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ORIENT EXPRESS

Así se destruye a los cristianos

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 08 de noviembre de 2020, 19:24h

Mientras escribo estas líneas, el ejército de Azerbaiyán y las tropas armenias de Nagorno-Karabaj combaten en Shushí, la segunda ciudad del territorio, y arrecian los bombardeos sobre Stepanakert. Desde hace más de un mes, estos hijos del primer pueblo en convertirse al cristianismo -sucedió en el año 301 de nuestra era gracias a San Gregorio el Iluminador- luchan contra fuerzas numéricamente muy superiores y afrontan el peligro de que otro genocidio contra los armenios se repita ante la mirada del mundo.

Las imágenes de la catedral de Cristo Salvador en Shushí bombardeada por las fuerzas azerbaiyanas es un símbolo de lo que sucedió con la presencia armenia tanto en Azerbaiyán como en Nagorno-Karabaj entre 1920 y 1988, periodo en que Azerbaiyán controló el territorio. Sería un error pensar que la destrucción de las iglesias, los cementerios y otras pruebas de la presencia armenia se debió a la política antirreligiosa de las autoridades soviéticas. No sólo no se derribaron mezquitas en aquellos años, sino que se construyeron otras nuevas mientras los monasterios y las iglesias armenias quedaban en estado ruinoso. La destrucción no fue sólo física, sino también simbólica: las obras de arte armenio se atribuyeron a los pueblos de la Albania Caucásica. Al igual que sucedió en los territorios del Imperio Otomano durante el Genocidio Armenio, la presencia armenia debía ser erradicada incluso de la historia.

En general, las minorías cristianas tienen difícil sobrevivir bajo gobiernos islámicos incluso cuando no se emplea contra ellas la violencia. En realidad, no siempre es necesario. El propio ordenamiento jurídico convierte a los cristianos en ciudadanos de segunda clase. Incluso si pueden seguir practicando su fe -y esto es siempre incierto cuando se está sometido a la voluntad de otro- las condiciones políticas, sociales y económicas impiden a las comunidades prosperar y crecer. Las más afortunadas sobreviven como minorías toleradas pero vulnerables. Las que no tienen tanta suerte, simplemente se diluyen o desaparecen a medida que las generaciones van abandonando su religión. Hay comunidades que logran sobrevivir -ahí están los coptos en Egipto- pero son excepcionales.

Ediciones Sígueme ha publicado un libro cuya lectura es muy necesaria estos días. Me refiero a “La historia olvidada del cristianismo. El milenio dorado de la Iglesia en Oriente Medio, África y Asia… y su destrucción” de Philip Jenkins. En él, este catedrático de Historia en la Baylor University describe el proceso de islamización de la sociedad y de alienación de las minorías cristianas: “Las sociedades musulmanas transformaron la vida cotidiana según el llamado Código de Umar, para que, a cada paso, los no creyentes tuvieran que recordar su condición de inferiores y lo constreñidas que estaban sus decisiones vitales”. Desde la prohibición de edificar más alto que las mezquitas hasta la de montar a caballo, todo un sistema de discriminación pesaba sobre los cristianos. Otro historiador, José Luis Orella, recuerda en su libro “El beato Ignacio Maloyan en el Gólgota de los armenios” (Ediciones Encuentro) la postración de los armenios y el resto de cristianos en el Imperio Otomano a comienzos del siglo XX: “En los momentos de carestía, crisis económica o desplome del imperio en su vertiente europea, los armenios serían el perfecto chivo expiatorio de una población que los veía como instrumento de los demonios colonialistas europeos, con quienes comparten su fe cristiana”.

No sé cómo va a terminar el conflicto de Nagorno Karabaj, pero es un error creer que se resolverá en esta guerra. Los armenios no se dejaron exterminar en el siglo XX y no van a hacerlo en el siglo XXI. En Europa, el Genocidio Armenio parece casi un tema de mal gusto -España sigue sin reconocerlo- pero, sin él, es imposible comprender el fondo de este contencioso, que podría haberse resuelto a través del grupo de Minsk y ahora seguirá enquistado mucho tiempo. Si los armenios pierden esta guerra, toda la presencia armenia en la región estará amenazada. Este pueblo ya conoció el exterminio en su propia tierra, conoció la destrucción de su patrimonio y los intentos de borrarlos de la historia. Ya intentaron acabar con ellos una vez. Saben cómo empieza y saben cómo termina.

Y no van a dejar que la historia se repita.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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