En algunas naciones con credo islamista se han generado corrientes contrarias al país galo tras las manifesaciones masivas de repulsa al atentado que acabó con la vida de un profesor.
Como en multitud de ocasiones, el uso de la imagen de Mahoma por parte de occidentales germina en revueltas en algunos países musulmanes. Este es el caso que está sufriendo el comercio de Francia en naciones de mayoría musulmana de Oriente Medio. En estos territorios se ha procedido al boicot de los productos franceses como reacción a las palabras de Emmanuel Macron contra el integrismo islámico.
Es por eso que el Ministerio francés de Exteriores se ha visto obligado a emitir un comunicado en el que exige el final de esas maniobras subversivas que afectan a productos alimentarios en los últimos días. En la nota se denuncia que se esté ejecutando un plan para que esos productos sean "instrumentalizados por una minoría radical".
Desde el mencionado ministerio se ha asegurado que ha puesto a trabajar a toda su red diplomática para que se comprenda el planteamiento del Elíseo en los países en los que se está aplicando el boicot. Sobre todo se quiere hacer hincapié en lo relativo a la cuestión de las "libertades fundamentales y el rechazo del odio". Mas, no va a resultar una tarea sencilla.
Asimismo, el departamento de Exteriores francés indicó que va a dirigirse a las autoridades de los países implicados para que no den cobertura y solidaridad a los llamamientos al boicot de los productos y a atacar a Francia que se han multiplicado. Pedirán que los Estados apoyen a las empresas francesas y garanticen la seguridad de los franceses en sus territorios.
El ministerio ha añadido que se han sacado de contexto el posicionamiento verbalizado por Macron en dos discursos recientes y que tiene que ver con estar "en favor de la libertad de consciencia, de la libertad de expresión, de la libertad de religión y del rechazo de cualquier llamamiento al odio". El mandatario instó a combatir el integrismo islámico en todos los ámbitos de la vida social el pasado 2 de octubre, cuando presentó su proyecto de ley contra lo que llama "separatismos".
Y esa misma lógica fue repetida por el mandatario el pasado miércoles, en el homenaje al profesor de historia, Samuel Paty, decapitado el día 16 por un joven yihadista checheno cerca del colegio en el que enseñaba a las afueras de París. El atentado terrorista fue una trágica represalia contra el docente por haber mostrado a sus alumnos unas caricaturas del profeta Mahoma en una clase sobre la libertad de expresión.
En esa intervención, el jefe del Estado francés repitió que su país "no renunciará a las caricaturas". Y anunció que iba a reforzar el dispositivo represivo, antes de que su Gobierno cerrara una mezquita y haya tramitado la disolución de asociaciones que han sido acusadas de sostener y propagar posiciones integristas en el territorio galo. Pero la revuelta no acaba con el mencionado boicot.
Este domingo ha alzado la voz Recep Tayyip Erdogan. El presiente turco tomó al palabra de forma contundente al cargar contra Macron. Expuso que el presidente francés necesita "terapia mental" porque "no entiende la libertad religiosa" y actúa "contra millones" de musulmanes. Ante esa declaración tuvo que salir el jefe de la diplomacia francesa, Jean-Yves Le Drian, quien remarcó que "ese comportamiento es inadmisible, sobre todo de un país aliado". Y anunció que se ha llamado a consultas al embajador francés en Turquía, que volvería este mismo domingo a París.