Inés Arrimadas ha hecho todo lo posible por dialogar con Pedro Sánchez al ofrecerse a negociar los Presupuestos. En su intento de alejarse de la “foto de Colón”, también ha apoyado al Gobierno en las últimas votaciones en el Congreso de los Diputados. Ha querido situar a Ciudadanos en el centro.
Pero era evidente que el pacto entre el Gobierno de coalición y Ciudadanos iba a tener los vetos de la mayoría que aupó a Sánchez a la Presidencia del Gobierno; el llamado por Rubalcaba, Gobierno Frankenstein. Podemos ha protestado airadamente. Pero para dar sus apoyos, ERC y Bildu han puesto como condición vetar a Ciudadanos. Y, sin duda, el presidente prefiere a unos aliados seguros como los secesionistas, los que intentaron dar un golpe de Estado, y los herederos de ETA. Porque así asegura su permanencia en La Moncloa, lo único que le importa.
En realidad, Pedro Sánchez e Inés Arrimadas sabían que su diálogo no tenía futuro. Pero a uno le venía bien para ofrecer su perfil más tolerante y dialogante, mientras la presidenta de Ciudadanos se alejaba del PP y, sobre todo, de Vox. Pero esa cercanía al Gobierno también ha provocado voces de protesta entre muchos dirigentes del partido naranja.
Inés Arrimadas ha tenido el acierto de aprovechar la ley que expulsa definitivamente el castellano de las aulas catalanas como excusa para alejarse de la mesa que negocia los presupuestos con el Gobierno formada por ERC, Bildu y el PNV. La presidenta de Ciudadanos ha exigido como condición para seguir dialogando que se retire la ley que elimina el español como lengua vehicular, una norma que, por cierto, nunca se ha cumplido en Cataluña.
Al final, Pedro Sánchez sacará adelante unos presupuestos elaborados por las exigencias de Podemos, ERC, Bildu y el PNV. Unos Presupuestos que deteriorarán aún más la economía española pero que asegurarán la permanencia de Pedro Sánchez en La Moncloa durante una interminable legislatura.