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Ensayo

Pascal Quignard: La vida no es una biografía

domingo 26 de julio de 2020, 22:45h
Pascal Quignard: La vida no es una biografía

Traducción de Manuel Arranz. Shangrila Swann, 2020. 196 páginas. 24 €.

Por Francisco Estévez

Las finas novelas de Pascal Quignard, citemos Las escaleras de Chambord (Versal, 1990), han cedido paso con mayor acierto si cabe a una escritura de pensamiento y obras breves donde baña con desenfadada sobriedad pero excepcional lirismo el misterio y sus contornos. Esta viene a ser la hebra principal que acosa, rodea y aquilata con todos sus afanes Quignard para este cronista, en definitiva, una esencia trascendente. Una muestra podría ser en nuestros tiempos siniestros el prodigioso ensayo La noche sexual (2014, Funambulista). El virtuosísimo estilístico junto a una erudición exquisita parece remitir siempre a la búsqueda de una plenitud gozosa en toda su obra. En buena parte, la genialidad de la escritura del francés reside en la imposibilidad de ser clasificada, reducida, encorsetada a géneros, valores o clasificaciones. Esa extrañeza tan propiamente suya, digresiva y torrencial, asistemática y especular, sintéticamente densa, que aúna tan complejos oxímoron. Acaso sea en algunas líneas del texto “El misólogo” de sus Pequeños tratados (2016) donde el propio autor ha puesto escalpelo preciso sobre su forma de entender la escritura que apenas puedo resumir como una incesante búsqueda del deslumbramiento a través de una pasión: la esencia del misterio y con ella nos deja a nosotros lectores palpar siquiera por unos breves pero intensos momentos la esencia del arte, ese cuestionamiento de nuestra inmanencia.

Tras la publicación de dos conferencias suyas en España, Sobre la idea de una comunidad de solitarios (2018 Pre-Textos), y esa joya que es Las lágrimas (2019, Sexto Piso), la casa editorial de Shangrila Swann nos regala La vida no es una biografía además de La respuesta a Lord Chandos. En esta última obra nuestro autor fabula la respuesta de Francis Bacon a la conocida carta del sensible Lord, a la postre alegato a favor de la escritura y contra el silencio, en especial contra ese ruidoso y apabullante silencio que nos aturde y circunda. Además, ya se anuncia en Francia del polifacético y prolífico escritor la novedad L'homme aux trois lettres (2020).

En La vida no es una biografía muestra de nuevo su prosa a veces lapidaria, cuando no fragmentaria, hipnótica siempre, tan fascinante y exigente como pocas y de la que no me resigno a dejar breve muestra: “Y en el otoño rojo, completamente rojo del final de la vida, tan rojo, sublimemente rojo, romo como el crepúsculo, rojo como la sangre con demasiado hierro, carmesí como la vergüenza, ruborizado como después de cometer una falta, escarlata como la estrella solar que se sumerge de golpe, de un solo golpe. En un inmenso amor a la noche, y presa de vértigo, cae, sin pedir ayuda a nadie. Ni siquiera a sí misma, que ha dejado de formarse como si fuera un polo en el sucederse de los días, sin siquiera una señal de adiós o un gesto secreto al enigmas primordial”.

Aquí se tratarán como pocas veces la biografía y la hagiografía, el nacimiento, los sueños (esos “jirones de la vida”), las sombras, la soledad, la melancolía, los gatos, el porvenir o los demonios, nada resulta ajeno a este singular libro que dialoga de tú a tú con Ulises, san Juan de la Cruz o Kant y donde cabe resaltar, entre otros, el magnífico capítulo dedicado al “Locus amoenus”, el hortus conclusus y otros temas artísticos. La escritura errante que muestra Quignard en estas páginas es arte en la medida y la manera, el grado y la intensidad, en que se aparta del lenguaje trillado y el vacuo pensamiento, en la que frente a la razonable posibilidad de ausencia (“Vivir no es ser”) y gracias a la taumaturgia literaria cobra otra presencia, ya diversa, un estar en el libro, en la obra, en el ser, que viene a resultar en palabras del autor un “Tirarse río arriba”.

Mención aparte merece la traducción de Manuel Arranz, quien añade un breve y ejemplar proemio “Sobre la traducción de las notas y el léxico de Pascal Quignard”. Allí explica de forma inmejorable la compleja sintaxis del autor llena “de frases inacabables y sinuosas, cuyo hilo perdemos continuamente, hasta que comprendemos que no hay un único hilo”. Y así resulta, los fragmentos que suele incorporar Quignard de otras obras son por decirlo con Octavio Paz, versiones y (di)versiones del texto original, al que añade su componente creativo embelleciendo con matices aristas ocultas con su inteligente y apasionada lectura y traducción.

En suma, aquí una nueva maravilla de Pascal Quignard, uno de los mejores escritores franceses, apta sólo para lectores exigentes.

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