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Ensayo

J. L. Requejo: La agonía de la democracia

domingo 20 de septiembre de 2020, 19:08h
J. L. Requejo: La agonía de la democracia

KRK. Oviedo. 2020, 69 páginas. 9,95 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En La agonía de la democracia, Juan Luis Requejo Pagés nos brinda un ensayo excepcional en el que aborda, sin incurrir en mesianismos de cortas miras, una cuestión cuya trascendencia viene reflejada en el mismo título. A modo de argumento de autoridad, el autor nos transmite sus tesis mostrándonos en las mismas la vigencia de Hans Kelsen y de las ideas contenidas en su obra Esencia y valor de la democracia.

La (actual) crisis de la democracia se ha convertido en uno de los principales asuntos de reflexión para la comunidad académica, en particular tras la crisis económica de 2008. Ésta última trajo consigo una oleada de populismos de diverso tipo, algunos de los cuales se han consolidado en ciertos países, ocupando incluso posiciones de gobierno. Por ello, resulta un acierto que el profesor Requejo nos recuerde que la democracia tiene una trayectoria de corta data.

En efecto, tras fracasar en Atenas, su reaparición tuvo que esperar hasta la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII. A partir de ahí, inició un desarrollo con altos y bajos, en cuyo transcurso sufrió las acometidas de ideologías totalitarias que la desafiaron y, en algunos momentos, la derrotaron. El escenario a día de hoy no resulta halagüeño, en tanto en cuanto desde diferentes sectores se vincula a la democracia con la falta de eficacia económica, lo que lleva a idolatrar otras formas de organización política, como el “capitalismo de Estado” chino, al que se identifica con una capacidad mayúscula para generar progreso y riqueza. Consecuentemente, nos encontramos ante una asociación tan grave como errónea.

Grave porque tal mantra lo vienen asumiendo determinadas formaciones políticas de países del mundo occidental (y, más en concreto, de la Unión Europea). Errónea porque implica dejar de lado todo el entramado de derechos y libertades que confiere y garantiza la democracia. Al respecto, Requejo Pagés pone en valor el legado del jurista austríaco Kelsen para recordarnos una de sus máximas: parlamentarismo y democracia se hallan inexorablemente unidos.

Con todo ello, el tono que predomina en la obra no es ni victimista, ni melancólico. Por el contrario, el autor asume un espíritu realista en función del cual profundiza en una serie de amenazas que se ciernen en los últimos tiempos sobre el funcionamiento de la democracia. En este sentido, sobresalen la democracia directa y la realidad digital, sin olvidar el deficiente funcionamiento de los partidos políticos.

Con relación a la democracia directa, su apelación machacona al uso del referendo, implica no solo una dejación de funciones por parte del representante político sino también asumir que la sociedad dispone del conocimiento suficiente como para evaluar materias complejas. Además, genera un relativismo con potencial para plasmarse en una desobediencia permanente de la ley.

En cuanto a la realidad digital, sus riesgos derivan de su capacidad para fiscalizar y controlar las conductas de los ciudadanos, generado como resultado una “democracia dirigida”. Dicho con otras palabras, las nuevas tecnologías han dotado de un poder absoluto al “nuevo Leviatán”, capacitándole para programar nuestros comportamientos y conseguir, en última instancia, nuestra sumisión: “El soberano digital opera hoy en Occidente como el señor del mercado, explotando su conocimiento sobre nuestras vidas al servicio del consumo. Pero la experiencia más reciente enseña que ese conocimiento puede ponerse al servicio de los intereses inconfesables del Estado, aumentando extraordinariamente el potencial de los instrumentos de dominio de los poderes públicos” (p. 57).

Invertir este escenario resulta complejo pero no imposible. La solución la hallamos en la kelseniana propuesta de una “educación sistemática para la democracia”, la cual permite la existencia de ciudadanos suficientemente críticos y dirigentes responsables, si bien el autor subraya que se trata de dos condiciones que hoy parecen tan irrealizables como para abandonar toda esperanza sobre el futuro de la democracia” (p. 68).

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