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Biografía

Stefan Müller-Doohm: Jürgen Habermas

martes 27 de octubre de 2020, 12:51h
Stefan Müller-Doohm: Jürgen Habermas

Traducción de Alberto Ciria. Trotta. Madrid, 2020. 642 páginas. 39 €. Libro electrónico: 23,99 €.

Por José Antonio González Soriano

Jürgen Habermas. Una biografía no es un libro más acerca del más importante filósofo vivo; es toda una empresa de investigación a la altura de la singular institución del pensamiento que representa hoy la figura de Habermas. El trabajo invertido en esta obra es ingente: sus más de seiscientas páginas contienen un análisis minucioso de la trayectoria de un autor al que, como él mismo ha señalado en varias ocasiones, no le gusta “que hurguen en sus entrañas”. La pregunta que cabe hacerse es si el producto resultante satisface el reto de plasmar en un solo volumen todo el paisaje filosófico, y todo el bagaje crítico, que la “supernova” Habermas alumbra. Y la respuesta es afirmativa.

La finalidad que anima a Müller-Doohm y su equipo de investigación es la de establecer unos parámetros desde los que presentar todo el esfuerzo intelectual de Habermas bajo la figura de un sistema coherente. Así es como nuestro filósofo desearía verse a sí mismo, si hacemos caso a su confesión de que lo que siempre le ha importado es “hacer en la vida algo en lo que uno pueda depositar y aclarar su intuición fundamental”. En correspondencia con este deseo, las páginas de este libro se recorren como un apasionante relato en pos de esa idea motriz. Una historia que se inicia con la semblanza de los abuelos del biografiado y llega casi hasta el presente (la edición original del texto se publicó en 2014).

A lo largo del mismo, se desarrollan en paralelo las dos líneas que configuran toda la producción habermasiana: no olvidemos que su inmensa fuerza como filósofo radica, sobre todo, en su simultánea condición de intelectual que “baja a la arena” de la opinión pública con ocasión de diferentes polémicas y debates sociales. La reforma democrática de la universidad, el radicalismo del movimiento estudiantil del 68, la renuncia de la República Federal alemana a enfrentarse con su pasado totalitario y genocida, la crisis de legitimación del capitalismo, la constitución de Europa como proyecto transnacional de soberanía popular, la naturaleza humana confrontada a la manipulación genética, los derechos humanos y su violación sistemática, entre otros, han sido y siguen siendo motivos de controversia pública en los que Habermas ha dejado la impronta de su humanismo racionalmente motivado.

Al mismo tiempo, y dando muestras de una energía asombrosa, ha proseguido en diferentes etapas un trazado filosófico crucial para entender las claves de nuestro tiempo, centrado en la arquitectura de la racionalidad presente en el discurso humano: “La humanidad es la audacia que al final nos queda tras habernos percatado de que a las amenazas a que está sujeta esta universal fragilidad solo se les puede hacer frente con el arriesgado y frágil medio de la comunicación”. De aquí surgen las derivaciones morales (ética del discurso) y políticas (democracia deliberativa) que se desprenden de este análisis antropológico, que ha tenido la virtud inestimable, a lo largo de más de sesenta años, de articular productivamente rendimientos filosóficos, sociológicos y científicos de diversa procedencia y fundamentación categorial.

De todo ello ofrece un acta cumplida este libro, que comenta con claridad y vocación de síntesis los principales y más conocidos trabajos de Habermas, pero también numerosos artículos y conferencias, que conforman un material esclarecedor desconocido para el público no especialista. Un impresionante aparato de notas y diversos apéndices completan este detallado informe sobre el legado de Habermas y sus nudos de significado. En el recorrido por la complejidad de su proyecto filosófico-político nos deja entrever el fulgor de una convicción simple pero necesaria -una auténtica “intuición fundamental”-: si la modernidad (o la Ilustración) amenazan en nuestra época con fracasar, no es por exceso de razón, sino por defecto de ella. Y aquí reside la principal (y quizá única) fuente de nuestra irreductible esperanza.

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