www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Dylan Thomas, el poeta atormentado

sábado 21 de noviembre de 2020, 19:25h

Si alguien en siglo XX es equiparable a Edgar Allan Poe, ese alguien, no tengo dudas en afirmarlo, fue Dylan Thomas, que alguna vez se escudó en otros nombres para firmar guiones radiales con los que se ganaba la vida. A decir verdad, no sabemos cuál era su cara verdadera; sobre todo porque sus máscaras (aunque hablar de máscaras es quizá una injusticia) fueron muchas. Pragmático y romántico, aventurero y altivo a un mismo tiempo, su precocidad se empezó a notar cuando aún con poco más de cinco años era capaz de recitar de memoria “Ricardo II” de Shakespeare, preconfigurando no solamente su singularidad, sino también sus dotes histriónicas. Era hijo de David John Thomas (1876–1952), un escritor polémico por su literatura procaz que, sin embargo, fue alguna vez celebrado con honores en la Universidad de Aberystwyth. “Mi padre era un modelo de rebelde -escribió Dylan- que se ganaba la vida honestamente como profesor de la escuela primaria “Wansea Grammar School, donde yo estudie”. David vio en su hijo el enorme talento que lo impulsaba y contribuyó en su formación.

Pero no todas jugaban a favor de ese padre que apostaba por su genial hijo y acaso veía en él su continuidad literaria. A los 16 años Dylan tuvo conflictos y fue acusado de pendenciero, abandonando la escuela para convertirse en periodista del South Wales Evening Post. En esa publicación fue donde se desataron las auténticas dotes de escritor del muchacho. Redactó obituarios poéticamente admirables, y críticas de cine y teatro donde no dejó títere con cabeza, despedazando a lo más granado de las tablas galesas que, por aquel entonces ya mostraba una propensión al escándalo. Después de una ardua jornada de trabajo el muchacho solía apagar su insaciable sed de bebedor de whisky en los bares de los alrededores o en el Antelope Hotel donde se encontraba con otros poetas para escuchar las historias de los marineros ingleses, embriagados hasta la médula. Tras cerca de dos años de labor en el South Wales Evening Post abandonó el trabajo bajo mucha presión. Casi enseguida, dispuesto a ser actor, se unió a un grupo teatral en Mumbles llamado Little Theatre, aunque prosiguió con su labor periodística de manera independiente. Colaborando no sólo con artículos, sino también con poemas:

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura
en el cordón de la marea, allí camina ahora
el vegetal destejedor,
con tijeras filosas, empuñando el cuchillo
para cortar los canales en su origen
y derribar los frutos empapados…

Todo escritor, sino es un irresponsable, trata hacia el inicio de su carrera de ser otro. Dylan trató de ser John Keats, trato de ser Dante Gabriel Rossetti, trató de ser Poe en una escéptica variante de Poe. No sólo en poesía; también su prosa intenta una proximidad con Samuel Taylor Coleridge. En esos textos se refleja como un resignado espejo melancólico en el decurso del drama de la guerra.

Hacia 1939, empieza a vivir como su propio drama el horror de la Segunda Guerra Mundial y el poeta quiere alistarse, pero el alcohol ya ha causado estragos en su salud y se le declara no apto para el combate (bajo un estatuto que lo coloca en el último grupo susceptible de ser llamado a la guerra). Se siente frustrado y empieza entonces su carrera radiofónica, para la cual demostró un particular talento, especialmente como guionista y locutor. Su voz grave y su tono dramático lo convirtieron en el gran recitador de poemas. Realizó alrededor de 200 grabaciones para la BBC y escribió los guiones de al menos cinco películas, que fueron auspiciadas en 1942 por la Strand Films. En la radio de la BBC su labor abarcaba el comentario de documentales cinematográficos; pero también tendría reservados otros proyectos, como la publicación del poema dramático Under Milk Wood (Bajo el bosque lácteo), que en su voz conmovería a miles de oyentes. Son sus años de gloria y aparecen sus libros The World Breath (El aliento del mundo) y The Map of Love (El mapa del amor).

