese es el gran obstáculo: que Sánchez se arriesgue a perder el poder.
Cualquier encuesta que no sea de Tezanos demostraría que una mayoría de españoles aplaude esos pactos de Estado entre el PSOE, el PP y Ciudadanos. Beneficiarían a todos los partidos y, sin duda, a España. Pero si Sánchez se tira definitivamente hacia el centro derecha, Podemos rompe la baraja y sus socios salen despavoridos.
Quizás por eso disimula. Ese puede ser el motivo de que Pedro Sánchez exija solidaridad, unidad y sentido de Estado a Pablo Casado y luego le escupa en la cara. Si también lo sabe el presidente del PP. Si sabe que solo le escupe para despistar a sus socios de investidura y de Gobierno de sus verdaderas intenciones, entonces, el pacto está en marcha.