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Novela

Mick Herron: Leones muertos

domingo 18 de octubre de 2020, 23:27h
Mick Herron: Leones muertos

Traducción de Enrique de Hériz. Salamandra. Barcelona, 2020. 396 páginas. 20,00 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Aránzazu Miró

La alegoría de la novela negra que es Leones muertos tiene una doble lectura: la habitual de la novela de espías enrevesada que entretiene, en que la trama nos atrapará o intrigará para ir resolviéndose, y aquella otra en que desde el mismo género nos propondrán una visión de su entramado, su parodia tal vez, con todos los elementos que podremos ir desgranando.

Leones muertos es una novela de espías, pero también sobre el espionaje. Merecedora de importantes galardones, es la continuación de una saga que inició el inglés Mick Herron con sus Caballos Lentos, que son esos espías que el servicio de inteligencia británico envía al retiro en su Casa de la Ciénaga. Una propuesta llena de metáforas, como vemos, que se inscribe en una estructura, la de esta Leones muertos, en que un preámbulo plantea ya de entrada el caso a resolver y donde aparecen los personajes importantes, especialmente el muerto, con lo que llegamos casi al nudo de la novela antes de esas dos partes en que se plantea el texto a continuación, que serán “Cisnes Negros” y “Ballenas Blancas”.

Todo alegorías y algunos lugares comunes del espionaje, probablemente para mayor disfrute del lector ávido. Porque la lectura fluye y se deja devorar, mientras la Edad Oscura, esos Caballos Lentos que ya hemos mencionado, la Aguja y el mástil como elementos, las "cigarras" como mensaje a descifrar, y también menciones a agentes como 007 nos sumergen en el mundo de los malos, esos espías de vidas que se han ido al traste, retirados por haberla pifiado, que siguen implicándose y cayendo ellos mismos muertos, con lo que demuestran “que la historia nunca perdona”. Armas, petróleo, dinero, rusos y diamantes, mucha suciedad, algunos pedos y muertos acompañan investigaciones y elucubraciones llenas de bebedores y borrachos pero también de mujeres con las actitudes que se espera de ellas. Todos fingiendo, “lo que mejor hacen los espías”.

No nos faltarán las bombas, los incendios con su uso depurativo, y el mensaje encriptado de las cigarras: “Es lo que hacen las cigarras: se despiertan y cantan”. Hasta un final en que nuestro protagonista, el irritante Jackson Lamb, como lo define la novela y quizá sea la mejor forma de valorar a un buen espía, regresa a su despacho tras la función, donde le espera un pasado que intenta enterrar o un futuro que preferiría olvidar, en una lucha que -de nuevo la alegoría- sólo consiste en la caza del gato contra el ratón.

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