Alfonso Castelao, cuyo teatro sin duda es de calidad notable, pudo caer en el racismo galleguista, en parte por el confuso ambiente de la época en que vivió, y, en parte, porque entonces los intelectuales no tenían presentes los últimos hallazgos de la toponomástica indoeuropea ni conocían los descubrimientos y los grandes avances de la Genética de Poblaciones a partir del ADN mitocondrial ( linaje sólo de las madres ), y el ADN del cromosoma nuclear Y ( linaje sólo de los padres ).
La singularidad étnica regional en España prácticamente no existe, y se ha confundido nuestra historia política – reinos medievales, cantonalismo, autonomismo, etc. – con una realidad cultural y étnica que jamás ha existido. El estrato étnico-lingüístico más profundo y rico que puede reconocerse a través de la toponimia ( corónimos y orónimos ) e hidronimia de la Península Ibérica está construido por poblaciones indoeuropeas muy antiguas, más antiguas que los indoeuropeos celtas que vinieron después, y que crearon el primer tejido hidro-toponímico de densidad suficiente como para perdurar hasta nuestros días a través de sucesivos cambios de lengua. Estos primeros indoeuropeos bautizan por primera vez la geografía física de España, desde Cataluña (Baicula) al último rincón, con topónimos e hidrónimos que vemos también en la Europa Occidental, la Europa Báltica y muy especialmente la Península Itálica, y que han sido sistemáticamente estudiados por el gran catedrático de indoeuropeo, y probablemente el indoeuropeísta español más sabio, Francisco Villar Liébana. No hay provincia española que no tenga topónimos e hidrónimos de estos primeros indoeuropeos. Los vemos profusamente en la región tartésica (Ispalis, Ónuba), pero también en el mismo mundo ibero ( Cástulo, de kas, elevado que indica superioridad, autoridad, preeminencia o dominación, Oretum, Corduba, etc. ) y en todas las tierras vascas ( Bilbaceni, Mustella, Idanusa, Ontava, Easo, Ucesia, Vesolla, Egobarri, etc. ), en Malaca ( Málaga ), en el hidrónimo Pisoraca ( Pisuerga ), en Corduba ( Córdoba ), en Lutia, Lutiakos, Luzaga, Luzón, etc., etc.
25 de las 46 capitales peninsulares tienen nombres antiguos conocidos. Dos son latinos, impuestos a ciudades o colonias de fundación romana ( Lucus=Lugo y Valentia=Valencia ), y otro (Pompaelo=Pamplona) es un híbrido con un nombre propio romano ( Pompeius ) y un apelativo probablemente paleoeuskérico ( “il”, “ciudad” ). Los 22 restantes son indoeuropeos, y conocemos el nombre indoeuropeo de los 8 ríos más importantes. 33 topónimos o hidrónimos presentes en todas las autonomías. Coruña procede de Clunia, topónimo indoeuropeo que da nombre también a otras localidades peninsulares. Esta ciudad también fue llamada Brigantium, que también es nombre indoeuropeo. La Saltuie indoeuropea ( Zaragoza ) fue sustituida por los romanos por Caesarausgusta en honor del primer emperador. En cuanto al río Tader o Taber, su nombre actual Segura no parece que sea debido a un cambio de nombre prerromano por otro latino, árabe o romance, sino que tiene el aspecto de ser tan indoeuropeo como Tader, de manera que se repite la circunstancia mencionada a propósito de Brigantium/Clunia. El caso del Baetis ( el Guadalquivir ) es una verdadera sustitución del nombre antiguo por uno moderno, que por cierto se produjo no con los árabes, que siempre lo llamaron (wadi-al-) Bede, sino con la llegada de los castellanos que tomaron como el hidrónimo lo que era tan sólo una denominación apelativa del árabe ( wadi-al-kabir, “el río grande” ).
Pues bien, si conocemos el 54% de los nombres de orígenes indoeuropeos de nuestras capitales de provincia, también descubrimos esos mismos orígenes, probablemente en mayor porcentaje, en los topónimos de las otras poblaciones más pequeñas, y la mayor parte de nuestros pequeños ríos y afluentes.
Los mismos protoindoeuropeos que entraron en España hacia el 1700 a. C. y que pusieron nombres a los ríos, accidentes orográficos y a sus propios establecimientos, también debieron entrar en Italia, de suerte que Italia y España comparten 71 topónimos exactamente iguales prerromanos. Esos topónimos presentes y distribuidos por todas las regiones de Italia, se distribuyen también por toda la geografía española. Pongamos algunos ejemplos: Ania ( Asturias ), Añón ( Galicia ), Osor ( Gerona ), Bárdena ( Zaragoza ), Basender ( Huesca ), Carabaña ( Córdoba ), Carbia ( Galicia ), Morganta ( Granada ), Urubio ( Asturias-Galicia ), Pisa ( Huesca, Jaén ), Pesantona ( Huelva ), Rótova ( Valencia ), Sagra ( Jaén ), Selera ( Valencia ), Sil ( Galicia ), Orcenal ( Cantabria ), Oreña ( Cantabria ), Vesuvio ( Portugal ), Vesolla ( Navarra ).
En el marco de la Genética de Poblaciones, el estudio tanto del ADN mitocontrial como del ADN del cromosoma Y de la población española, sugiere lo mismo que el estudio toponomástico de la Península, que existe una uniformidad étnica constatable entre todos los territorios de España, y que está vinculada a los haplogrupos indoeuropeos, concretamente el poblamiento de España habría sido protagonizado por el subgrupo J2f1, siguiendo la nomenclatura del Consorcio del Cromosoma Y, cuya distribución ofrece indicios de que al menos en parte tuvo una difusión a través del mar, especialmente en Italia y la Península Ibérica.
Por lo que toca al euskera sólo tenemos textos suyos a partir de la Baja Edad Media y el Renacimiento. Y aun siendo una lengua indiscutiblemente no indoeuropea, no podemos asegurar que en España no sólo sea preindoeuropea, sino que tampoco estamos seguros de que sea prerromana. Por ello algunos especialistas, a través de la antroponimia, la teonimia, la hidronimia, la oronimia y la coronimia sostienen que nunca hubo euskaldunes en la Península Ibérica hasta la Era Cristiana o incluso, según otros, hasta la Edad Media.
El desastroso y anárquico desarrollo autonómico ha hecho que en ocasiones Departamentos de Universidades Públicas creadas por los fondos públicos de las autonomías elaboren prehistorias que “den sabor” a una autonomía frente a otras, destruyendo todas las pruebas que hasta el momento nos aporta la tradición arqueológica y toponímica. Así, la arqueología manchega está inmersa en un delirante paniberismo que identifique esa Comunidad frente al mundo indoeuropeo de Castilla-León. Todo esto es política mezquina del mezquino gobernante de turno que no le importa corromper la Ciencia si con ello consigue para él una nacioncita. Pero nada de esto es verdad. España es una de las grandes naciones europea más uniformes cultural y étnicamente desde hace casi 4.000 años.