Vinieron a matar españoles y ahora quieren darles la nacionalidad. ¿Pero es que vinieron a matarnos a todos? No, hombre, solo a los fachas. ¡Ah, entonces vale! Basura. Sectarismo es lo único que puede colgar de una ley llamada de Memoria Democrática. Si el mestizaje imposible de la Memoria Histórica era ya una contradicción en los términos, la Memoria Democrática no es más que su gólem totalitario. Saber, Poder y Derecho confundidos. Puro y duro decisionismo. O por copiar a un sabio amigo: Pus pseudológico destilado por mentes enloquecidas que será avalado, como siempre, por los tontos útiles de la izquierda.
Leo en el Anteproyecto del gólem que: “Los voluntarios integrantes de las Brigadas Internacionales podrán adquirir la nacionalidad española por carta de naturaleza”. Pero ¿cuántos años tendrá esta gente? ¡Por carta de naturaleza, nada menos! ¡Como se hace a veces con deportistas de elite que representan a España en competiciones internacionales! Quizá se refieran solo a los que participaron en las olimpiadas rojas del 36, en Barcelona. O a lo mejor consideran que toda la Guerra Civil fue una gran Olimpiada y el tiro al nacional una modalidad pendiente de reconocimiento.
En fin. Uno asume que la guerra es lo que ha sido, y que siempre habrá mercenarios, mercenderos y otros turistas del ideal. Y nunca está de más un selectivo homenaje al heroísmo, al margen de banderías, tras un minucioso expediente de limpieza de sangre. Por ejemplo: ¿Se distinguió por su valor, como soldado y no como vikingo, en el campo de batalla? Otrosí: Mató según las leyes de la guerra, bien, pero ¿cuántas vidas salvó? ¿Se mostró justo y compasivo son sus enemigos? ¿Evitó la ejecución de algún vencido? Y sobre todo: ¿En qué medida protegió el patrimonio y las vidas de la población civil del impacto bélico? ¿Denunció o frenó algún acto de pillaje, violaciones, abusos, matanzas, genocidio, con riesgo incluso para su propia vida? ¿Contribuyó, en resumen, de algún modo, a bajar al infierno un pedacito de cielo?
Sí. Esto sería otra cosa. Y a ochenta años de la contienda, a nadie debería ofender que una sociedad madura quiera honrar tales comportamientos. Recordemos que fue un gobierno socialista de España, con alguna que otra trampa, el que hace unos años memoró en Rusia a los soldados de la División Azul que salvaron la cruz de Novgorod, “símbolo y guía de varias generaciones de oficiales en la Academia de Ingenieros”; ahí están las palabras del entonces Ministro de Defensa, José Bono. ¡Pero santificar, indiscriminadamente, a gente que vino con la hoz y el martillo a liquidar a media España, mientras pretenden liquidar “democráticamente” la memoria de la otra media!
“Los descendientes de los brigadistas internacionales que combatieron por la libertad y contra el fascismo en España podrán acceder a la nacionalidad española”, ha anunciado pletórico el vicepresidente del Ejecutivo, Pablo Iglesias: “Ya era hora de decir desde el Gobierno a estos héroes y heroínas de la democracia: gracias por venir”. Bueno. Es una forma de verlo. Aunque yo, para evitar el efecto llamada, en vez de cartas de naturaleza regalaría a esta gente un ejemplar de San Camilo 1936, el novelón de Cela publicado en Alfaguara en 1969. Con un marcapáginas de la bandera nacional, primorosamente insertado por la siguiente dedicatoria del autor:
“A los mozos del remplazo del 37, todos perdedores de algo: de la vida, de la libertad, de la ilusión, de la esperanza, de la decencia. Y no a los aventureros foráneos, fascistas y marxistas, que se hartaron de matar españoles como conejos y a quienes nadie había dado vela en nuestro propio entierro”.