www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Ordalía en medio de la corva fundacional

Víctor González-Quevedo
jueves 01 de octubre de 2020, 20:35h

Parece tratarse de un crowfunding total. La descripción del lugar o ecotaxia resulta resueltamente aterradora, pues no somos como Anteo del todo: Anteo, herido en múltiples batallas, siempre se curaba al contacto de su cuerpo con la Madre Tierra. Fue por eso por lo que los dioses antiguos, molestos y hartos, sádicos y envidiosos, lo estrangulan en el aire para que al fin entregue la cuchara de la vida a sabe el Sursum Corda qué entidades. Mientras, hic et nunc, una demolición que parece algo erigido se mantiene a las puertas, flamantes de orquídea loca, de una Gehenna esencial. La luz amarillenta del lampo reintroduce un matiz de revirado hervor en las calles atestadas de atestados, evitados en el último instante: existen tramos dionisíacos en las mismas (oh inquietud) del mismo modo que hay tramos de energías más neutralizadas. Fórneos caballeros de Santiago pasan y rozagan con un misterio en realidad ciertamente comprensible: la conciencia se vuelve intencional, y parece un virus que arrojara una asordinada pero audible filípica sobre las agrestías del concepto, transido, en un trance de gallos esculapios insoslayable; de ahí se pasa del placebo a la medicina, de la medicina a la droga, de la droga al veneno, del veneno a la daga: la huesuda recogerá por sí misma la calabrina. El aire recuerda (lluvia redirigidora hacia los arcanos de un tiempo anciano), el aire recuerda, la lluvia sabe, la luna se emplea. La acción lunar es una prebenda de talante femenil, con iniciativa; conocimos a mujeres así. Ahora parecemos estar en el límite de Anteo, en estas lides...

La corva fundacional se controla por medio de pastillas medicamentosas. Los atemperantes modulan la creatividad, y refuerzan la palabra menos logocentrista. Hay una hermenéutica que se basta a sí misma en el preconsciente y cuya anagnórisis se decanta con cuidado en el texto, mediato y rico, viraje practicable hacia la desconexión. El tronco del linaje antepasado permitió una súbita pero constante supinación pronante de jumeras y farras en todos nosotros; alcoholismo que dejó paso a un otoño perpetuo y sin apelación posible: efectivamente, el eterno retorno panteísta es aquí de nuevo el teísmo más probable. Así es la manera de elfos y de duendes de anunciar todo un sendero inmanente, un Tao esencial: entre las tabas negras del tiempo y las púrpuras flores del espacio. Las togas salen de paseo, y apenas se recuerdan los viejos tiempos decurridos con conocidos inesenciales, las llamadas relaciones de ciego, coloquialmente. Una sordina toca con vagabundo; no vean aquí al viejo Knut Hamsun. La ventaja de la poesía y de la filosofía frente a las novelas es que las dos primeras son configuraciones gestálticas abiertas, tanto en la emisión como en la recepción, y así es más sencillo todo. En el otoño sepulcral, la conciencia es un virus, no la palabra basal (no hay word virus más que en el habla, fabular y fabulada). Se estabulan masivos semovientes como en una obra de Hugo von Hofmannsthal. ¿Es aún posible ser felices relativamente, entre las dolencias de un sentido arácnido y de un simbionte invasivo y parasitador? El hombre araña lo que puede al libro de horas. El breviario de lo que desciende es tremebundo por sí mismo, pero no queremos hablar de vesanias, no ahora. Precisamente, no ahora...

Otoñal, otoñal y un clavo en el calcañal, que calca el dolor del hueso: otoñal, otoñal. Recuerdos de Magerit son una cierta pesadilla soturna, hábilmente repetida como la iteración hadésica más precisa (invitación al viaje), en bocamina y venero excavado, otra suerte de transporte de algo más que los sentidos, alma compromisa. Las pandas endémicas se reparten los tasajos de cualquiera: sobreviva usted, sobrevire usted todo eso, que no es ya esto de momento, pero que sigue siendo aquello que ocurrió. Hay luz en el pozo desbrocalizado de los deseos, condenados y abismáticos, en el agua del crepúsculo, hasta que la oscuridad es semantizada, y el polen sigue su obstinación de contracadaverización, la calavera que no sonríe si no es por negativo del globo carnoso sobre los hombros. Hay una deserción y el oasis en el desierto es mínimo. ¿Qué haríamos sin él? Sabemos que nunca haríamos nada, sin tal oasis que tantas veces fue espejismo.

Retrocede pues, Satanás, y ocasiona tus males a tus acólitos, deja nuestra brava pureza combatida en paz y palabra, y no lesiones tampoco el talento. Vade retro, bicornal bestia ebria de entelequia, magro mago defraudador de la confianza comunal. Haces los tratos con Ialdabaoth, el cismoso proveedor de tu diestra mano más siniestra, el enurésico mental y el encoprésico dimanante. Porque en la boda de anteayer los novios han fallecido, al menos simbólicamente. Un espectro al fin cruza la oscura luz declinante y nos dice ven. Nos insta de nuevo: Gottfried, amigo del divino, ven. Otoñal y pardusco, y el delirio es nunca selectivo como el lirio. Todo virus es semiconsciente y por eso la consciencia y la inconsciencia son el virus. Dextrógiros o levógiros no entran en trance con tamaña, febril asiduidad. No digan la palabra verdad en ruso, tiene connotaciones: no hay amistad en este Báratro barato, si no se tiene muy en cuenta el ornato blanco de la piedad, sus contornos huidizos en el pozo sin brocal de todo esto...

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+
0 comentarios