La gran mayoría de pelotón, de los trabajadores de los equipos, de los profesionales de la organización y la gerencia del Tour de Francia estaban aterrados en la mañana de este martes. El motivo era el siguiente: iban a conocer los resultados de las pruebas PCR a las que fueron sometidos este lunes. La regla afirmaba que si dos miembros de una escuadra daban positivo en ese control, esto es, estaban contagiados de Coivid-19, todo el plantel quedaba descalificado automáticamente. Por tanto, había un riesgo muy importante de que la carrera quedara mutilada en su primera semana o, para lo más pesimistas, que no se pudiera reanudar ante un contagio mayoritario.
Sin embargo, no pudieron desayunarse con mejores noticias. Ni un solo corredor dio un PRC positivo y, para sorpresa de todos, sólo el director general de la prueba estaba contagiado. Christian Prudhomme, cabeza visible de la organización de la Grande Boucle, quedó en cuarentena toda vez que se supo el resultado desfavorable y el departamento de prensa del Tour se encargó de calmar al personal: su director no ha convivido ni compartido espacios con los corredores. No forma parte de la 'burbuja' de seguridad más rígida, en la que habitan los ciclistas. Y ha tenido que departir con miembros del Gobierno de Francia, patrocinadores y otros regidores regionales, con lo que se piensa que ha sido en esos actos en los que ha podido contagiarse.
Así que tragados los nervios del despertar, el gran grupo echó a andar en una etapa absolutamente llana, propicia para la llegada al esprint y, también, para que más de uno quisiera dar un susto usando el viento como aliado. Y triunfaría en esos 168 kilómetros, que discurrieron entre la Isla de Oleron y la Isla de Ré (primera etapa en la historia de esta carrera que se da esa circunstancia), Sam Bennett. El irlandés sacó brillo al pedigrí del Deceuninck Quick Step con una victoria apurada, casi de foto-finish. Doblegó, en el último golpe de riñón al australiano Caleb Ewan (Lotto Soudal) y del eslovaco Peter Sagan (Bora). Este gran velocista, además, se enfundó en ansiado maillot verde de la regularidad.
Pero el nudo de esta jornada está relacionado, sin duda, al viento y a su influencia en el nerviosismo del pelotón. Porque otra vez se vio un discurrir accidentado. Y también se comprobarían las ganas de encontrar la fuga adecuada, a pesar del trazado. La jornada de descanso dio alas para que Stefan Küng (Groupama) y Michael Schär (CCC) lo intentaran muy temprano. Su viaje, y el de sus perseguidores, que más que perseguir afilaban el colmillo en la pretensión de sacar tajada de los posibles abanicos, cubrió 49 kilómetros en la primera hora. Antes de que se traspasara el ecuador de la senda, la pareja suiza fue atrapada. Y se activaba, definitivamente, el miedo.
Lo cambiante del viento en estos parajes altera siempre. Y por ello Jumbo Visma, Movistar e Ineos fueron los primeros en tratar de colocar a sus jefes de fila en los primeros puestos. Mas, en uno de esos giros en la dirección del aire el Deceuninck provocó el primer corte del día. Ocurrió en el paso por Le Gua (km 65). Esa maniobra elevó la tensión y sembraría unos nervios que se cobraron las caídas, sin daños, de Guillaume Martin y Tadej Pogacar, tercero y séptimo de la general. Los dos se fueron al suelo en la salida de Rochefort. Y, en el entretanto, los que pelean por el maillot verde esprintarían en el paso intermedio de Chatelaillon Plage, con victoria coyuntural para Trentin por delante de Sagan.
Pasarían los corredores por unos kilómetros de respiro antes de la aproximación a la Isla de Ré. En ese intervalo el pelotón se disparó, con el Ineos de Egan Bernal acelerando con todo. La velocidad y los bandazos, sumados al viento lateral, desembocaron en un corte en el pelotón. Restaban 17 kilómetros a meta y, asimismo, se cayeron, entre otros, Carapaz y Alaphilippe. Sin embargo, en el puente de Ré, de 3 kilómetros, el viento pasó a dar de cara y el grupo de favoritos y velocistas decidió bajar las pulsaciones. Ese frenazo vino bien a Supermán López, Martin, Valverde y Carapaz, que lograron enlazar -Pogacar ya había logrado reagruparse con anterioridad-.
Por ende, se cocinó, finalmente, un esprint. Los favoritos de la general pasaron sin problemas esta etapa de transición y los equipos de los llegadores se pusieron manos a la obra. Ni siquiera Van Aert buscaría su triplete, enfrascado en la voluntad de tirar fuerte que sostenía el Jumbo del líder Primoz Roglic. Y cuando se hubo pasado la pancarta de los tres kilómetros finales, emergieron los trenes, pero el desenlace se desordenaría. Quiso el Sunweb pautar la llegada para que venciera Cees Bol, mas en la recta postrera hubo una traca. Todos atacaron y el que sobrevivió, ganador, fue Bennett. El irlandés autografió su quinto entorchado de 2020 y sumó esta muesca del Tour a las tres que tiene en el Giro y dos en la Vuelta.