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Ensayo

Carmen Remírez de Ganuza: Marchena

domingo 04 de octubre de 2020, 22:17h
Carmen Remírez de Ganuza: Marchena

La Esfera de los Libros. Madrid, 2020. 256 páginas. 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Marchena. El poder de la justicia, Carmen Remírez de Ganuza nos acerca a una de las grandes personalidades de la judicatura española: el juez Manuel Marchena. A través del análisis de su recorrido profesional, el lector también podrá encontrar un diagnóstico del estado en que se halla el poder judicial en nuestro país.

La autora goza de una sobresaliente trayectoria informando sobre “tribunales”, un aspecto que se detecta en la soltura con la que explica las diversas salas, comisiones y órganos que integran instituciones complejas como la Fiscalía, el Supremo o el Constitucional. Asimismo, nos transmite otra cuestión más controvertida: el persistente intento de control que el poder ejecutivo trata de ejercer sobre el judicial. En la actualidad, el paradigma de esta tendencia podría ser el nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado, tras haber ocupado aquélla cargos de relevancia en el gobierno de Sánchez.

Un factor que facilita la lectura del libro lo encontramos en la narración cronológica ya que nos permite conocer el itinerario vital y profesional de Manuel Marchena (miembro de una familia militar, estudios de Derecho en Deusto, preparación de oposiciones, matrimonio, desavenencias con Baltasar Garzón…) hasta llegar al juicio a los golpistas catalanes. También profundiza en la solvencia intelectual del juez, como certifican sus innumerables artículos académicos, su participación en conferencias y el desarrollo de tareas docentes.

Previamente, Carmen Remírez insiste en que había experimentado una mutación ideológica que le llevó a defender posturas más bien conservadoras frente a las posiciones progresistas mostradas al inicio de su carrera. Este viraje, sin embargo, no ha significado parcialidad en sus sentencias y actuaciones, subraya la autora.

Con todo ello, la parte fundamental de la obra alude al juicio a los políticos independentistas catalanes que perpetraron la declaración unilateral de independencia en octubre de 2017. Manuel Marchena presidió el tribunal que los juzgó y su sentencia, como era previsible, no agradó a ninguna de las partes implicadas. Remírez de Ganuza no entra a valorar el contenido de aquélla pero sí enfatiza la rigurosidad con la que actuó durante el juicio, lo que en ningún caso resultó sencillo.

En efecto, además de la beligerancia (no solo verbal) del independentismo, el tribunal sufrió numerosas injerencias a la hora de calificar los hechos delictivos que debían juzgarse. Al respecto, el gobierno de Sánchez defendió que nos encontrábamos ante un delito de sedición, frente al criterio de la Fiscalía, institución para la que nos hallábamos ante un delito de rebelión. En la sentencia puede observarse una suerte de tercera vía, reflejada en el concepto de “ensoñación”: El tribunal no ha apreciado en los condenados del procés una determinación real de rebelarse contra el Estado, sino solo presionar a favor de una negociación política” (p. 160). La autora sostiene que esta idea, aunque es patrimonio del magistrado Luciano Varela, quien finalmente le dio forma fue Manuel Marchena.

A partir de ese instante, las críticas de unos y de otros arreciaron contra el juez, en particular por parte de sectores jurídicos y mediáticos escorados a la derecha para los que la sentencia resultaba insuficiente. Carmen Remírez de Ganuza no juzga las penas establecidas sino que pone en valor la imparcialidad del juez y la pulcritud de todo el proceso, el cual fue fiscalizado por diferentes organizaciones internacionales.

Con todo ello, quizás el aspecto de mayor calado radica en lo que ha sucedido tras conocerse la sentencia. En efecto, en la actualidad nos encontramos ante un escenario donde la política ha asumido todo el protagonismo en detrimento de la justicia. La dependencia que del nacionalismo catalán tiene el gobierno encabezado por Pedro Sánchez, parece que nos encamina hacia una reforma del Código Penal de la que se beneficiarán principalmente los “condenados” por Marchena a través de una suerte de “indulto encubierto”.

Por tanto, asistimos a un panorama que encierra repercusiones inciertas, como refleja un alto magistrado, cuyo nombre no revela la autora, quien expone con nitidez el horizonte que se atisba: Se entiende que el gobierno esté dispuesto a negociar una excarcelación de los políticos presos a cambio de alguna mejora política del problema independentista -afirma otro alto magistrado-,pero, dado que no están dispuestos a asumir el precio político que les acarrearía en Andalucía o Extremadura la vía tradicional del indulto, van a tener que hacer una fina cirugía jurídica…Porque no les basta con reformular la sedición, sino que habrá de rebajar la malversación y la inhabilitación, que es una de las penas principales de la condena a los líderes del procés” (p. 246).

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