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La semana de Obama

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 25 de agosto de 2008, 22:28h
Con la convención de Denver, que se celebra esta semana, termina el largo periodo preparatorio de las elecciones presidenciales americanas, centrado en las primarias y en la lucha intrapartidista, y se inicia la verdadera contienda entre los dos grandes partidos. Hace años, hasta las convenciones no estaba claro quiénes iban a ser los candidatos, que sólo se decidían después de las votaciones de los delegados, a veces muy cerradas. Ahora las cosas son muy distintas y hace ya meses que sabíamos que ni Obama tenía alternativa en el campo demócrata, ni McCain en el republicano. En aquellas antiguas convenciones también se discutía muy a fondo y se votaba la “plataforma” del partido (como en los Estados Unidos se llama al programa que se presenta en las elecciones) y normalmente era también allí donde el candidato designado elegía a su compañero de tándem, el candidato a la vicepresidencia. Y esta designación se hacía siempre con la preocupación de mantener la unidad y el equilibrio interno del partido y la representación de las más importantes zonas del país. Pero ahora los demócratas han llegado a Denver con casi todos estos problemas resueltos, lo cual no quiere decir que Obama no se juegue mucho en esta semana, que es la de su auténtica consagración como líder del partido. Tras los bien conocidos aspectos festivos que los americanos dan a sus convenciones, se tomarán ya posiciones cara a la futura Administración, para el caso de que Obama gane el 4 de noviembre, y empezarán a perfilarse los posibles nombres para los puestos más importantes.

La elección del senador Biden como candidato a la vicepresidencia ha seguido una de las vías tradicionales: intentar compensar los más obvios puntos débiles del candidato presidencial. La amplia experiencia exterior de Biden cubre perfectamente este flanco débil de Obama, pero contradice la idea de cambio por la que éste ha apostado tan insistentemente. Biden es una hombre del establishment washingtoniano, ya que es senador desde hace 35 años (14 años más de los que lleva McCain en el Senado). En este sentido es un hombre de ese “pasado” con el que Obama decía que quería acabar y su presencia en una futura Administración de Obama garantiza una cierta continuidad de la política exterior norteamericana, lo que no deja de ser una tradición en aquel país. He tenido oportunidad de estar con Biden en varias reuniones en el Capitolio y siempre, en algún momento, no había más remedio que preguntarse si era demócrata o republicano porque sus puntos de vista sobre las cuestiones exteriores (Balcanes, Afganistán, Irak…) eran difícilmente distinguibles de los de sus colegas del otro partido. La veteranía de Biden aporta, pues, una baza positiva a Obama y le cubre unas secciones del electorado muy necesarias para el bisoño senador de Illinois y candidato a la presidencia. El electorado de más edad, los trabajadores blancos, los hispanos, los católicos (Biden lo es) y los sectores menos dados a cualquier aventurismo político (y los hay tanto entre los demócratas como entre los republicanos) se sentirán más confortados al ver a un hombre como Biden al lado del imprevisible Obama, que tantas incógnitas suscita todavía entre una buena parte del electorado.

El resultado de la batalla presidencial está, desde luego, todavía por decidir. Obama le saca ahora a McCain sólo tres puntos, lo que equivale a eso que por aquí denominamos un “empate técnico”. Los fastos de la convención es posible que aumenten notablemente la ventaja de Obama. Pero a McCain le quedan todavía muchas bazas por jugar. La designación de Biden no va a quedar sin respuesta y es muy posible que el candidato republicano dé la campanada con un nombramiento de compañero (o compañera) de tándem que suponga una auténtica sorpresa. Las encuestas le siguen dando ventaja a McCain como posible “comandante en jefe”, algo que no es despreciable ante esta situación de “pequeña guerra fría” que la cuestión de Georgia ha puesto sobre la mesa. Pero McCain tiene que demostrar al electorado que, en ningún caso, su presidencia sería una mera continuación de la de Bush, porque eso le hundiría sin remedio, como muestran las encuestas. Tampoco puede olvidar que, según esas mismas encuestas, las cuestiones que más preocupan a los americanos son, en primer lugar, la creación de empleo y el crecimiento económico; la segunda preocupación es la energía (que va a ser un tema clave de la campaña) y, en tercer lugar, la sanidad. Sólo en cuarto lugar aparece la cuestión de Irak. Una lista de preocupaciones que se parece mucho a la de otros electorados.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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