www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MIRADA ESCOLÁSTICA

De mitos vascos y otras leyendas

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 17 de julio de 2020, 20:29h

Tanto el estudio del ADN mitocondrial como el ADN nuclear del cromosoma Y revelan que la Península Ibérica fue, junto a Ucrania, el gran refugio de los primeros europeos durante las últimas glaciaciones (10.800-10.000 a. C. ) llamadas Dryas, por la planta característica de la tundra, Dryas Octopetala, de flores amarillas de tono muy pálido, y que una vez terminados los grandes fríos aquellos pobladores de los inicios del Mesolítico se expandieron en dirección contraria hacia el norte. Ello ha hecho que la Genética de Poblaciones considere a los españoles marcadamente europeos, inmersos en el pool genético europeo, al haber sido nuestra Península el gran refugio europeo durante largos siglos. Un pequeño porcentaje de aquellos pobladores, cazadores y recolectores, también saltó a Marruecos, lo que explica asimismo el halogrupo H del ADN mitocondrial en Marruecos. Ahora bien, el poblamiento de la Península Ibérica y de Europa no se hizo desde el norte de África, ni tampoco el del norte de África desde la Península Ibérica; por el contrario, ambos se realizaron de manera independiente desde Oriente Medio.

El estudio de la antroponimia y de la toponimia ( hidrónimos, orónimos y corónimos ) nos revela desde hace ya casi veinte años que en Euskadi y Navarra se hablaban lenguas indoeuropeas cuando llegaron los romanos, que no se hablaba el euskera, que sólo a partir de los siglos II y III d. C. se constata que ampliamente se habla en Aquitania, y que sólo a partir de la Alta Edad Media las actuales Vascongadas y Navarra fueron llenándose de euskaldunes rodeados de indoeuropeos ya muy latinizados. Y se puede decir ya como hecho incontestable que los euskaldunes entraron en España siglos después de que lo hubieran hecho los romanos, y casi dos mil años después de que lo hubieran hecho los pueblos indoeuropeos.

Aunque el rasgo genético, gestado en el paleolítico, como la fibrosis quística, del Rh- alcanza en el País Vasco a un 50% de la población, no es una población segregada genéticamente como son los dos grandes “outliers” europeos, lapones ( saami ) y sardos. Ya a mucha distancia de estos dos pueblos, en unos niveles muy inferiores de distancia genética, se encuentran los islandeses, griegos, yugoslavos, fineses, suecos y vascos. En realidad, los genes vascos tienen una alta homogeneidad con los de los restantes lugares de Europa, como puede observarse si se comparan las distancias genéticas de los vascos con otros pueblos europeos por una parte y con pueblos de otros continentes por otra. La variabilidad de las frecuencias genéticas entre los vascos y el resto de españoles es la misma que entre gallegos y santanderinos con el resto de España, incluso se encuentra alguna diferencia más con el común español a los santanderinos y gallegos. De hecho, el haplogrupo V del ADN mitocondrial, no presente en el País Vasco, y sí en Santander, nos está revelando que son los santanderinos ( lebaniegos y pasiegos ) el único grupo humano en España que estaba ya presente en el paleolítico, y que de estas poblaciones concentradas aquí, como también en Ucrania, y en menor medida en Italia y los Balcanes, comenzó a repoblarse Europa después de la última glaciación.

