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EN LA FRONTERA

La Iglesia dice "no"

sábado 21 de noviembre de 2020, 19:28h

Los obispos españoles consideran que la 'Ley Celaá' “introduce limitaciones a derechos y libertades de los alumnos, los padres y los centros concertados”. La Conferencia Episcopal Española lamenta que “haya procedido a la tramitación de esta ley a pesar de las difíciles circunstancias causadas por la pandemia y con unos ritmos extremadamente acelerados” .Tal es el disgusto del episcopado, que en rueda de prensa posterior a la Asamblea General de la CEE, el portavoz de la misma, el obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, ha advertido de la posibilidad de acudir al Tribunal Constitucional “si no se respeta”, como en su opinión no se hace, “la libertad de enseñanza, el derecho de los padres y la dignidad de la clase de Religión” .”Seguimos tendiendo la mano-ha dicho Argüello- pero si hemos de defender nuestros derechos, lo haremos”.

Una llamada de atención que hizo también el cardenal Omella, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, al inaugurar la Asamblea Plenaria con un discurso que recordaba los mejores momentos del cardenal Tarancón. Omella no se fue por las ramas y expreso su queja con unas palabras en las que lamentaba “profundamente todos los obstáculos y trabas que se quieren imponer a la acción de las instituciones católicas concertadas. Nuevamente insistimos que no es el momento de poner trabas, de enfrentar instituciones públicas y privadas, sino de trabajar conjuntamente, de cooperar de forma eficaz y eficiente para ofrecer una educación adecuada a todos los niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país, respetando en todo momento el derecho constitucional de los padres y madres a escoger libremente el centro y el modelo educativo para sus hijos —en consonancia a su conciencia, identidad y tradiciones—, y asegurando siempre el derecho constitucional a la libre iniciativa privada”. Unas palabras de Omella pronunciadas tras expresar “nuestro pésame y esperanza” a los familiares de todos los fallecidos y la solidaridad y compromiso con los que están padeciendo las consecuencias de salud, económicas y sociales provocadas por esta pandemia. Es de tal envergadura el trauma que está impactando sobre todos nosotros y tal el espectáculo del enfrentamiento casi continuo de los líderes políticos, que corremos el riesgo de dar pábulo a la desesperanza, alimentar una mirada excesivamente negativa sobre nosotros como país, hundir nuestra autoestima colectiva, dejarnos vencer por el pesimismo e incluso caer en la depresión cultural, hasta el punto de creer que somos incapaces de superar esta crisis y vernos como una sociedad sin futuro. En estos momentos es importante no sembrar la desesperanza y no suscitar la desconfianza constante, aunque se disfrace detrás de la defensa de algunos valores”.

Los obispos han actuado, creemos, como se espera de ellos y de ahí ese “no”.

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