La muy polémica decisión de reconvertir Santa Sofía –la santa sabiduría (de Dios) – en sitio de culto musulmán apartándola de su función museística –que serlo no era concesión a nadie, sino la acción exaltadora de la historia turca, como lo quiso el padre de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Atatürk– no apunta a ser una desencaminada inocentada y una simple alabanza al culto divido. Nada de eso.
Por el contrario, el diario español La Razón en voz de Francisco Herranz, colocando corchetes, advertía recién al aproximarse al discurso de Recep Tayyip Erdogan, motivado por ese acto retador, que pintaba un panorama lejano a ser una simple medida burocrática que solo alista y apacigua a sus seguidores y en cambio, sí que refuerza su decaída imagen de líder al interior de sus fronteras, sí, pero es, ante todo, un acto de reivindicación de sus ambiciones culturales, incluso, al decir el turco y apunta: “‘La resurrección de Hagia Sophia anuncia la liberación de la Mezquita de Al-Aqsa [Jerusalén]. La resurrección de Hagia Sophia es la huella de la voluntad de los musulmanes de todo el mundo de salir del interregno. La resurrección de Hagia Sophia es el reencendido del fuego de la esperanza no solo de los musulmanes, sino ─junto con ellos─ de todos los oprimidos, agraviados, pisoteados y explotados’. Toda una declaración de intenciones. Sin embargo, la versión ‘occidental’ omite este párrafo revelador: ‘La resurrección de Hagia Sophia es un saludo de corazón a todas las ciudades simbólicas de nuestra civilización, desde Bujará [Uzbekistán] a Al Andalus [España]’”.
Conque ¿solo es pleito por unas piedras y advocaciones.? Desde luego que no es solo eso y por mucho. Ya lo vemos, no es poca cosa las pretensiones del mandatario turco. ¿Es que “El Turco” será de nuevo un motivo de preocupación para Europa? ¿ahora esgrime un islamismo radical encubierto de falsa occidentalización, si es que no la ha abandonado, ya? Erdogan parece que no las tiene consigo, pero siempre obtiene mucho de lo que se propone. Y lo tildan de añorante del Imperio otomano. A estas alturas. Si Estambul ha sido la manzana de la discordia por siglos, obedeciendo a su estratégica ubicación, Santa Sofía es un símbolo del poderío bizantino y de la conquista otomana, con el consabido triunfo del islam en ello, cuya captura sigue celebrándose cada año, desde 1453.
Para mí como mexicano, es normal que lo mismo un templo pase de un culto a otro, como los católicos que entregó Juárez a las primeras denominaciones protestantes y que aún retienen en el centro histórico de Ciudad de México, que por la misma desamortización juarista –nuestro Mendizábal– ver a otros convertidos en bibliotecas, museos o saberlos derrumbados. Y en el lastimoso proceso va el descuido y la dispersión de su valioso patrimonio sacro, desmontado y desperdigado, extravíos de por medio. Acaso sea cosa similar eso de reconvertir museos a templos, o no, pero sí acusa una ardua complejidad cuando, además, confronta culturas y ya no digamos, religiones. Es el caso que nos ocupa, con el profundo simbolismo y significado de Santa Sofía y su imbricada y dilatada historia.
El dicho del mandatario turco es una advertencia al mundo. Un desafío. ¿Una dupla de islamismo y otomanismo? Revanchismo de un país derrotado. Cuidado. No le ha importado confrontarse así a diestra y siniestra con la Cristiandad, Occidente, Israel –de por sí agriada la relación– la Unesco, Grecia –con un reclamo ramplón, en respuesta, acallándola pronto el turco– y Saudiarabia, recibiendo la desaprobación de EE.UU. y Rusia. Mas en el fondo Occidente tolera, afirman, porque le pinta orejas al lobo de la migración desbordada que “controla”. Como su retadora bravata incluye a España, de ahí el envalentonado y majadero reclamo recurrente de un emir emiratí, exigiendo por enésima vez la entrega de la catedral de Córdoba, que ha sido más tiempo sitio de culto cristiano, católico para más señas, que musulmán, con vestigios cristianegos anteriores a la dominación árabe sobre España. Lo sucedido con Santa Sofía debería de advertir de la intentona de expandir el islam y el Imperio otomano redivivo. Mas no le falta razón a Erdogan sugiriendo que quien se queda con el bien, dispone de tal. Pues eso mismo a responderle al insolente emiratí, carente de derecho a reclamar la cordobesa y a quien tampoco le pasa por la cabeza la palabra “Reconquista”. Como a los cristianos la palabra “perdieron” Santa Sofía y el turco lleva allí, preeminencia.
