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TRIBUNA

Las mujeres en España

miércoles 16 de septiembre de 2020, 20:19h

Las mujeres en España, como víctimas de perturbación social por culpa de la violencia machista, andan a la gresca merced a la falta de una justicia verdadera que ponga remedio a tan repugnante dilema. Uno de esos laberintos que ensucian las venturas de quienes luchamos por la igualdad en todas sus vertientes.

El ministerio que lidera Irene Montero afirma que el 57,3% de las mujeres ha sufrido violencia machista, lo que viene a significar que una de cada dos mujeres declara haber sufrido violencia por ser mujer. Escalofriante dato, ahora bien, de esta escandalosa cifra cabe destacar que en concepto de violencia también han considerado como acoso sexual las miradas, bromas e insinuaciones, y claro, uno que viene de educada carrera existencial no guarda su hacer de buen caballero a la hora de ser amable: “Qué bien te queda tu nuevo look, Purita”. Y Purita, que se siente halagada, me sonríe con notoria complacencia. Ni hay nada de pecaminoso en ello ni tampoco cosa que traicione la buena y elegante manera de ser cordial, pero claro, enseguida sale a relucir la mojigatería de lo antiguo y lo moderno y una cosa lleva a la otra.

A mí lo de desviar la mirada y no contemplar lo bello me parece una estupidez por mucho que una señora ministra de Igualdad venga a violentar el buen rollo entre semejantes. La belleza bien hilada en frunces forma parte de la creación y del arte de la estética; de manera que para aquellos o aquellas que convierten en lasciva la expresión del buen verbo, dígoles, que para la dilatación de pupilas, contemplen por ejemplo el nacimiento de Venus, de Botticelli, saludable obra de arte que como tal merece su piropo y también su mirada atenta. Que el David, de Miguel Ángel, no es menos, y lo único que no está permitido en la Galería de la Academia de Florencia es la utilización del flash, pero les aseguro que los repasos de arriba a abajo, las bromas e incluso las insinuaciones, se encumbran en la sala de exposición en idéntica proporción al tamaño de todo cuanto acontece en dicha escultura. De manera que ni machismo ni feminismo cuando la belleza se expone dentro del manual de la sensatez y los buenos modales; otra cosa es el marrano, el poco aseado, el hortera y el degenerado.

Lo bello es bello porque se sabe apreciar, es como lo bueno cuando al degustarlo las papilas gustativas se pelean por la última anchoa de Santoña que queda en el plato, o la postrera almeja de la vergüenza (con perdón). La belleza vengo a decir que no es cuestión de piropear para engrosar la terrible cifra de la violencia machista, sino que el encanto en una mujer está en su estilo personal. Lo del cortejo asimilado a la beldad en cualquiera de sus diversas expresiones, es belleza y como tal piropo, lisonja, requiebro, galantería, alabanza, fineza, halago, arrullo, cumplido, galanteo o lindeza; o sea, es lo que nos permite establecer la necesaria armonía que nuestros cinco sentidos precisan para el desarrollo de la especie humana; de tal manera que dejar de percibir el oxígeno que se desprende de este yin y yang significaría la extinción del homo sapiens.

Las mujeres en España lo que precisan es una ley de amparo en toda regla, una igualdad de solvencia de alta escuela desde los principios y dejarse de enredar con chorradas de señales de tráfico discriminatorias y otras majaderías interpretativas, pues lo atentatorio al semejante no solo descansa sobre penes y vaginas, sino sobre una igualdad cuya asignatura sea materia educativa como lo es el aprender a comer con cuchara y tenedor. Si una cultura no genera sentido, genera violencia. Por eso vengo a decir a la señora ministra de Igualdad que todo el empeño es poco, ahora bien, le diría que la verdadera igualdad a nivel político de responsabilidad, que para eso cobra la retribución tan exagerada que la pagamos y a buen seguro nada proporcionada con arreglo a su formación, no consiste en salir a la vía pública y vociferar, eso queda bien como reclamo electoral, pero bastante alejado de las conquistas que todas las mujeres de ejemplar encomio requieren y a las que defiendo con mi mejor portavocía gracias a las dos mejores escuelas que he tenido desde mi infancia, la del colegio y la de mis padres.

Antes que la señora ministra de Igualdad naciera los de nuestra generación ya estábamos siendo educados en las buenas costumbres. Conviene aclarar que no todos pasaron con nota, pero los que supimos ser consecuentes con el respeto hacia el semejante o la semejante no nos ha traicionado el paso de los tiempos y aquí seguimos dando ejemplo de cómo acabar con tanta lacra y tanto gambeteo inútil. Entre jueces de lo más cursis y políticos de medio pelo se nos pasa el arroz esperando a Godot, por cierto, famosa obra de Samuel Beckett en donde nada ocurre, nadie viene, nadie va. Es algo terrible, solo esperar. Lo más parecido a nuestra realidad, encuestas, macroencuentas y estadísticas, muchos datos en papel de fumar que luego se convierten en pavesas.

Si queremos ser selectos con la igualdad, pues hágase de una puñetera vez. Copiemos de Islandia en donde se ha prohibido por ley que las mujeres cobren menos que los hombres. Hágase una reforma legislativa que demuestre no discriminar a las mujeres con menores salarios en idénticos puestos de trabajo. Erradiquen de una vez por todas las injusticias respecto de la violencia de género, pero háganlo en orden constitucional dando la talla. Para mí este sería el mejor piropo dentro de una sociedad cualquiera. Lo demás es simple farfolla.

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