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TRIBUNA

¿Y qué hacemos con esos tipejos de Sillicon Valley?

miércoles 08 de julio de 2020, 20:38h

Estábase muy despacio aquel senado de hombrones, compadre, mas sabemos que tú estás de acuerdo con este artículo que el otro día, 15 de junio del 20, acaba de publicar el nuestro común gitano nascido mientras la su madre le colgaba de los cojones de las casas colgantes de Cuenca y que agora, enfrentándose, con ese valor manchego y ese sanchopanzismo tan delicado y delincuente, a los periodistas de la derecha recalcitrante de la empresa cuyo nombre omito, sonetos fechos al itálico modo, aquí nos deja su marxismo julioanguitoniano y tantísimas cosas más. Ahí va como un parte de meteorología -aviso que esto ya publicado está-:

Los sofistas de la fiscalidad quieren hacer creer a los que van a pagar impuestos que subirlos reduce la recaudación. El Gobierno decretará tasas a los carburantes para el cambio climático. Las grandes fortunas amenazan con irse a Luxemburgo, a Holanda o a Portugal si les tocan pelotas de las sicavs. Algunos bancos les aconsejan llevarse la pasta a paraísos legales, dentro de la UE. Moncloa hace llamamientos al patriotismo fiscal y desprecia la filantropía de Amancio Ortega, Alicia Koplovitz, Roig o Abelló los ricos que se han estirado contra la pandemia.

Pero el espectáculo glorioso, la catarsis moral se está presenciando en Silicon Valley cuando el Gobierno de Pedro Sánchez ha conseguido el aval del Congreso para aplicar la tasa Google, que no se aplicará hasta finales de este año porque Donald Trump ha amenazado con subir los aranceles del vino, el jamón y las aceitunas. Mientras, los millonarios de internet que han acumulado el más asombroso capital de la historia tienen tanto poder como los estados y pagan pocos impuestos -no sólo hacen donaciones contra el coronavirus; la cuarentena les ha llevado a avergonzarse de ser tan ricos-.

“Me pides qué cosa hemos de evitar más y te diré la tuba. El trato con la multitud es dañoso, y cuando mayor sea la muchedumbre con la cual nos mezclemos, tanto mayor será el peligro. Retírate con ti mismo cuando sea posible”. Esas recomendaciones de Séneca, que elogian el confinamiento son las que siguen lo billonarios del Valle del Silicio. No todos los ricos son de izquierdas, como Bill Gates que vive en una casa que costó 200 millones de dólares; los gigantes de internet practican el estoicismo. Se han enganchado a Marco Aurelio, un emperador que les gusta más que Trump, y a Séneca, educador de Nerón. Están arrepentidos de ser tan ricos y envidian la pobreza porque han comprobado que para vivir bien basta con muy poco. Jack Dorsey, fundador de Twitter, que en su juventud punk llevaba piercings en las orejas, ha entrado en meditación trascendente y ha donado 1000 millones para salvar la especie. Para ser uno de los hombres más sexys del mundo practica el ayuno intermitente. Se levanta a las 5.30, se baña en agua helada, trabaja 18 horas al día, camina 8 kilómetros para ir al trabajo, hace una comida al día y sigue el consejo de Séneca: es propio de un estómago inapetente probar muchas cosas, las cuales, siendo opuestas y diversas, lejos de alimentar, corrompen. Además, se encierra en un cuarto, está diez días sin hablar con nadie y no cobra su sueldo en Twitter.

Recemos ante este acuoso misterio o milagro periodístico dos Aves Marías y aquellas canciones de nuestros españoles republicanos, que, tras el exilio, sirvieron a la Grande Francia contra el fascio -el actual Silicon Valley- a cambio de nada, sólo los campos de concentración, la profunda herida, aunque aquella alegría del vivir, más todo lo que tanto hembra como macho hispánico zumbados por partes todas hoy por hoy desde las fosas o desde las ominosas estatuas susurran aquello de la eterna canción secular, esto es, La tarara. Y es que La tarara es todo un viaje digamos por decir desde la Edad Media hasta nuestro más inminente pop -por ejemplo, el de Antonio Vega-. Y quien quiera saber más sobre esta cancioncilla infantil que se despabile y que busque por ahí. Jódete virrey.

