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ESCRITO AL RASO

La guerra de las vacunas (episodio I)

lunes 23 de noviembre de 2020, 20:28h

Todavía nadie ha escrito la anatomía de la vacuna del coronavirus porque va habiendo una tipología, con sus características: las hay más baratas y más caras, las hay también para mayores y para jóvenes, están las que se pueden guardar en el frigorífico o las que hay que meter con los helados o los boquerones, para matar el anisakis. O sea, que la vacuna, ya sea de Oxford-Astra Zeneca, de Pfizer o de Moderna, es una de las mitologías de nuestro tiempo, y ha desplazado a la de la gripe en expectativas de pinchazo prenavideño.

Con respecto a otros miedos endémicos y pandémicos del pueblo español, este que nos ocupa y preocupa del SARS Cov2 se ha atrevido a ponernos contra las cuerdas, al límite de nuestras sensateces, y lo fiamos todo a la autoridad universal de los que saben, que tampoco es que hayan demostrado mucha sapiencia en combatir el bicho. Todavía anda la OMS con un plan llamado Terms of Reference o TOR buscando al paciente cero o al animalito que dicen nos lo pegó, sacrificando en Wuhan ya 1.200 especímenes (salamandras, ciervos, ardillas, mapaches, civetas, armadillos y murciélagos), y tras las primeras muestras obtenidas, ni rastro del coronavirus. El informe, a la vista de la ausencia en huéspedes animales, a los que casi todos echaron la culpa en marzo, dice lo que ya sabíamos: “Sigue estando poco claro si el mercado fue una fuente de contaminación”. La vacunación, cuyo plan presentará el Gobierno mañana sin que todavía exista una vacuna segura y eficaz, y anden aún en periodo de pruebas los virólogos y quienes de esto saben, es ahora un ensayo clínico, una hipótesis, un remedio a la inversa, un freno a la justicia natural (o artificial), aunque estemos ya a las puertas de diciembre. No importa: Sánchez tiene ya un plan íntegro de vacunación, negociaciones con Moderna incluidas, ya que no lo tuvo en su momento para protegernos a los españolitos de esta peste. El viernes en La Rioja celebró sin sonrojarse la “poderosa logística” que ha demostrado hasta ahora el Ministerio de Sanidad. Un suponer tanto triunfalismo, presidente.

De manera que se nos anuncia a bombo y platillo que España dispone de una capacidad de producción a gran escala y de una logística apabullante que permitirá su distribución a todos los rincones del país, que nos van a inmunizar a todos, que seremos felices y que comeremos perdices. Ante esto, no cabe sino decir que se prepara la guerra de las vacunas, que es geoestratégica y económica, amén de sanitaria, y que de la gestión que haga el Gobierno de la vacunación dependerá el futuro de los ciudadanos, que están siempre a otras cosas, como las de ganarse el jornal. Sánchez nos pide más confianza; lo cual, para el que esto escribe, es un imposible a la vista de los últimos informes del INE y del sistema MoMo del Instituto Carlos III, que han contabilizado 61.400 fallecidos más de los esperados a lo largo de lo que llevamos de año.

Nos aficionaremos, señores, a la vacuna, que entrará en la constelación de las panaceas universales… cuando den con ella definitivamente. Hasta entonces, sobre un paisaje de ruinas de la crisis económica en la que estamos sumidos y los virólogos –los nuevos gurús del siglo– que entran en directo por televisión diciéndonos una cosa distinta cada día, se librará una nueva batalla: la de la carrera de las superpotencias mundiales por ver quién es la primera en dejarnos el culo –o el brazo– como un colador. Es La guerra de las galaxias, pero sin Carrie Fisher y con portavoces muy feos y con cara de extraterrestre, como los de la OMS, que ya podían cuidarse un poco. La vacuna es el “doping” que necesita inyectarse una sociedad silente y democrática, neoliberal, modernísima, a la que se le nota mucho ya la pandemia mental; el español de 2020 es un señor que se sienta a comer a ver a Illa y a Simón, y guarda en el cajón La rebelión de las masas, no vaya a ser que censuren también a Ortega, que seguro que escribía bulos. Las Confesiones de Thomas de Quincey se quedarán a la altura de los cuentos de los hermanos Grimm… Que daban mucho miedo, por cierto.

Twitter: @dfarranz

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