Lo de Arabia Saudita alude al reto al rey saudí, guardián de los lugares santos del islam, o de casi todos, porque solo tiene dos de tres –La Meca y Medina– faltándole Jerusalén al no ejercer soberanía sobre tal, heredando tal custodia de forma oficiosa, del sultán turco que los resguardaba hasta derrumbarse su imperio, siendo la otrora Constantinopla un simple refilón de capital. En efecto ¿Erdogan pretende revivir el sultanato apeándose a la defensa de los lugares santos islámicos? Es una jugada retadora del statu quo antes que audaz. Y es verdad que la decisión sobre Santa Sofía pinta para alejar el secularismo turco de centenario cuño, que igual puede ser una lucha, un forcejeo en medio de tanto jaleo mundial, de un sujeto que juega con Dios y con el Diablo y saca raja con los resquicios de esa adversidad, mientras reza in situ y tuitea sus parabienes a esa nueva empresa. Pues que se arreglen entre musulmanes y a ver quién cede.
Y en medio queda Estambul. Me cuentan que es embriagadoramente mágica, fascinante. Subyugante paso entre dos mundos y dos continentes. A la meta del Expreso de Oriente la apodaron Ojo del universo, Refugio del mundo. Pregunté a la internacionalista Andrea Villanueva (Universidad del Valle de México) y manifestó: “Turquía me significa una vida entre dos mundos. Decidí estudiar allí, precisamente en Estambul, para conocer una cultura diferente. Quería de manera personal comprobar que puedo adaptarme a nuevas formas y estilo de vida. Y ese viaje lo cumplió. Haber vivido allí fue algo increíble. Recorrer diariamente las calles y la ciudad, era una aventura. Para mi sorpresa encontré muchas similitudes con mi país (México). La gente es amable y cálida. Las calles están llenas de puestos de comida deliciosa, por cierto; te ofrecen té aunque no te conozcan, te invitan a fumar narguilé, a jugar backgammon, todo en un ambiente muy familiar. Puedes encontrar en una parte de la urbe a las mejores tiendas y restaurantes y en la otra, bazares, niños jugando en la calle o personas elaborando vinos artesanales. Me sorprendió que no importa en que sitio te encuentres, estará repleto de perros y gatos que la gente alimenta y cuida, aunque no sean de ella y viven tranquilamente en las calles”.
Por su parte, mi colega Susana Ostolaza, maestra y doctorante en historia del arte por la Casa Lamm, me ha contado de su encuentro con Santa Sofía:“Estambul es una ciudad milenaria y sin duda de contrastes. Al llegar a ella (julio 2019) nuestra primera parada sería Santa Sofía, después la Mezquita Azul, para cerrar con las cisternas. Cuando llegamos a Santa Sofía vimos que no había tantas restricciones para ingresar como suele suceder en otras mezquitas. Fuimos subiendo por ella como se indica a los turistas para luego proseguir un descenso por etapas y realmente fue un shock, una gran emoción saber que estábamos en un recinto donde habían estado varias religiones según el tiempo, al ver los vestigios de la cristiandad, del islam y saber que ahora era un museo… observar los frescos, las letras cuneiformes, recorrer sus diversas galerías me hizo reflexionar sobre la inherente relación del hombre con la deidad. La experiencia fue única, rebasando cualquier expectativa. Sin duda, pienso que debería seguir siendo museo, ya que Estambul tiene una cantidad enorme de mezquitas activas para el culto del islam y Santa Sofía ha representado la oportunidad de asomarse, aunque sea un poco, a ese mundo.”
Concluyo: Erdogan va de cabeza de playa y no de cabeza de turco con un nuevo tipo de islamismo. Sin embargo, sus bravuconadas necesitarán dinero para ser efectivas. Quizá lo obtenga. Su actuar, por mientras, merece la frase: “el que da y quita, con el Diablo se desquita”. La versión española puede ser: ¡Santa Rita, Santa Rita! lo que se da no se quita! Al tiempo….