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TRIBUNA

Redención y capitulación en Gibraltar

Juan Carlos Barros
martes 28 de julio de 2020, 20:20h
El proceso jurídico internacional que siguió Gibraltar en el siglo XVIII se concretó en el famoso articulo X del Tratado de Utrecht, el cual es una guía abierta para entender lo que ocurrió después y el procedimiento que vamos a seguir es leerle al revés, como el que da vuelta a un cuadro para sus rasgos poder mejor ver.
Entonces en Gibraltar, en este orden, aunque los dos primeros seguidos y el otro bastante tiempo después, se emplearon tres instrumentos de derecho internacional que están tan relacionados que no se pueden separar: una carta de aceptación de soberanía, una capitulación de guerra y un tratado internacional.

Pero, veamos los hechos antes:

El 4 de agosto de 1704 una flota de guerra multinacional al mando del Príncipe de Hasse-Darmstadt se desplegó en la bahía de Algeciras delante de Gibraltar, quien en nombre del archiduque Carlos de Austria, pretendiente a la Corona de España, mandó una carta a los gibraltareños para que le aceptasen
voluntariamente como nuevo soberano, a lo que ellos respondieron que ya tenían uno y no querían cambiar.

Eso significó que los sitiadores sin perder el tiempo empezaron a bombardear el lugar, ante lo cual su gobernador considerando que no tenían medios de defensa suficientes dijo que había que forzosamente capitular.

El acuerdo de capitulación tenía seis artículos ( o capítulos se podría mejor decir) y contemplaba las medidas para una retirada ordenada de soldados, caballos, armas y bagajes. A los sitiados les dejaban sacar tres cañones con la pólvora y las balas correspondientes, provisiones de pan, carne y vino para seis días de marcha y la ropa, y no serian registrados por la que llevasen en arcas y cofres y la que no se pudieran llevar se quedaría en la plaza y enviarían por ella cuando hubiera oportunidad. El plazo que les dieron fue de tres días.

El artículo V de la capitulación trataba de la ratificación de privilegios en Gibraltar bajo condición de aceptación de nuevo titular real: “A la ciudad y los moradores, soldados y oficiales de ella que quieran quedarse, se concede los mismos privilegios que tenían en tiempos de Carlos II. La religión y todos los tribunales quedarán intactos, y sin conmoción, supuesto que haga el juramento de fidelidad a la Majestad de Carlos III, como su legítimo Rey y Señor.”

Esa cláusula no se llegó, sin embargo, a aplicar pues al día siguiente los habitantes de Gibraltar voluntariamente tomaron el camino de la “Muy noble y mas leal ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar”, de tal manera que la ciudad se quedó vacía, ellos con la esperanza de volver y la pleitesía sin prestar.

Pasados los años, en 1713 en Utrecht se firmó el Tratado de Paz y Amistad, donde se calificó lo que había pasado en Gibraltar como “cesión perpetua rescatable” y daba preferencia a la Corona de España para la redención, o sea para impedir la continuación de la situación con respecto a terceros.

Concretamente termina el artículo X diciendo que:

“Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.”

Antes dice también el artículo X que:

“ Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de Africa, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar.”

Y el artículo X todavía primero dice que:

“Su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros.”

Además, previamente, el artículo X dice que:

“Para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra.”

Según el articulo X del Tratado de Utrecht lo que se cede (y por tanto lo que se puede rescatar) fue cierta propiedad, nada más. El artículo concretamente empieza así:

“El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno.”

En Gibraltar, al revés del dicho popular, lo que se da si se quita y de lo que no se presta no hay quita.

Juan Carlos Barros

Abogado, consultor europeo y periodista

JUAN CARLOS BARROS es abogado, consultor europeo y periodista

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