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TRIBUNA

Un nuevo libro de memorias de Alberto Oliart

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
viernes 09 de octubre de 2020, 20:13h

Alberto Oliart (Mérida, 1928) publicó el pasado año la segunda parte de sus memorias, tituladas “Los años que todo lo cambiaron. Memoria política de la Transición”(Tusquets, 2019).

La primera parte, titulada “Contra el olvido” (Tusquets, 1997), obtuvo el “Premio Comillas”, y efectivamente consiguió, además, el aprecio de muchísimos lectores, incluso de lectores que no se interesan por memorias, como las suyas, de alto interés cultural.

Aunque este libro quizás sea menos conmovedor que el anterior, pues narra noticias de la vida pública española, la pluma de Oliart embellece situaciones que tuvieron entonces mucho de aspereza y hasta de brutalidad. Hay que tener en cuenta que Alberto Oliart, además de su curriculum como profesional del Derecho, abogado del Estado, y titular de tres ministerios con los presidentes Suárez y Calvo Sotelo, fue amigo de escritores como Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Juan García Hortelano, Alfonso Costafreda, etcétera…en general, los creadores y editores que protagonizaron el estallido cultural de Barcelona, y de Cataluña, a partir de los años cincuenta del pasado siglo. Y Oliart no se acomplejó escribiendo y al compararse con todos ellos.

El libro empieza con su decisión de asumir la dirección del Banco Hispano Americano, en noviembre de 1972, y llega a 1983, cuando traspasa la cartera de ministro de Defensa a Narcís Serra, nombrado para el cargo por Felipe González, el primer presidente de un gobierno enteramente del PSOE de nuestra historia.

Tal vez un lector que conozca de Oliart solo por esta obra, pueda sacar la conclusión de que el autor aparece en sus páginas como un profeta retrospectivo. Así, por ejemplo, Oliart, al desaparecer Carrero Blanco, asesinado por ETA, vio “muy claro que la cuenta atrás de la dictadura había empezado aquella mañana. Si Franco moría, la transición a otro sistema era, a mi juicio, inevitable”.

Sin embargo, conociendo como conozco a Alberto Oliart, estoy convencido de que acertó entonces en sus pronósticos, y en distintos capítulos de su libro encontramos unos cuantos vaticinios, que él analiza ahora, más de cuarenta años después: los errores del presidente Suárez y de su superministro Fuentes Quintana con los empresarios de la electricidad; el miedo de Suárez y de su siguiente superministro, Abril Martorell, a enfrentarse a los díscolos de la UCD; o, en fin, su confianza en poder someter a la Constitución a los militares franquistas, algo que no todos veían entonces posible, dentro y fuera del Gobierno…

Mi relación personal con Oliart se estableció a causa de mi amistad con Carlos Barral, cuando el gran escritor fue senador, y yo portavoz del grupo parlamentario socialista. Se alojaba en mi mismo hotel, y pasé unas cuantas veladas hablando de sus amigos y con sus amigos -alguna vez vino Jaime Gil de Biedma con Joan Raventós-. Coincidían: Oliart poseía la mejor inteligencia política de todos ellos. Carlos Barral perdió su escaño por Tarragona en las elecciones de 1989. Nos cruzamos cartas por ese hecho, y Carlos estaba triste porque mientras su partido se había volcado con los candidatos al Congreso, no se había ocupado absolutamente de los candidatos al Senado. Barral sabía de mis críticas a esa actitud de los partidos, cuyos jefes eran siempre diputados. Cuando me envió su carta, le hizo mucha gracia que en Correos de Barcelona el buzón para Madrid se rotulaba “Provincias”, y eso lo cuenta Carme Riera en el prólogo de uno de los libros de Barral.

A los pocos días, Carlos Barral falleció. Puede que la tristeza por la perdida de su escaño, encubría una angustia por su mala situación económica. Alberto Oliart vino entonces a verme, yo acababa de ser elegido presidente del Senado, y el problema económico de la familia de Barral se solucionó. Durante los días que estuve haciendo gestiones con Alberto, comprendí por qué Suárez y Calvo Sotelo le encargaron tareas que se proyectaban hacia el futuro.

Se aprende mucho con su libro, y además está lleno de sugerencias. Me referiré a dos. 1ª) Una parte muy importante del empresariado y del capitalismo español está (demasiado) ligado al Estado. La ventaja de los tiempos que Oliart describe fue que Cataluña equilibraba y compensaba las influencias de Madrid. Parece que ahora eso ya no es posible. ¿Porque las élites catalanas han renunciado a tener peso en el Estado? 2ª) El Rey y Oliart, ambos microcosmos de aquellos líderes que resolvieron la “cuestión militar”, antes y después del Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, salvaron la democracia, y, posiblemente, nos salvaron la vida a muchos de nosotros. Es estremecedor leer en sus páginas el proyecto de Golpe posterior al 23-F, y que estuvo preparado para el 27 de octubre de 1982, el día antes de las elecciones que ganó el PSOE. Como el Rey estaba con la Constitución, el plan de los golpistas consistía en atacar con artillería el Palacio de la Zarzuela, con la Familia Real dentro, así como los simbólicos edificios de la democracia, obviamente, con sus representantes convenientemente tiroteados dentro, y en mejor de los casos, convenientemente encarcelados.

Termino con un párrafo del (estupendo) libro de un historiador, Juan Francisco Fuentes, titulado: 23 de febrero de 1981. El golpe que acabó con todos los golpes.(Taurus, 2020), referido a Alberto Oliart: “las medidas del nuevo ministro de Defensa consiguieron afianzar la supremacía del poder civil combinando con habilidad prudencia y firmeza.”

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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