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TRIBUNA

El casi opuesto a la nada

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 02 de octubre de 2020, 20:41h

Una vez que el Rey fue secluido del solemne acto institucional en el que el Jefe del Estado todos los años da la bienvenida a una nueva hornada de jueces que impartirá sus sentencias y resoluciones “en nombre del Rey”, y cuya obligada ausencia ha escandalizado no sólo al Poder Judicial, sino también a la mayor parte de la sociedad española, el Gobierno intenta ahora explicar y justificar esa anormalidad institucional, festoneada de los peores modales, con una serie de circunstancias y álibi que si fuesen “decentes” debería haberlas expuesto antes de que estallase la polémica. Pero no son decentes, porque no sólo obedecen a una lógica política prepóstera – que no puede ser verosímil -, y porque tampoco son decentes analizadas ellas mismas en sí. Si el “fastigio” del Estado español no puede desplazarse por los territorios en donde teóricamente tiene menos partidarios estamos dejando el campo de batalla a nuestros enemigos, y damos la razón con ello a los independentistas que no quieren que el rey visite “su pretendido” territorio. El latino “fastigium” está relacionado con el celta “barsku”, “elevado”, de donde viene el gentilicio no euskérico, sino celta, “vascos” (y “vascas”, claro). Lo que son las cosas. El Gobierno está de acuerdo con el independentismo hirsuto en prohibir al rey su entrada en todos aquellos territorios en donde haya movimientos independentistas. Según esta traidora mecánica, verdadero “locus desperatus”, Su Majestad el Rey Felipe VI no sólo no podría penetrar en territorios como Cataluña, Las Vascongadas, Galicia o Canarias, sino que tampoco podría visitar ninguna otra de las trece autonomías, en cuanto que en ninguna falta al menos un ciudadano que no esté tocado por el delirio de un nacionalismo independentista y sectario.

Algunos rancios republicanos con piel de oveja monarcómana – en el fondo monarcómaca – ayudan al republicanismo izquierdista y revolucionario, fanático y compulsivo, sosteniendo que dadas las pocas funciones que tiene el Rey, que lo hacen casi inútil – el busilis o punctum barthiano está en el “casi” – se podría “casi” quitarlo, y no pasaría nada. Es así como el tal pretende que el gran Donoso Cortés y el inteligente asesino Lenin se den la mano, no verdaderamente, porque es imposible, a no ser en el calenturiento y obsesivo cerebro de quien vive en constante turbación desde hace unos años. Según esa chocante tesis o el Rey asume el papel de Gárgoris, el Rey de Tartessos, antepasado de Argantonio, cuya etimología céltica es la de “Rey salvaje”, o acabamos con la monarquía por ser el rey “casi” nada, y damos la bienvenida a una rampante República Socialista Soviética, que será “casi” demasiado. El quid en una Monarquía Parlamentaria siempre estará en el “casi”. El “casi” es la esencia de la impotencia del no-ser. Como ya escribiera Rubén Darío con profunda simpleza “Casi casi me quisiste,/ casi casi te he querido:/ si no es por el casi casi,/ casi me caso contigo”. Cuando el Rey es casi nada en una Monarquía Parlamentaria quiere decir que es algo, que aunque aparentemente nos afecta poco a cada uno su papel regio, multiplicada esta afección beneficiosa por cuarenta millones, afecta sin duda a la patria de forma enorme. Es sin duda la magistratura con diferencia que más afecta a España.

Al Rey lo debemos hoy defender con toda el alma porque es el principal instrumento que nos queda a los españoles para mantener dos cosas que son más importantes que él mismo, España y nuestras libertades. Sin duda será instrumento y colaborador de un designio “casi” providencial, la estabilidad de la unidad de España y una regeneración política que lleve a una Democracia más auténtica.

Los tangibles y continuos desafíos que Podemos y gran parte de este Gobierno socialcomunista lanza contra el Rey nos deben poner en guardia ante la cierta amenaza de un gobierno que quiere la República; una república que dado quienes son sus promotores y mentores terminaría con todas nuestras libertades y quizás también con la existencia misma de España. Sin vivir ya un demócrata de la grandeza de Trevijano, hoy no hay en España una alternativa a la monarquía. De ahí que me saliera del alma esta letrilla:

“No sería mal República si fuera de Trevijano, mas siendo la de Podemos yo soy cerrado monárquico. La República de Iglesias es dictadura del pánico,

en donde mueres de hambre o de un canalla disparo. La libertad en peligro

pide ayuda de soldados que por la patria levanten su voz contra nuevos amos. La democracia formal fue el sueño de Trevijano, que estos rojos criminales la odian como los esclavos. Llegan himnos de Tirteo a los españoles campos, en donde roja amapola cubre de sangre sembrados. Desde la orilla del Miño hasta la orilla del Darro España está empobrecida con virus y sin trabajo. Quizás de una nueva Dina anda el jefe enamorado, y lanza del pecho ardiente regüeldos amartelados. Él se siente muy machote

con el poder que le han dado, y eructa en el Parlamento modales republicanos. No sería mal República si fuera de Trevijano, mas siendo la de Podemos yo soy cerrado monárquico. Murmuran los diputados a la puerta de Palacio si el Rey Felipe podrá asegurar su reinado, cernícalos de uñas negras en las almenas criados. Nunca el Rey debe fiarse de comiscal cortesano, aunque tenga en la cabeza muchas plumas y penachos, que come en aquella olla donde puede meter mano. Felipe Sexto es un rey no muy bien acompañado, pero como buen Borbón se puede mostrar bizarro, y ser un digno español defendiendo nuestro Estado. Mas su indecisión será santelmo de su naufragio si el rojo centrifuguismo lo declara su adversario.

No sería mal República si fuera de Trevijano, mas siendo la de Podemos yo soy cerrado monárquico. Orinadoras de esquinas alcanzan los altos cargos,

y las banderas flamean como harapos o guiñapos. El pueblo quiere a su Rey que de niño recordamos con sonrisa de bondad, y no al postulante malo que quiere a su casoplón hacerlo el rojo palacio. Bajando por Guadarrama no como precipitado, sino como conducido, arroyo desciende claro, a fecundar el jardín y a dar alegría al prado del castillo del marqués, Gobierno republicano. Declara Iglesias la guerra al hijo de Don Juan Carlos, y Sánchez no dice nada, acomodado en su Falcon. No sería mal República si fuera de Trevijano, mas siendo la de Podemos yo soy cerrado monárquico. Política estudió Iglesias, y es todo un zoquete ignaro, hablando de federar lo que no está separado. Si al final los dioses quieren un país republicano, que tenga el nuevo sistema el perfil de Trevijano. Separación de poderes, de un distrito un diputado, Gobierno de mayoría, partidos fuera de Estado. A pesar del testamento que nos legó tan extraño, maestro de libertad fue García-Trevijano. Hubo un tiempo en que la izquierda supo luchar contra Franco, un Franco vivo y terrible que repartía sopapos. Pero esta izquierda combate

los fantasmas jubilados, mientras tienen ya su trono en capitalistas bancos.

No sería mal república si fuera de Trevijano, mas siendo la de Podemos yo soy cerrado monárquico.”

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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