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TRIBUNA

El botellón

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
sábado 24 de octubre de 2020, 20:23h

Confieso que me he propuesto escribir sobre este tema sin tener ideas elaboradas sobre él. Precisamente, mi deseo es llegar a tenerlas como consecuencia de esta reflexión pues, la pandemia que sufrimos ha puesto, doblemente, de actualidad esta “fiesta”. Penosamente, la peste que nos toca vivir, hace que esa proximidad y abandono, que los jóvenes van buscando en ella, ponga en riesgo su propia vida y la de parientes y amigos mas próximos.

Mi única referencia directa, sobre el botellón, es la visión de alguno de esos “campos de batalla” que, los paseantes madrugadores, nos encontramos al día siguiente. Impresiona ver la denigrante suciedad resultante en esos lugares, mas o menos recoletos, cutres y nada confortables, donde las botellas, los vasos y los envoltorios se abandonan ateniéndose, únicamente, a la ley de la gravedad.

Las personas “mayores” llevamos muchos años escandalizándonos del comportamiento de los jóvenes, en estas fiestas nocturnas, en las que sabemos y hasta vemos en la tele, que dan rienda suelta a excesos y comportamientos tan escandalosos que, a veces, resultan difíciles de comprender: alcohol, drogas, sexo animal y hasta riesgos suicidas.

¿Como se explica este comportamiento?. ¡Ay, amigos!. Mucho me temo que el reconfortante apelativo de animal racional que aplicamos al ser humano es demasiado optimista y precipitado. Los acontecimientos históricos, incluso muy recientes, no lo avalan. Quizá tengamos que conformarnos con la posibilidad de que, impulsados y conducidos por algunas individualidades ejemplares, de las que a veces nos cansamos y hasta les damos “matarile”, lleguemos un día a serlo.

Harari opina que las circunstancias en las que se desarrolla nuestra vida, desde hace unos pocos siglos, no es la mas acorde con nuestra esencia. Nos hace ver que el ser humano vivió muchos miles de años en pequeñas organizaciones tribales y en plena naturaleza, en su calidad de cazador recolector y unos pocos miles asentado en ciudades y macroorganizaciones en su calidad de agricultor-ganadero. Y piensa que el ser humano salió perdiendo con el cambio.

Si la fórmula prehistórica estaba mas de acuerdo con nuestra naturaleza quizá, la de ahora, nos somete a presiones, difíciles de soportar, que nos hacen acudir a válvulas de escape por las que dar rienda suelta a nuestros instintos, con los excesos que conocemos. Excesos que en la mayoría de nosotros, son puntuales pero que en muchos se convierten en crónicos: Alcoholismo, drogadicción, delincuencia, haraganería, etc....

Y me temo que siempre ha sido así. ¿Que eran Las Bacanales sino botellones amparados en la complicidad “religiosa” del Dios Baco?.“Fiesta desordenada donde se come, se bebe y se mantienen relaciones sexuales sin moderación”. ¿Que son y han sido, las fiestas de los pueblos buscando la misma complicidad?. ¿Que era el “un día tiene el obrero?”. ¿Y el “sábado, sabadete...”?. “Y “La noche es joven”?.

Me temo que este hábito de buscar “tiempos muertos” en nuestra vida rutinaria, ordenada y legislada, que exige la convivencia, es tan antiguo como el ser humano pues, lo queramos o no, se lo pide su naturaleza. Naturaleza a la que reprimimos, en la vida diaria, para que el mundo, que hemos creado, sea manejable. ¿Y que hacer si es que hay que hacer algo?. Amigos, son nuestros hijos y nuestros nietos los que están allí. Y son como vosotros y como yo.

Durante esta reflexión me es imposible no acordarme de la prostitución, otro problema que nos avergüenza al poner, también, a la intemperie los bajos fondos de nuestra naturaleza y al que, tampoco, la sociedad sabe darle solución razonable.

Su hipócrita actitud, en ambos casos, va desde la pasividad, el escándalo, la crítica y el reclamo de represión al gobierno por su permisividad. Es mas, nos sorprendemos escandalizándonos, en nuestros hijos, de los mismos excesos que cometimos en nuestra juventud. “Da buenos consejos cuando ya no puedas dar malos ejemplos”.

Y es que quizá no haya fórmulas definitivas de solucion. Siempre se fracasa cuando se va contra la naturaleza humana. Quizá, habría que conformarse con admitir, encauzar, adecentar y regular esos excesos, para evitar los males insoportables de su actividad marginal y no lo que hace nuestra hipócrita sociedad, que es barrer debajo de la alfombra lo que no le gusta.

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