En 1936, después de un arduo noviazgo contrae matrimonio con Caitlin MacNamara y será padre de tres hijos, al tiempo que publica su tercer libro Twenty-Five Poems (Veinticinco poemas), que no hace sino consolidar su reputación entre la crítica y los lectores. El éxito radiofónico lo lleva a presentarse en teatros para leer sus versos; es aclamado y cobra popularidad. Con todo, las cosas no le van bien económicamente; es un pésimo administrador y como Oscar Wilde en algún momento de su vida, derrocha a manos llenas lo que gana. No tarda demasiado en quedar sumido en una pobreza exasperante, el alcoholismo lo ha tomado por completo y es mediante la bebida como encuentra la lucidez que le permite crear las imágenes oscuras y delirantes, que le dan fama de poeta maldito. En el fondo era un sufriente de este mundo, un ser atormentado y locuaz cuyo refugio era la literatura.

Buen lector y empecinado cronista, la actividad de Dylan Thomas no cesa y empieza a encontrar su rumbo propio. Es alagado por la crítica y casi no da abasto con sus recitales. Ya se había afincado en la capital inglesa, además de procurarse, mediante su poesía, un círculo de lectores y de amistades literarias que lo admiraban hasta la adoración.

En 1946 aparece la que es considerada su obra cumbre Deaths and Entrances (Muertes y entradas). Viaja a Estados Unidos donde incursiona en guiones de cine, que no llegará a ver en pantalla. En Nueva York se publica Collected Poems, una recopilación de sus poemas que van desde 1934 hasta 1952, por la que le otorgan el premio Foyle de poesía. En la compilación está incluido uno de sus más reconocidos poemas, Do not go gentle into that good night (No entres dócilmente en esa buena noche), escrito como una elegía heterodoxa ante la muerte de su padre.

No entres dócilmente en esa noche quieta.

La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;

Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,

porque sus palabras no ensartaron relámpagos

no entran dócilmente en esa noche quieta. (…)

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo

maldice, bendice, que yo ahora imploro

con la vehemencia de tus lágrimas.

No entres dócilmente en esa noche quieta.

Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Mientras redactaba el guion de una obra de Ígor Stravinski, el 9 de noviembre de 1953, en el Hospital St. Vincent de Nueva York Dylan MarlaisThomas se sumó a los más. Aún no había cumplido sus 40 años. Los primeros rumores sobre la causa de muerte de Thomas privilegiaron la versión de una hemorragia cerebral provocada por un supuesto suicidio, algunos dijeron que se había tratado de un asalto violento en las vías de la estación Van Cortlandt Park en la ciudad de Nueva York y otros sostuvieron que finalmente había logrado beber hasta morir ya que una joven danesa afirmó que un hombre bastante borracho le habló sobre la pérdida de su primer amor y le obsequió un libro antes de caer a las vías. Se ha creído por mucho tiempo que Thomas arrastraba una fuerte depresión endógena debido a esa trágica historia de amor que vivió en su juventud en Gales, pese a esto familiares y amigos nunca corroboraron la veracidad de la historia ni la existencia de la supuesta novia de Dylan, Rose Souther ni de su supuesta hija Esther Thomas Souther. En el análisis post mortem, el patólogo encontró que la causa inmediata de muerte había sido una inflamación del cerebro causada por la carencia de oxígeno que acompaña a la neumonía.

Cuando de pronto los cerrojos del crepúsculo
ya no encerraron el largo gusano de mi dedo
ni maldijeron al mar enroscado en mi puño,
la boca del tiempo sorbió como una esponja
el ácido lechoso en cada gozne
y se tragó los líquidos del pecho hasta secarlo.

Cuando el mar de galaxia fue sorbido
y liberado todo el lecho seco del mar,
envié a mi criatura para explorar el globo,
el mismo globo de pelos y osamenta
que cosido a mí mismo por mi mente y mis nervios,
mi frasco de materia ligara a su costilla.

He usado para acompañar este recordatorio del poeta, la brillante traducción de mi recordada amiga, la poeta Elizabeth Azcona Cranwell, que fue, a mi criterio, la que mejor trajo al español la obra de Dylan Thomas.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+

0 comentarios