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TRIBUNA

¿Por qué algunos chimpancés todavía no se han bajado del árbol?

jueves 30 de julio de 2020, 20:15h

Cualquier ser humano conoce mejor que uno y que unos -o sea, los otros- cuál es el petate que llevamos a nuestras espaldas los que hoy seguimos considerándonos como homo sapiens. Como humanista que es el ser o el no-ser, es decir, el que es sabedor de muchas ciencias aplicables haciendo puente o, mejor dicho, estrecho de Bering, con los estudios sensitivos, míticos, históricos, paleontológicos o finalmente -más siglo XXI- mediante el genotipado, sabe que es atisbador en esta puérpera que es la existencia a lo largo de esta evolución en la que triunfan como triunfitos hoy por hoy los que no debieran, mas así lo cita con arrojo aquesta actualidad tan desactual.

Algunas seguimos creyendo que nuestra inteligencia o nuestra racionalidad o, como capos de todas las cuarentenas sapienciales, se captiva en todos los humanos seres de este planeta ya únicamente al través de la grande sala a consejo pleno.

Alguien dijo -uno lo sabe mas no lo dice- que el hombre es un animal político. Ante esta malicia que hace mudanza en rara armonía con la mayoría de señores del mundo, hemos de facer parada y fonda por que el humanista procedente de la filosofía ática restituya estas advertencias. Que son las que siguen.

Nuestro gran Quevedo -demos por adelanto: si alguien me lee conoce muy bien mi ascendencia quevedesca- ya nos advirtió: Todas estas acciones son a mi parecer de tan mal sabor y de tan desabrida dentera, que me amarga el aire que respiro y con el suceso de la isla de Res tengo la memoria con ascos.

Se advierte para el mal lector que el de Villegas al mentar la isla de Res referíase a sucesos de guerras que aquí no vamos a detallar. Busquen si acaso se consideran meritorios del homo sapiens.

Superado ya el texto que Darwin tardó en editar por medroso o asustadizo, los nuevos estudios que van excavando las ciencias humanas, con tal de dar con el oráculo de nuestro origen prehistórico, florecen que lo dicho por mucho comentado es el viaje hacia los atrás que debemos realizar. Ante tal duda, el humanista del ser o del no-ser, no como arqueólogo o sí, en caso tal como intuitivo de los presentes rostros de muchos y muchas de esta fauna que es el mundo globalizado, conoce por experiencia -la experiencia es la más sabia de todas las artes- que existen por ahí muchos chimpancés que todavía no se han bajado del árbol.

Vuestras majestades, señores serenísimos que acaso lindéis con las gobernanzas de este mundo cainita y sibarita, tal vez no rulen que Eva fue hace más de 13.000 millones de añadas la primera mujer que exploró las Américas. Eva -ansí llamada por esas cosas del querer- fue hallada en las cuevas del Yucatán. Tenía 20 años cuando la espichó y medía 1,40 metros, más una fortaleza craneal sin igual. En conclusión, que todas las Américas, de norte a sur, fueron y siguen siendo descendientes de lo que eufemísticamente se denomina el indigenismo tribal.

Con este mero ejemplo, se quiere arribar a la consiguiente aseguranza de la muerte que es vida. Que los homo sapiens primitivos solían ser más sabios, razonadores y, ante todo, espirituales que la mayoría de homos sapiens de esta actualidad tan desactual. Que muchos sapiens de los eufemísticamente llamados primeros mundos no se han bajado, decimos, digo, del árbol. Algunos inclusive continúan erre con erre considerando a Eva como la principal pecadora de la eterna eternidad. ¡Sus, sus¡

Pero vamos al lío: los que conocemos el mundo cromosomático sabemos que se desengañita cuando percibe a algún chimpancé rascándose los testículos entre las ramas de algún árbol, llámese dicho árbol consistorio, parlamento, cancillería, institución económica, repúblico con carné de algún Club de élite y tantos largos etcéteras.

Estos chimpacés o chimpancesas resulta que, mientras narcotrafican con cigalas u otras billeteras, cual hocicudos que son, acaso por su inconsciencia, no atisban la trampa que abajo queda concluida. Pues en su gestión la maldición del animal sin sapiencia no tarda mucho en amonestarlos.

El ser humano ha tenido que resistir muchos de estos tráficos narcotizados de demasiados chimpancés en su atribulada vida como gestor de la vida pública o de la vida y puntos suspensivos a solas. Por ello tratemos los monederos falsos con la verdad, o mejor si cabe, con la verdad de las verdades. Estos monos que, aun encima de sus árboles, son los que deforestan bosques y este pulmón que es el ánima de la natura en este planetarium condenado y que muchos al frecuentar amargamente esta estoria dan zurra no sabemos si con ingenio y con ese deseo ya escritos en esta partitura musical.

Y es que no cejamos en momento alguno de avisar y contravisar, pues caso da que, si a estos monos de feria no se les pone en el lugar que les corresponde, luego habrá allanamiento de morada, morada que es esta vida en su completud de oxígeno e higiene mental.

A porfía que aquestos chimpancés y chimancesas ronronean cual taberneros. Tal cuales, por tanto, encarecen el vino -metáfora del Gran Capital- subiéndolo de precio hasta las nubes. Y, por más inri, estos monoides van y danzan de rama en rama o de estercolero en putrefacto maridaje con los grandes jefes de la Tribu, que son los que vuestras mercedes ya conocen: mocerío que gusta de aviones privados, múltiples castillos desde la Toscana hasta las afueras de la Gran Bretaña y etcétera, etcétera. Los boss de esta Tribu tabernera y diluvios de la sed van por ahí con este diálogo quevedesco:
-¡Agua va, que vacío¡
Y los que iban por la calle respondían:
-¡Aguarda, fregona de las uvas¡

Que en cuestión de tributos los chimpancés, fatigados ya de tantas guerras y robos, es que pasa que no desean ser justos con lo que ellos consideran justos para sus señoríos, esto es, amortizar las billonarias cifras ganadas a costa del jornalero que hoy llámase precariado. Pues que, como Tarzanes en medio de la jungla, al grito vociferan primero con los allegados y ministros y patriotas y cualesquiera que le quiera por continuar amontonando sus fortunas con seso cometiendo uso de la corrupción y el aniquilamiento del que molestare.

Es hora de labrar generosa y pacíficamente en demasía con estos monos de la corrupción. Empeño suyo es condenarlos y conducirlo a la trena. Empero, ¡ah, que sabios son los que haciendo leyes legislan a la vez a sus compinches de la justicia¡, no hay manera, aun si la hay. Todo es cuestión de resistencia en activación o, lo que es lo mismo, persistencia y debate y palabra y denuncia. Que pertoca ya hacer caer a algún chimpancé del árbol y con esto aquí lo dejamos. No sin antes retornar a las tinturas del ya reiterante nuestro Francisco de Quevedo y Villegas:

La riqueza se puede dejar cuando se quiere; la pobreza, no. Aquélla pocas veces se quiere dejar; ésta, siempre. La otra es que debéis considerar que vuestra última necesidad presente nace de dos causas; la una, de lo mucho que os han usurpado y robado los que os asisten; la otra, de las obligaciones que hoy se os añaden. No hay duda que aquélla es la primera; si es también la mayor, a vos os toca el averiguarlo. Repartid, pues, vuestro socorro como mejor os pareciere, entre restituciones de los usurpadores y tributos de los vasallos, y sólo podrá quejarse quien os fuere traidor.

Y con esto y un bizcocho hasta mañana con otro toco mocho.

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