FRANCISCO ha querido volver a eso que algunos llaman “nueva normalidad” con el encuentro del pasado miércoles cara a cara con medio millar de fieles en el Cortile de San Dámaso del Vaticano. Ha sido la primer a audiencia general tras seis meses difíciles y duros también para el Papa que disfruta con la cercanía de todos los que acuden a las audiencias. Por eso este encuentro ha sido algo más que especial y FRANCISCO quiso recordar en sus palabras que “la pandemia actual ha puesto de relieve nuestra interdependencia: todos estamos vinculados, los unos con los otros, tanto en el bien como en el mal”. Por eso, insistió, “para salir mejores de esta crisis, debemos hacerlo juntos, todos, en la solidaridad”.
Y tal vez por eso, por la necesidad de “solidaridad”, el Papa llamó a un sacerdote libanés que llevaba una bandera de su país y se dirigió a todos los presentes en la audiencia con unas emocionadas palabras: “Líbano representa más que un Estado: Líbano es un mensaje de libertad, un ejemplo de pluralismo, tanto para Oriente como para Occidente. Para el bien mismo del país y del mundo, no podemos permitir que este patrimonio esté disperso”. “Pido a todos los libaneses a esperar y reencontrar las fuerzas y energías necesarias para reconstruir. Pido a los políticos, líderes religiosos comprometerse con honestidad y transparencia en la obra de reconstrucción, mirar al bien común y al futuro de la nación”. “Invito a la comunidad internacional a sostener al país para ayudarlo a salir de la grave crisis sin estar involucrado en las tensiones regionales”.
Es la “nueva normalidad”, que para nosotros no tiene nada de nuevo, porque son acciones y aptitudes a las que nos tenía acostumbrado el Papa. Tal vez por eso, no nos ha sorprendido demasiado que el próximo 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, salga a la luz la nueva Encíclica del Papa que nos va a ofrecer las claves para una solidaridad global en el mundo post COVID-19, donde seguro que denunciará la desigualdad social y el aumento de la brecha entre ricos y pobres, también en tiempos de pandemia. FRANCISCO nos dirá también que el hambre, la desigualdad, el drama de los refugiados y la guerra, son las “otras pandemias”, que nos siguen atenazando.