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Ensayo

Robert Capa: La muerte en ciernes

domingo 01 de noviembre de 2020, 17:53h
Robert Capa: La muerte en ciernes

Traducción de Jay Allen. Diseño de André Kertész. La Fábrica. Damiani. ICP (International Center of Photography). Madrid, 2020. 110 páginas. 36 €.

Por Carlos Abella

La editorial La Fábrica en coedición con Damiani y el ICP (International Center of Photography) ha tenido el detalle de publicar una edición facsímil del libro La muerte en ciernes -en inglés Death in Making-, publicado en Nueva York en febrero de 1938 y en el que se incluían fotos del primer año de la Guerra Civil española, de ellas más de un centenar del legendario fotógrafo Robert Capa, y unas veinticinco de otra fotógrafa también célebre Gerda Taro.

La portada del volumen reproduce la histórica fotografia del miliciano que cae herido con el fusil en la mano derecha que el texto aclara que se tomó cerca del pueblo de Espejo en el frente de Córdoba, a principios de septiembre de 1936, aunque hay dudas sobre si la fecha y el lugar fueron esos, pues también se ubicó en Cerro Muriano. E, igualmente, se cuestiona si la mítica fotografía de un juvenil Capa recoge, en realidad, el momento de la muerte del miliciano o fue una pose para un montaje. La foto es objeto de controversia y ha propiciado diversas investigaciones.

Dada la calidad de sus imágenes y su enorme valor testimonial, el libro dio origen a una exposición en Nueva York en 1938 que en el propio texto, escrito por Cynthia Young, admite: “… más que un proyecto personal de Capa, La muerte en ciernes parece haber formado parte de un proyecto más amplio, una campaña para promocionar la causa republicana en Estados Unidos”, y es que la edición, la selección de las fotografías y el texto de sus pies corresponde al lenguaje acorde con el tiempo en el que se produjo la Guerra Civil y que era la compasión y la solidaridad que la causa del bando republicano inspiraba y sugería en el mundo entero, como víctima del golpe de Estado del ejército del general Franco.

De esta apreciación, quiero ofrecer algunas pruebas que no pretenden desmerecer la belleza y dramatismo de las fotografías, todas en blanco y negro, y en las que se muestran la desolación del pueblo español, la muerte producida por los bombarderos de los aviones del ejército de Franco de sus aliados, las miradas ilusionadas de los jóvenes milicianos al servicio del ejército popular y todas ellas en distintos escenarios de la guerra, como fueron Málaga, Madrid, Asturias y Bilbao. Asi, bajo una foto de jóvenes de uniforme y armados, se lee: “El nuevo ejército está formado por jóvenes que se alistan voluntariamente. El asunto está claro: esta lucha es suya, quieren defender sus hogares, su cultura, y sus vidas contra un general que no gobernará mientras ellos vivan”. O este otro texto al pie de una foto en la que se ve a un grupo de mujeres con niños en la calle frente a unos escombros: “La gente hace cola toda la mañana para comer y cuando vuelven a casa, sus casas ya no están. Los proyectiles y las bombas muestran especial predilección por los humildes, o quizá de los hombres que los disparan”.

Esta ingenuidad descriptiva responde al dilema dialéctico de aquella Guerra Civil que fue una contienda entre españoles pero que también inspiró la implicación en la guerra de cientos de demócratas de todo el mundo, de varias nacionalidades, la presencia activa de intelectuales de renombre, como -entre otros muchos- Ernest Hemingway, Antoine St. Exupery, André Malraux.

Robert Capa fue cofundador con otros celebres fotógrafos, entre ellos Cartier-Bresson, de la gran agencia de reportajes fotográfica, Magnum Photos, y durante la II Guerra Mundial estuvo presente en los principales escenarios bélicos y suyas son algunas de las vibrantes imágenes del desembarco de los soldados aliado en Normandía el 6 de junio de 1944, el famoso Día D. en la playa Omaha. Después de la guerra estuvo en otros frentes bélicos y en la madrugada del 25 de mayo de 1954, en Indochina, mientras acompañaba en un jeep a una expedición del ejército francés, Capa decidió bajarse para adelantarse y fotografiar el avance, pisó una mina que le produjo muy graves heridas en una pierna y en el pecho y murió camino al hospital. Fue el primer corresponsal norteamericano muerto en esta guerra.

Por su parte, Gerda Taro, que fue su compañera y con quien estuvo en la Guerra Civil en España, murió en un accidente durante el repliegue del ejército republicano, al ser bombardeado el convoy en el que figuraba, Gerda cayó al suelo, siendo aplastada por un tanque republicano. Fue trasladada urgentemente al hospital de El Escorial, donde murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937. Tenía 27 años. Su cadáver yace en el cementerio parisino de Père-Lachaise. Tampoco tuvo más fortuna el tercer fotógrafo del que se incluyen imágenes en este libro La muerte en ciernes, el polaco Chim -cuyo nombre era David Szymin, que murió ametrallado en 1956 en otro frente bélico de la época, Suez.

Fotógrafos como Robert Capa y Gerda Taro son quienes nos han dejado en este magníficamente editado libro, el testimonio de su mirada, de su solidaridad con un pueblo que sufrió una guerra, su miseria, su dolor y su muerte. Y gracias a ellos tenemos una imagen cruda y muy real del horror que supuso el enfrentamiento entre hermanos.

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