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Ensayo

C. Granzow de la Cerda: El drama de Varsovia

domingo 01 de noviembre de 2020, 17:48h
C. Granzow de la Cerda: El drama de Varsovia

Introducción de Carla Montero. Espasa. Barcelona, 2020. 355 páginas. 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

La editorial Espasa ha tenido el acierto de ofrecernos este año la reedición de la obra El drama de Varsovia (1939-1944). El testimonio olvidado y extraordinario de un español que vivió la Segunda Guerra Mundial en Polonia, escrita en 1946 por el diplomático español Casimiro Granzow de la Cerda. En la introducción, Carla Montero nos acerca a la figura del autor, enfatizando su faceta humanitaria, un aspecto que probablemente sea desconocido por la mayoría de los lectores.

Granzow de la Cerda fue testigo de excepción del horror que los nazis provocaron en Polonia, país en el que desempeñaba tareas diplomáticas, durante el periodo 1939-44. Producto de esta experiencia, al término de la Segunda Guerra Mundial describió la tragedia humana que en primera persona observó en la citada nación: “En el otoño de 1941, un destacamento de la policía encontró en la carretera de Lodz a Varsovia a un muchacho de unos doce años llamado Z.Z., acompañado de sus padres. El jovenzuelo estaba vestido con el uniforme de los exploradores polacos. El oficial alemán se acercó a la familia, y sin dar la menor explicación, mató de varios tiros al muchacho y también a su padre, que pretendía interponerse” (p. 70).

A través de una pertinente contextualización de los hechos históricos que aborda, el autor nos recuerda que las tropas alemanas ocuparon Polonia en 1939, con la aquiescencia principalmente de la URSS, procediendo a destruir a partir de ese instante cualquier signo de la identidad nacional polaca. Para tal finalidad, emplearon campos de concentración, deportaciones y fusilamientos, sin olvidar la confiscación del patrimonio cultural.

Mientras este exterminio tenía lugar, la comunidad internacional miraba para otro lado, un hecho que Granzow de la Cerda critica de manera legítima y fundamentada a lo largo de la obra. En este sentido, pone de manifiesto el agravio comparativo cometido por los aliados, los cuales no habían mostrado pasividad alguna cuando las tropas nazis se hicieron con el control de países como Bélgica y de ciudades como París.

Con todo ello, no se trata de una obra simplemente descriptiva. Por el contrario, los juicios del autor permean todo el libro. En efecto, Casimiro Granzow aporta numerosas ideas de máxima relevancia con las que deja constancia que la violencia cometida contra los polacos (sobresaliendo la perpetrada contra la población judía) debe imputarse al pueblo alemán en su conjunto. En íntima relación con este argumento, subraya que a la nación alemana se le presuponía una cultura notable pero “sufrió una evolución en sus sentimientos humanitarios como consecuencia de la aplicación de falsas doctrinas, como las inculcadas por el nacionalsocialismo” (p. 273).

Además, el autor realizó advertencias en tiempo real que los acontecimientos posteriores certificaron en la recta final de los años cuarenta: “Ahora, con la derrota, todos esos alemanes se dirán demócratas, antinazis y hasta de origen judío si así les conviene: ¿pero a cuántos demócratas alemanes hemos oído protestar en esos trágicos años de las infamias, de las persecuciones y de las matanzas de los judíos?” (p. 276). De hecho, Granzow de la Cerda señala que el trato dado por los nazis a los polacos es el que hubiera recibido el resto del mundo de haberse producido la victoria alemana en la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, como hemos indicado en los párrafos precedentes, el autor también amonesta a los aliados por su actitud no solo durante la ocupación nazi (1939-1944) sino también por el proceder mostrado durante los 63 días (agosto-octubre de 1944) en los que el ejército polaco combatió con valentía pero en inferioridad de condiciones la avalancha final germana. La capitulación acaecida el 2 de octubre se debió a una carencia de hombres, víveres y medicinas. Al respecto, particularmente traidor y cobarde resultó el comportamiento de la URSS guiado en todo momento por el oportunismo político, una conducta de la que extrajo pingües beneficios durante la Guerra Fría, periodo de tiempo en el que convirtió a Polonia en uno de los parachoques de su seguridad.

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