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TRIBUNA

El lenguaje humanístico es más que una mera tecnología

Víctor González-Quevedo
sábado 10 de octubre de 2020, 19:53h

Leo en los comentarios al pie de un ya irrenunciable portal de vídeos lo siguiente: «el lenguaje es una tecnología, una herramienta». Creo, si no me llevo a engaño, que la tecnología referida no es aplicable a lenguajes específicamente literarios por ciertos motivos. No obstante, veamos qué tienen en común los idiomas con las «tecnologías». Para empezar, el lenguaje tiene una serie de reglas gramaticales, etimológicas, sintácticas, et cetera. Desde ese punto de vista, el lenguaje es más un mecano, una estructura segmental que contribuye a lograr un resultado holístico y variopinto, ya sea éste apelativo, estético-artístico, filosófico, comunicativo, etc. y por medio de combinatorias potencialmente infinitas. A diferencia de lenguajes informáticos como C++, Java o cualquier otro, en los usos literarios y filosóficos de la lengua existen tropos tales como metáforas y experimentos sintácticos en poesía, palabras-étimo conceptuales en filosofía, palabras de catálisis y diégesis en la prosa, en todo ello se hallan incluidos paradigmas que en los lenguajes de programación sólo se aceptan para producir un todo operacional, categorialmente cerrado e intencional. En ese sentido, la lengua humanística puede ser propositiva y categorialmente abierta, y menos intencional, si se puede hablar en términos de lógica difusa, mientras que el lenguaje de programación es un medio y está lógicamente en correlación categórica con la ciencia positiva, no propositiva; es un todo o nada sin posibilidad de errancia, y por ello mismo sin posibilidad de artificio artístico o de pensamiento.

Así pues, el lenguaje literario (pienso en el barroco español del Siglo de Oro) es además de un lenguaje cifrado y tangencial un metalenguaje, que lo mismo se halla trascendiendo al idioma de uso corriente que interrogándose a sí mismo por sus posibilidades de humanización. El lenguaje literario tiene más posibilidades que los lenguajes científicos, porque une a la cualidad estructural y normativo-correlativa de las palabras una funcionalidad de rango amplio (tan rico potencialmente como rica sea la mente del escritor), mientras que el lenguaje de programación, con una estructura bastante o algo más rígida, ofrece nulas posibilidades de expresión diegética (prosa), exegética (para desentrañar libros considerados sagrados), hermenéutica (para análisis de volúmenes de contenido esótero, intrincado o bizantino). Así, en filosofía, sin ir más lejos, el lenguaje puede servir a la estética, a la ética y a la metafísica lo mismo que a la política, la religión, la espiritualidad, la psicología y la sociología entre otras disciplinas, aunque quizás con menos carga de autotrascendencia por sí mismo que en lo que deviene literatura «pura», en donde el significante puede en cierto modo ambiguarse o abstraerse casi del significado: pienso en Góngora o en Lezama Lima o en Mallarmé.

Realmente, estos comentarios acerca de que «el lenguaje es una tecnología o herramienta» demuestran un análisis semiótico muy superficial y pobre, pues el lenguaje es algo más que fenomenología (el día en que se inventase un lenguaje de lo numenológico el silencio sería también el gran metalenguaje, una ley que eliminaría la positividad, la presencia del lenguaje conocido), y es también algo más que un rígido estructuralismo, aunque de ahí pueda venir su parte «tecnológica». De este modo, aunque cada vez menos individuos están familiarizados con un alto uso del lenguaje humanístico, éste es importante por sí mismo no solamente por índoles conscientes-intencionales-fenomenológicas, sino precisamente y también porque el lenguaje es en determinados casos capaz de captar todo el sustrato psíquico de la persona-yo y del ser-ello, con lo cual es bastante más completo que los lenguajes dirigidos, bien que sea también por ello más difuso y difícil de entender por cierta profanidad, sobre todo cuando, como decimos, existe un grado elevado de abstracción y desacoplamiento en el plano significante-significado, cuyo significando recorre desde el primero hasta el segundo la totalidad del llamado círculo hermenéutico, que consiste en precomprensión-significante y reconocimiento-significado. Además, la imagen es un sistema de signos, pero no necesariamente un lenguaje: de ahí que una novela capte matices psicológicos que las películas fuerzan mediante la intensificación de las imágenes. Procuremos, entonces y para finalizar, que el lenguaje creativo y filosófico no se prosifique demasiado...

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