En mientras esto escribo, hoy, lunes de julio, acabo de recibir un wasap de un amigo cervantino, quien acude a Tele 5 con el consiguiente mensaje. Aquí lo dejo: El Gobierno debe sentar a las grandes compañías, a los sindicatos, a los pequeños, a los grandes bancos y hasta a la Iglesia por ver si consensuan un verdadero proyecto de país. He ahí el español de verdad y no éstos de posturas conjugadas con un aznarismo impertinente que es vox y todo lo que ustedes, amigas lectoras, ya saben por más que sobra.

¿Cuál es la trampa en estos platós de televisión en estos momentos de reconstrucción nacional? Sencillo me lo ponéis, Caballero de la Mala Figura: pues que, cuando un quijotesco personaje -el tal Sancho Panza- con su borrica del hato a decir las siete presuntas verdades, ahí están, ellos, los de siempre, con el pinganillo en marcha, cuadrados como Marines en plena instrucción como ayer uno vio en esa gran película de Stanley Kubrick: La chaqueta metálica. Película antibelicista que hoy sigue filmándose en la mayoría de los mass media no únicamente de esta Hispania profunda, en caso tal, que en este periodismo patriótico y ciudadano Kane.

Que, en volviendo al tema que aquí tratamos, en este tiempo adelantado siglo XXI, los nuevos Marines son estos tipejos de Silicon Valley, tal y como nos estamos refiriendo con esta plática escrita en Sierra Morena por el gran conquense. ¿Quiénes son estos mozos y mozas del valle del silicio? ¡Ah, mis queridos astrosos lectores que plañís sin concertar el pensar con el amar, las trovas recién salidas del horno con la dignidad o los librillos de memoria con la concordia que alumbre con su haz todos estos ojos de la entera humanidad? Que aquí van unos versillos del cervantino personaje, desnudo y desquiciado, mas feliz por hallarse en consonancia consigo mismo:

O le falta al Amor conocimiento / o le sobra crueldad, o no es mi pena / igual a la ocasión que me condena / al género más duro del tormento…

Que ha arribado, pues en esto, el novísimo tiempo de los canallescos asesinos, en efeto, estos necios que a sabiendas del mal que producen y que venden con su mal, procurando cómicamente ocultarse. Si bien, sus nombres forman parte de una larga lista que algún día será más larga que todas las melecinas que hoy los lobbies gestionan cual uso trillando en soborno con esta politiquería global. Que la economía se condecora hoy no con el petróleo o el gas o las materias primas de antañazo, sino en que con el silicio, el litio y estos largos etcéteras que, como un chip en nuestro colodrillo, instalan en beneficio propio, empero en contaminación que ordena el actual diosecillo de esta otra pandemia todavía más invisible que la del COVID-19.

Dice el personaje de Sierra Morena en su soneto: Pero, si Amor es dios, es argumento / que nada ignora, y es razón muy buena / que un dios no sea cruel. Pues ¿quién ordena / el terrible dolor que adoro y siento?...

A ustedes nos dirigimos, cardenales de esta globalizada Santa Inquisición que poneis a vuestra disposición estos hierros que tormentos dan aun sin saberlo los más. Queremos que escarmen sus tropelías del modo que sigue: que no se juega con la vida del humano ser por poseer la suya presunta inteligencia que tan sólo conviene en engrandecerse y enriquecerse practicando el control de nuestras libertades públicas y privadas. Que en ningún valle podrán guarecerse en breve tiempo, por mucho que bunkericen su almadraba, pues detectados estáis con nuestros proyectiles que en pacífica heredad por este mundo inmenso navegando van de mano en mano y de tierra en tierra con tal que poner el vuestro final en la sepultura que abierta está por los niños del África o por todos aquellos que tóxicamente manipulan la vuestra basura tecnopatética.

Quédate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que los engaños de tu esposo estén siempre encubiertos, porque tú no quedes arrepentida de lo que hiciste y yo no tome venganza de lo que no deseo…

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