Existen también cierta incidencia de genes norteafricanos en algunas poblaciones hispanas, especialmente los vascos, pero también los santanderinos y gallegos. Curiosamente entre los santanderinos, vascos y franceses del entorno pirenaico se encuentra la inmunoglobulina GM específicamente africana. El Norte de África en su conjunto no fue poblado inicialmente por el homo sapiens sapiens directamente desde el África Oriental donde había evolucionado, sino desde Oriente Próximo a través del Levante. En definitiva, los vascos son básicamente homogéneos al resto de españoles y europeos en general, racialmente hablando. Para cuantificar esa homogeneidad dentro del conjunto de Europa, digamos que la distancia genética entre vascos y alemanes es de 0.016 ( 1,6% ); de vascos y británicos de 0,017 ( 1,7% ); y, dentro de España, entre vascos y leoneses del 0,002 ( 0,2% ) y entre vascos y gallegos del 0,003 ( 0,3% ). Con quienes se relacionan más estrechamente los vascos en el mundo, desde el punto de vista racial o genético, es con los vecinos españoles y franceses, especialmente con los otros habitantes de la cornisa cantábrica, como los gallegos, los asturianos, y los santanderinos. Esa homogeneidad racial también constituía una homogeneidad cultural para el propio Estrabón: “La vida de los que habitan la zona montañosa es tal como he descrito. Me refiero a los que habitan la franja septentrional de Iberia ( tês Ibêrías ): Callaecos, Astures y Cántabros, hasta los Vascones ( méchri Ouaskônôn ) y el Pirineo: el modo de vida de todos ellos es idéntico” ( Estrabón, Geogr. 3.3.7.36 ).

La mayor parte de los topónimos pretendidamente eusquéricos no lo son. Por ejemplo, los eukerólogos han dicho que “Andelos” es euskera, y significaría “la ciudad de Ando”. Pero eso es imposible porque en euskera la palabra regente va antes que la regida, y entonces debería decirse Ilandos. Por el contrario, es un corónimo celta, y lo vemos como paralelo en una zona tan indoeropea de Hispania como es la Lusitania: “Andilia”. A Balsione se le ha relacionado por los euskerólogos partiendo etimológicamente del vasco Bildu. Pero en realidad viene del hidrónimo indoeuropeo “*bhel-“, que puede significar “charco” o “pantano”, que es la acepción que conserva el apelativo “balsa” en las lenguas peninsulares: lituano “balà”, charca, eslavo eclesiástico “blato”, charco, Balura, en la Mesenia, Balsenz ( afluente del Danubio ). Además, a esa raíz pertenecen también las formas alargadas con /t/, de entre las que el mar Báltico es la más famosa; pero además están el apelativo ilirio *balta, pantano, albanés balte, con el mismo significado, el lago Balaton y los ríos lituanos Báltis y Baltupis. J. Coromina insistió en la filiación indoeuropea, pensando que habrían sido sorotaptos sus creadores, y proporcionó un par de nombres adicionales de esta clase, recogidos en documentación medieval occitana: Balzeguiis y Balsitges. En 1943 Julio Caro Baroja hacia derivar el gentilicio de vascones de la leyenda monetal “baskunez”. Pero tanto Antonio Tovar como J. Unterman lo relacionaron con etimologías indoeuropeas, bien de *barsko-barskonos, bien de *brasko-braskonos, y según Holder tiene que ver con una filiación indoeuropea ligur; esto es, de protoindoeuropeos. Los componentes derivacional y flexivo de barskunez son claramente indoeuropeos: sufijo flexional -o(n), -onos y desinencia en ablativo. La indoeuropeidad del hidrónimo Deva es absoluta. Es el nombre de la divinidad indoeuropea *deiwo-, *deiwa-, “dios, diosa”, que se aplicaba a algunos ríos en un escenario religioso de la deificación de las corrientes de agua y de las fuentes. Tradicionalmente los Deva hispanos se consideran celtas. Sin embargo, la concepción de los ríos como divinidades femeninas se da también en otros pueblos indoeuropeos: en Lituania hay un Diêvupis ( “río Deva” ); en sánscrito se llama Deví a diferentes ríos, por ejemplo, el “Sarasvatí”; y Ptolomeo cita tres ríos Deva en Oriente Próximo. En consecuencia cuando se concluye apodícticamente que los Deva hispanos son celtas se está echando mano de un segundo argumento: la convicción, tan inveterada como falsa, de que todo los indoeuropeo en la Península ha de ser celta, pero cuando llegó la primera oleada celta a España ya había entonces indoeuropeos.

Toda España estaba indoeuropeizada desde aproximadamente el 1600 a. C. España no es diferente y sus singularidades podrían también haber entrado como subapartados en la obra Ritos y mitos equívocos de Don Julio Caro Baroja.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (15)    No(0)

+
2 comentarios