www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El calvario español

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 20 de noviembre de 2020, 19:59h

Ante el patente y taxativo apoyo institucional que ofrecen los impúdicos descendientes de la vesánica y relapsa ETA al gobierno de España, los infortunados españoles hemos llegado ya, con este bochornoso acto criminal, al total anonadamiento histórico. Gracias a Pedro Sánchez, con su testa de friso griego, revolcado en la infamia gozoso, España ha recorrido en sólo dos años toda la vía dolorosa de la ignominia, hasta convertirse en un entero Ecce Homo nacional. Con tal de permanecer en el poder se recibe el arnicado oxígeno a precio diabólico de los amigos de los asesinos que mataron a tus compañeros y a tus compatriotas, y que reconocen con sinceridad que su último afán es la destrucción de España. Remedando la frase de un autor místico de hace siglos podemos decir aquí “España entera es un retablo de dolores”. España hoy podría personificar el Cristo del Tratado de la oración y meditación, de san Pedro Alcántara, de 1533, o al protagonista de la Vida de Jesuscristo, de Fray Luis de Granada, de 1574, en donde vemos al Cristo afeado por el desprecio y los salivazos, o al Cristo colectivo de la patética Historia de la Sagrada Pasión, del jesuita Luis de la Palma, de 1624, o, llegando a nuestros tiempos, al Cristo infinitamente vilipendiado y vejado en Vida y Misterio de Jesús de Nazaret, del inolvidable José Luis Martín Descalzo. Pero España no es Dios y de su ignominiosa situación presente, descarnadamente maltratada, no está claro que se levante, que resucite al tercer día. Otra cosa es que Dios quiera decir algo al mundo con esta humillación anonadante de España.

Los cientos de asesinatos de ETA el gobierno los ve ahora, en esta coyuntura de aprobación de los PGE, como un leve pellizco de monja, un pellizco de torniquete sin fuerza. España, como un pueblo vencido que no sabe dónde va, ya tiene un claro olor a panteón, olemos todos a fenol, en donde se sumergen los muertos en las Facultades de Medicina. Los PGE, aprobados gracias a la versión actualizada de ETA, tienen objetivos inalcanzables. Sánchez, con sus alucinadas palabras, bajo las que late un fondo de turbios atributos que hubieran hecho las delicias de Freud, no puede volar tan alto, ni siquiera con la ayuda de una escoba bien frotada de untura mágica. Sobre España, en donde hoy predomina el género encogido y manso ante la nauseabunda heroificación de ETA, se amasan nubes de tormenta y corre un viento huracanado, que amenaza con arrojarnos al abismo del pasado. Ha resultado que ETA ganó la guerra, que ha vencido y se encarama, gracias a la colina de cadáveres cosechados, en el fastigio de la dirección del Estado.

El deterioro moral del Gobierno potencia el deterioro moral de la sociedad, cada vez más maleducada, más salvaje, más brutal, más peligrosa, más canalla. Una despiadada canallocracia protagoniza ya la vida nacional en todos los ámbitos y órdenes, no sólo en la política que, por supuesto, sino también en la educación – que nos trae la barbarie cosmopolita, que no es lo mismo que el viejo cosmopolitismo humanista -, en la cultura, en los medios de comunicación, en los negocios y hasta en la otro tiempo impenetrable Justicia. Ninguna institución social puede permanecer hermética ante el ubicuo y pestilente fango de nuestro presente. España vive en su agonía, y eso quizás no sea malo, sino radical, en cuanto que muere por fin para siempre o, como en otras agonías pretéritas, renace a una vida fuerte desde una contundente moralidad que nos restablezca.

Desde Alcmeón de Crotona, que vivió a comienzos del siglo V a. C., cuando ya había nacido la democracia clisténica, que entonces se llamaba “isonomía”, la medicina toma en préstamo el léxico político, sobre todo la medicina psiquiátrica y dietética, y al revés también. Y es por ello que llegar al fondo de la humillación colectiva, como nación y Estado, puede ser parangonable a esa situación psicológica y social en la que el enfermo adicto a cualquier sustancia o actividad compulsiva habitual, vicio, llega a tocar fondo, porque ha perdido la familia, el trabajo, los amigos y está a punto de perder gravemente también la salud. Es el momento en que según los psicólogos “el paciente” debe tomar conciencia de su situación límite, y luchar por su vida y resurrección moral. U opta por morir ya o por mantener a salvo la última oportunidad que le da su última parte de vida a condición de ser digno ante sí mismo. Contra esta “stasis” disolvente y aniquiladora necesitamos un nuevo Solón que como árbitro se alce sobre unos y otros imponiendo la “eunomía” o “la buena ley” y “el buen gobierno”. Pero España ya tiene este Solón institucionalizado, que es nuestro Rey, que tiene el deber constitucional de solonificar el país contra la “hýbris” o “soberbia desmedida y prepotente” de algunos. Una futura democracia, austera y virtuosa, salvará a España de esta democracia desnortada y corrupta. La libertad y la democracia siempre se han sostenido, aunque parezca una paradoja, por las grandes personalidades. La propia primera democracia, la Ateniense, llegó a su esplendor y máxima dignidad gracias a personalidades como Clístenes, Arístides, Cimón, Efialtes o Pericles. Sin esos “prostati toû demoû” la democracia ateniense no hubiera llegado a tener ese grado de dignidad que aún hoy admiramos. Sólo en personalidades fundamos nuestra esperanza de que la ley nos gobierne y no las personas, valga la aparente contradicción. ¡Viva el Rey Felipe VI!

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (28)    No(1)

+
2 comentarios